Kale ecológico con acento de Madrid

Los productores de El Grillo Agroecológico ultiman los detalles de la que será la primera cooperativa de esta modalidad en la comunidad.

Una mujer trabaja en el parque agroecológico El Soto del Grillo

Los productores de El Grillo Agroecológico ultiman los detalles de la que será la primera cooperativa de esta modalidad en la comunidad.

Al llegar uno tiene la sensación de entrar en el pueblo de la Galia donde residía Astérix; aquí trabajan un grupo de «rebeldes» que defienden la producción ecológica en Madrid. Cultivan 12 hectáreas al este de la Comunidad, en el parque agroecológico El Soto del Grillo, a tan solo 25 kilómetros de la Puerta del Sol. Este área, situada entre la vega del Jarama y la del Henares en su camino hacia el Tajo, en pleno Rivas Vaciamadrid, rebosaba de huertas a principios del siglo XX; ahora únicamente están ellos. El resto, casi un 99% de la superficie cultivable, lo copan los campos dedicados al pasto para la alimentación animal. En pocos minutos de observación hasta 15 especies diferentes de aves han sobrevolado las cosechas. Y es que el parque está catalogado como Zona de Especial Protección para las Aves dentro de la Red Natura 2000.

Aunque aún no estamos en la época cálida la variedad de la huerta llama la atención: lechugas, remolachas, colinabos, lombardas, repollos y hasta la famosa col rizada o kale de origen asiático se disputan el espacio en perfectas filas labradas a mano. «Desde hace algo más de un año tres cooperativas, Ecosecha, La huerta de Leo y la Huerta del Chorrillo iniciamos un proceso de producción en común. Ahora estamos trabajando en la formación de la primera cooperativa agroecológica de Madrid. En principio estará formada por unos diez proyectos, cinco de esta zona y otros de otras áreas; en total representaremos unos 50 puestos de trabajo y una superficie de 30 hectáreas. Cuando entre en funcionamiento probablemente la forma de trabajar cambiará, igual los productores se especializan para aumentar su oferta», explica Javier Pérez, fundador de Ecosecha.

Si todo va bien sus primeras verduras se venderán como cooperativa este otoño. Esta iniciativa no solo repercutirá positivamente en quien quiera comprar ecológico, también tendrá sus beneficios para los productores, que ganarán fuerza y posibilidades de abrirse a otros mercados. «En la Comunidad hay poca producción eco y está muy atomizada. Tenemos mucha capacidad de producción aunque seamos pequeños, hasta 5.000 kilos anuales; de hecho, estamos vendiendo a grupos de consumo y particulares. Sin embargo, la mayor parte del consumo se hace en tiendas o en comedores colectivos como los de los colegios, hospitales, etc», matiza Pérez.

Además de la cooperativa, este año están participando en una prueba piloto junto a comedores escolares que ya han apostado por cambiar los congelados y procesados por alimentos eco y de temporada. Ejemplo de esto es el centro Hipatia en Rivas, que ya lleva cinco años de trabajo, aunque no es el único. En la mayoría de los casos estas escuelas han participado en el proyecto Alimentar el cambio, liderado por la Cooperativa Garúa, que ofrece asesoramiento a los centros para facilitar la transición. La novedad de 2019 consiste en poner en contacto directo a unos y otros para los coles compren directamente a cooperativas como esta. «Hemos hecho pequeños pinos pero queda mucho por recorrer para llegar a la restauración ecológica colectiva. En Madrid no se producen plátanos ni naranjas, pero muchos otros productos, como las patatas, calabazas o cebollas, sí», dice Nieves Pérez, fundadora de La de Huerta de Leo.

Madrid es una más de las Comunidades Autónomas donde los comedores están viviendo un proceso de transformación; tanto Canarias, como Andalucía, Cataluña o Valencia han hecho en mayor o menor medida sus experimentos, en algunos casos impulsados por la propia administración pública. Estas iniciativas están creando empleo local. El Think tank británico New Economics Foundation afirma que por cada euro que se invierte en estos mercados se generan más del doble de ingresos locales que con un sistema globalizado. «En todo este espacio habrá cientos de hectáreas de pasto, que generan escasos puestos de trabajo porque se hacen con máquinas. Entre dos o tres personas llevan cientos de hectáreas. En contraposición, sólo en las tres empresas agroecológicas de aquí se han generado nueve puestos de trabajo», matiza Pérez. En Canarias, una de las veteranas en estos temas, se ha pasado de 54 a 101 productores desde que se iniciara el programa Ecocomedores en 2013-14.

Ecosecha lleva once años sobre el terreno, La Huerta de Leo, seis y algunos, dicen, han pasado por aquí y desaparecido sin más porque el campo es duro y mantenerse como pequeño productor, complicado si no se fomentan las compras colectivas públicas. «España es líder en producción ecológica, aunque la mayor parte termina exportándose. No se trata de un problema de suministro. Si potenciamos la producción local reducimos huella de carbono relativa al transporte, por ejemplo. Además, las empresas pequeñas y medianas son las que más capacidad tienen de generar empleo y de fijar la población al entorno», dice Abel Esteban, técnico de Garúa.