Hábitos saludables

La Razón
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Desde el estricto ámbito de la seguridad vial, el debate acerca de la conveniencia o no de ampliar el uso obligatorio del casco en la bicicleta también a las vías urbanas no me resulta ajeno y no sólo porque desde 1990, con motivo de las primeras leyes del casco obligatorio en Australia y por razones profesionales, he tenido que analizar exhaustivamente este asunto, sino porque cada semana es el que mantengo con mi mujer cuando salimos a montar en bici. Yo soy partidario del casco y ella no. Estoy siguiendo con gran atención las razones y las opiniones de los que están a favor y de los que están en contra, pero debo confesar mi perplejidad respecto al planteamiento que están haciendo algunos responsables políticos y desde luego la actitud adoptada por una veintena de ayuntamientos, porque a pesar del esfuerzo que están realizando los colectivos de ciclistas en querer centrar el debate estrictamente sobre la cuestión de la obligatoriedad, lo que se está transmitiendo a la sociedad es que el uso del casco en la bicicleta es negativo. No puedo aceptar, en modo alguno, el argumento esgrimido de que haciendo obligatorio el uso del casco se desincentiva el uso de la bicicleta y, por ende, se deteriora la seguridad de los ciclistas y la salud de la población, que puede volverse obesa. Y ello porque dicha razón es, sencillamente, un sofisma. La seguridad de los ciclistas y la salud de los ciudadanos no depende de un casco, sino de otras muchas cosas más. Sin embargo, en mi opinión no se debe desdeñar un elemento que puede contribuir a mejorar la seguridad vial. A pesar de las críticas vertidas en contra del uso del casco en los países o regiones donde se estableció su uso obligatorio, en ninguno de ellos se ha dado marcha atrás. Y desde luego, en mi opinión, no tiene sentido alguno que se exija el uso obligatorio del casco sólo a los niños –como ocurre en Chequia, Estonia, Islandia, Austria, Eslovenia o Suecia– porque al final no cumplirán la norma si ven que los adultos circulan sin él. Mientras se aprueba la correspondiente modificación de la Ley de Seguridad Vial, permítanme que les brinde algunas razones para recomendar el uso del casco: es indiscutible su eficacia para la protección del cráneo en caso de impacto; crea hábitos saludables de seguridad desde la infancia, que luego se mantienen sin esfuerzo cuando nos hacemos mayores y pretendemos acceder al ciclomotor o a la moto, y la expansión urbanística de las ciudades ha convertido en urbanas vías que ayer eran interurbanas y ya no tiene sentido hacer ninguna distinción entre ambas.