La niña con discapacidad expulsada de un campamento: «Papá, ¿es culpa mía que me echasen?»

«Estamos indignados y vamos a tomar medidas contra ellos. Les vamos a denunciar por discriminación social», asegura el padre de Inés.

Inés, de solo 11 años fue expulsada de un campamento de inglés en Aldeadurero (Salamanca)
Inés, de solo 11 años fue expulsada de un campamento de inglés en Aldeadurero (Salamanca)

«Estamos indignados y vamos a tomar medidas contra ellos. Les vamos a denunciar por discriminación social», asegura el padre de Inés.

«¿Ha sido por mi culpa?», preguntó Inés, de 11 años, a su madre cuando acudió a por ella al campamento de inglés en Aldeadurero (Salamanca) al que con tanta ilusión había ido. Pensaba que se lo iba a pasar tan bien como en otros. «Me llamó la noche del mismo viernes que llegó para decirme cómo se llamaba su monitora, los nombres de sus compañeras de habitación, que incluso tenía tele en el cuarto...», explica a este periódico José, su padre. 24 horas después, sus progenitores recibieron una llamada del campamento diciendo que las madres de las otras dos niñas se habían quejado porque no querían compartir habitación con alguien que tiene necesidades especiales».

Les propusieron dos opciones: que podía dormir sola con una monitora el resto de la quincena o que fueran a por ella. «Nos negamos en rotundo a la primera opción porque creemos en la integración». De hecho, en su colegio, el Sagrado Corazón en Madrid, donde en todas las clases hay dos o tres niños con necesidades especiales, no ha tenido ningún problema. De ahí que fueran rápidamente a por ella. «Mi hija tiene una discapacidad del 33% reconocida, un retraso madurativo que no le impide ser totalmente autónoma. Lo único que a nivel de comprensión le cuesta algo más, por lo que hay que estar un poco encima de ella para que siga el ritmo de los niños de su edad. Ya lleva tres años acudiendo a campamentos y nunca había tenido ningún problema», precisa el padre. En esta ocasión querían reforzar el inglés, por eso acudieron a este pueblo. «De hecho, íbamos a mandarla 15 días a Londres, pero por fechas no nos cuadraba».

«Un monitor de bolsillo»

José no se cree lo de las madres de las niñas: «Nos dijeron que no tenía suficiente nivel de inglés, cuando para ir al campamento no le hicieron ninguna prueba. También que necesitaba un monitor las 24 horas y eso no es cierto. Por eso, lo de las madres de las compañeras me parece una excusa más del centro. Me extraña que se quejaran unas niñas y que sus madres llamaran para pedir que cambiaran a Inés de habitación. Aunque es mi opinión, no conocemos a las otras madres. Pero me huele a excusa. También nos dijeron, según sus palabras textuales, que necesitaría un monitor de bolsillo, que estuviese las 24 horas del día con ella».

La madre de Inés había avisado de la discapacidad de su pequeña antes de apuntarla al campamento. «Carol fue en persona hasta allí para hacer la matrícula y contar la situación de la niña. No nos pusieron ningún problema al respecto, porque todo era mediante juegos y actividades, por lo que nos aseguraron que se lo iba a pasar muy bien». Los padres pidieron que no le trasladaran a los niños su discapacidad «porque es totalmente autónoma» y temían que la pudieran etiquetar. Tampoco les pusieron ningún cortapisa. Sin embargo, la monitora –por desconocimiento o no de esta petición– sí se lo dijo a sus compañeras de habitación con la intención, se presupone, de que lo tuvieran en cuenta por si la tenían que ayudar. «Estamos indignados y vamos a tomar medidas contra ellos. Les vamos a denunciar por discriminación social», destaca el padre de Inés.

El campamento ya les ha comunicado que les devolverán el dinero. Pero eso es lo de menos. Como dice su padre: «Hay que hacer un mundo mejor para todos. Queremos que lo que le ha pasado a nuestra hija no le vuelva a suceder a nadie más». «Inés está hecha polvo. Me preguntó: ''Papá, ¿qué he hecho yo? ¿Es culpa mía?''». Desde el campamento de Diverbo precisaron que «hemos tenido muchos niños con discapacidad» y que nunca han tenido ningún problema. «En nuestra opinión, Inés necesitaba atención especial... Se les ofreció una monitora dedicada a ella en exclusiva de manera gratuita y la familia no aceptó esta solución».