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La cesta de la compra virtual

Solo en el primer trimestre de este año, la facturación del comercio electrónico se ha visto incrementada un 32,8%. Viajes, billetes de avión y ropa, entre lo más demandado.

  • La cesta de la compra virtual

Tiempo de lectura 2 min.

12 de octubre de 2018. 21:55h

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Macarena Gutiérrez.  12/10/2018

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La consejera de Economía y Hacienda de Castilla y León, María del Pilar del Olmo, abrió fuego a finales de septiembre con una polémica propuesta para que las tiendas físicas logren plantar cara al comercio electrónico. Se trata, por llamarlo de alguna manera, de la «tasa del probador», es decir, que los clientes tengan que pagar una cantidad por ver cómo les queda una prenda, dinero que luego recuperarán si efectúan la compra. La actitud muy extendida de los compradores de probar algo en un comercio físico para luego adquirirlo (normalmente más barato) en Internet trae de cabeza a los pequeños empresarios. Seguramente, la idea de esta consejera resulte agresiva y reduccionista, pero la realidad es que el comercio electrónico lo está devorando todo. Solo entre enero y marzo de este año la factura de las compras online de los españoles ha crecido un 32,8% respecto al mismo periodo de 2017, según un estudio difundido por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Esto significa, además de que el consumo se anima al ritmo de la recuperación económica, que hemos perdido definitivamente el miedo que podíamos tener a comprar en la red. Los españoles hemos sido de los más tardíos en Europa en apuntarnos a esto de comprar sin moverte del sillón pero parece que le hemos cogido el gusto. Compramos el 93% del volumen total en páginas webs de la UE y muy por detrás (el 2%) aparece EE UU. Nuestro déficit comercial virtual es verdaderamente notable; un total de 2.651 millones de euros nos separa de lo que compramos al exterior respecto a lo que nos compran.

Tal y como se observa en el gráfico que ilustra esta página, la curva sigue ascendente mes tras mes desde hace ya años. Las tiendas a pie de calle lo tienen verdaderamente difícil para competir con el comercio virtual, fundamentalmente porque el tiempo que se ahorra a golpe de clic no hay negocio físico que se lo pueda devolver al cliente. No parece que la «tasa del probador» vaya a tener recorrido alguno y lo único que puede contribuir a ganar una batalla que ya perdieron muchas librerías y agencias de viajes es el trato personalizado, muy profesional y que aporte un valor extra a los valientes que sigan franqueando las puertas de la tiendas.

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