La hija más longeva de España comparte residencia con su madre

María Gloria, de 88 años, vive junto a su madre, de 108, en Manresa. Los expertos en demografía anuncian que, en 20 años, se multiplicarán los casos de padres e hijos centenarios en nuestro país debido al aumento de la esperanza de vida

A la izda, María Gloria; a la dcha, su hija María
A la izda, María Gloria; a la dcha, su hija María

María Gloria, de 88 años, vive junto a su madre, de 108, en Manresa. Los expertos en demografía anuncian que, en 20 años, se multiplicarán los casos de padres e hijos centenarios en nuestro país debido al aumento de la esperanza de vida.

Pocos, muy pocos octogenarios/as pueden presumir de tener a alguno de sus padres con vida. Una de ellas es María Gloria Massana. Nacida el 28 de octubre de 1929, este año cumplirá 89 años y su madre, 109. Pero su caso sobresale del resto: ahora mismo, María Gloria es la hija más longeva de nuestro país. No hay nadie tan mayor y que conserve a al menos uno de sus progenitores, según la delegación española del Grupo de Investigación Gerontológica (GRG). Este «título» lo atesoraba hasta ahora, con 90 años y 4 días, la hija de la mujer más longeva de España (y de Europa), Ana Vela. Sin embargo, tras el fallecimiento de ésta el pasado mes de diciembre a los 116 años, es María Gloria quien ostenta esta condición. Los achaques propios de la edad han hecho que comparta residencia con María Obach, su madre. Desde hace tres años, ambas viven en la Residencia Ibada de Castellgalí, en Manresa (Barcelona). María Gloria se ríe cuando le comunicamos su curiosa «distinción». Sí, muchos hijos, procedentes de muchos rincones de España, acuden a ver a sus padres a la residencia, pero ninguno tan mayor como ella.

Dice que no le entusiasman las entrevistas, pero accede a atenderons. Madre e hija vivían juntas en Manresa. El cabeza de familia falleció hace más de 40 años. Desde que María madre sufriera una embolia, hace ya unos años, requería de mayores cuidados, por lo que acabó ingresando en la Residencia Ibada. Poco después, a los seis meses, María Gloria sufrió un accidente de coche –sí, todavía conducía bien pasados los ochenta–. «Se me echaron encima, se me rompió una pierna y me tuvieron que operar. Ya no soy lo bastante autónoma y tengo que ir con el andador», cuenta. Así, no lo dudo ni un instante: se fue con su madre a la residencia. María Gloria es hija única, no se ha casado ni ha tenido hijos. «Tenía una colección de primos por parte de mi padre. Sólo me queda una prima, que vive en una massía en Manresa», relata. Ambas llevan tres años juntas en este centro.

Las dos están físicamente bien, aunque a raiz del ataque, María madre sufre un deterioro cognitivo importante. Llegó por su propio pie a la residencia pero ya no puede andar. «No puede tenerse en pie. Siempre va en la silla de ruedas. Ella ya no va a "volver". Parece que ya no me conoce, pero cuando le doy un beso y le digo: "mírame", ella me lo devuelve. Yo mentalmente estoy bien... ¡pido a Dios que me conserve!», dice la hija. Las dos están en diferentes secciones de la residencia, aunque «cada día voy un ratito a verla». Al contrario que su madre, María Gloria cuenta con una agenda repleta de actividades. Ambas se levantan sobre las nueve, pero la hija acude a un taller de pintura –«más que dibujar, me gusta pintar», dice–, juega al bingo –que le gusta menos–, va a la biblioteca –«leo sobre todo periódicos»–, hace gimansia, tienen un taller de cocina, salen al mercado de Sant Vicenç de Castellet... No falla a las misas: si no puede verla a través de La 2, siempre tiene a su disposición a un párroco del pueblo, que la oficia cada martes en la residencia.

El récord: 91 años y 359 días

Como explica Emilio Ibañez, corresponsal del GRG en España, casos como el de María Gloria y María, es decir, de octogenarios con padres vivos, pronto dejarán de ser excepcionales. «En menos de 20 años, tendremos varios casos de madres e hijos/as centenarias. La cifra de centenarios siguen subiendo cada año. Y es normal que sus hijos vivan cada vez más. La esperanza de vida en Japón y en España está en 84 y 83 años respectivamente y, en menos de 10 años, se situará cerca de los 90 años», asegura.

El GRG afirma que el «récord» del hijo o hija más longevo de España lo ostenta de momento Angelines Pedrosa González: tenía 91 años y 359 días en el momento en que falleció su madre, Adelaida González Alonso. Adelaida vivó 112 años y 28 días hasta el momento de su muerte, en noviembre de 2014.

A nivel mundial no hay ningún caso registrado de centenarios que hayan tenido a alguno de sus progenitores vivos. Aunque se acercan bastante. Fue el caso del jamaicano Harland Fairweather: hasta los 97 años y cuatro días pudo decir que su madre aún estaba entre nosotros. No en vano, se trataba de Violet Mosse-Brown, que vivió 117 años y 189 días y que, hasta el pasado mes de septiembre, cuando falleció, era la persona más anciana del mundo. Se da una curiosa circunstancia: el mismo día que Violet pasaba a ser la persona viva más longeva, Harland cumplió los 97 años. Su hijo también falleció el pasado año, cinco meses antes que Violet.

Vivir de los pasteles

¿Algún secreto por parte de esta familia manresana? Ninguna de las dos ha fumado en la vida; sí lo hacía el padre de Maria Gloria, «aunque lo acabó dejando». Y sobre la dieta que ambas han llevado... el dulce no ha faltado. La familia es muy conocida en Manresa por su negocio familiar, la pastelería Masana, en pleno centro de la ciudad, y que ya cerró sus puertas. María Gloria nació en el piso de arriba, donde vivía la familia. «Siempre hemos comido muchos pasteles», dice. Durante las últimas Navidades se ha acordado del turrón, que también vendían. «Los turrones de ahora son muy modernos...».

Si España sigue aumentando su esperanza de vida se debe, afirma Ibañez, a la suma de varios factores: la sanidad, el clima, la alimentación –sí, la dieta mediterránea–, la genética... pero también por el amor que suele reinar en el seno de la familia como institución y «las actitudes positivas» a las que tienden los españoles, lo que provoca la liberación de endorfinas.

¿A qué edad le gustaría llegar María Gloria? «¿Años? ¡Los que Dios quiera darme!», responde.