Belén Tobalina

La hija de Ana Julia: “No quiero ver a la acusada”

“Gabriel sufría angustia y miedo desde que su padre comenzó a convivir con la acusada”, ha asegurado el Psicólogo de la madre

Patricia, la madre de Gabriel a su llegada el juicio/Gonzalo Pérez
Patricia, la madre de Gabriel a su llegada el juicio/Gonzalo Pérezlarazon

La hija de Ana Julia Quezada, Yudith Redondo Quezada, testificó por videoconferencia desde Burgos no sin antes dejar claro que no quería ver a la acusada.

La hija de Ana Julia Quezada, Yudith Redondo Quezada, testificó por videoconferencia desde Burgos no sin antes dejar claro que no quería ver a la acusada. La relación con su madre que ella describió no tenía nada que ver con la manifestada previamente por Quezada a preguntas de la defensa. Si Ana Julia quería simular que tenían una buena relación, su propia hija lo negó. Y es que Yudith tiene claro que únicamente “habláblamos esporádicamente por WhatsApp. Y tras lo ocurrido, no ha habido ninguna relación ni contacto con ella”. “Nunca ha sido una relación muy apegada”, precisó a una pregunta de la Fiscalía. Ahora bien, “yo nunca podría haber llegado a sospechar que -la autora de la muerte de Gabriel- había sido mi madre, porque es mi madre y eso en la cabeza humana no cabe”. El día de la desaparición del menor, Ana Julia “me llamó para decirme que Gabrielillo, al que yo no conocía, había desaparecido, que no lo encuentran y que estaban muy preocupados”. Por ese motivo Yudith fue a Almería durante los días de búsqueda, tiempo en el que no notó ningún comportamiento extraño de su madre salvo que “en una ocasión me dijo que estaba yendo al gimnasio y que mirara el tipo que se le estaba quedando. A veces la veía bien y otras mal, llorando”.

Al ser preguntada sobre el día que fue con ella a la finca donde estaba enterrado el pequeño, Yudith explicó que fueron ella, Andrés y la acusada porque me dijo: “Vamos a la finca que yo siento paz allí”. La hija también precisó que le preguntaron si habían buscado en la finca y que Ana Julia le dijo que “no” y que “en menos de 20 minutos ya estábamos fuera”, porque cuando se pusieron a buscar, Ana Julia le dijo “vámonos”.

A continuación fue el turno de la acusación, que le preguntó si no hablaron madre e hija estando Ana Julia ya en prisión: “Sí, al poco de estar en la cárcel me llamó desde un teléfono fijo. La llamada no duró ni un minuto. No quería escucharla ni hablar con ella”, afirma entre lágrimas. Después fue el turno de la defensa que lo primero que hizo fue trasladarle que “su madre siente los problemas que le haya podido ocasionar”. A continuación, el letrado trató de dejar claro que había una buena relación y que si dejaron de vivir juntas fue porque Ana Julia no podía pagar la vivienda familiar, a lo que Yudith le respondió: “A los 18 años mis padres hablaron de la casa y mi padre le propuso comprarle su parte de la casa y venir él a vivir conmigo y que ella se despreocupara de lo demás. Y así fue, vino mi padre a la casa y ella se despreocupó”.

Sergio M. G., exmarido de Ana Julia, fue uno de los testigos que pidió declarar con biombo. Tras asegurar que conoce de sobra a la acusada, ya que estuvo casado con ella "hasta que nos divorciamos hará tres años", Sergio contestó a las preguntas que le hicieron sobre el hallazgo de la camiseta que finalmente se supo que la había puesto Ana Julia Quezada en las proximidades de su vivienda. “Sí, estaba a 800 metros quizá, había que pasar cerca de mi casa para llegar a esa localización. Ella conocía bien esta zona”. Sergio recordó el momento extraño que vivió cuando tras la desaparición de Gabriel, una amiga de Ángel (Eli), el padre y la acusada fueron a su casa. “No teníamos ninguna relación. Había habido problemillas económicos, etc. Pero ella ese día me trató como si no me conociera y tuve un pálpito porque era muy raro, ni se acercó a la perra y eso que a ella teóricamente le gustan los perros. A continuación, ella le dijo algo a Ángel y él me preguntó si esa furgoneta era mía y le dije que sí”. “Me extrañó todo tanto que pensé ésta está tramando algo. De hecho al meterme en casa miré por las ventanas. En esos momentos no piensas que ella haya tenido algo que ver (con la desaparición del menor), pero...”. A continuación, tras describir a Ana Julia como “mentirosa y especialmente fría”, Sergio explicó que al principio da una imagen y luego otra radicalmente distinta”. Las preguntas continuaron y la defensa no dudó en preguntarle, incluso, si tenía algún problema sexual y sobre peticiones raras que hacía él, a lo que rápidamente Sergio dijo “no”, pese a que la presidenta de sala le dijo que no contestara porque no había lugar.

Previamente fue el testimonio de una amiga de Ángel, María Isabel, que afirmó también separada de Ana Julia por un biombo que la acusada en una ocasión “me dijo enfadada que no entendía por qué tenía que coger al niño, porque Ángel era su padre no ella”. Respecto a si la acusada tenía mala relación con algún familiar, Isabel lo negó: “No, solo un dia entró Ana Julia diciendo respecto a la abuela paterna: la mato, la mato”.

Después de que Ana Julia testificara fue el turno de Francisco Manuel Martín Murcia, psicólogo de Patricia, la madre de Gabriel. Este psicólogo clínico hizo hincapié a preguntas de la acusación que “a finales de 2017 Patricia me empezó a hablar de cambios de comportamiento de Gabriel, de síntomas de angustia, del miedo que tenía ante la acusada, de rechazo a ver a su padre como que el menor pensaba que ya no le prestaban tanta atención entre diciembre de 2017 y enero de 2018, justo cuando comienza la convivencia entre el padre y la acusada. Pero no se atrevía a decírselo a su padre porque Gabriel era un niño que jamás hubiera hecho daño a nadie”. Este profesional le instó a que se pusiera en manos de un psicólogo infantil y tras entrevistarse con ella, “Patricia me expone que el menor tenía sensación de angustia, miedo, abandono... y que la psicóloga le insta al padre a una reunión el 22 de febrero para que estuviera más encima del niño”. Es decir, solo cinco días antes de la muerte del pequeño. ¿Pero dijo también que no le dejara solo al niño?, insistió la acusación. “Efectivamente”, respondió Martín Murcia. Fue precisamente este psicólogo clínico al que Patricia llama en la noche del 27 de febrero para decirle que Gabriel ha desaparecido. “Voy el 28 y a partir de entonces me hago cargo de la situación psicológica de los padres durante los días de búsqueda”. Entre otras preguntas, le sondean por si la recompensa que se anunció para quien supiera algo del menor partió de la acusada y Martín Murcia explica que sí, que de ella y de Ángel, “aunque me resultó extraño que no preguntaran primero a Patricia”. Durante todo estos días, la acusada siempre se mostró segura de que Gabriel iba a aparecer: “Siempre tenía esa actitud, salvo un día, el día de la concentración. Recuerdo que se me heló el corazón cuando me dijo: ''al niño le han matado, ya son demasiados días''. A preguntas de la defensa, el psicólogo de Patricia explicó que aunque podría pasar que un menor no llevara bien la nueva pareja de su padre, “Ángel había tenido otras relaciones y Gabriel nunca había acusado” esas sensaciones. E insistió en que dado que Patricia era paciente suya antes de la desaparición de Gabriel, “me habló de las angustias de su hijo un mes y medio antes de desaparecer”.