Las tres versiones de la víctima de la violación de Sanfermines

LA RAZÓN accede a las tres declaraciones de la denunciante y a otras pruebas que pueden generar dudas

LA RAZÓN accede a las tres declaraciones de la denunciante y a otras pruebas que pueden generar dudas

Hace años si una mujer acusaba a un hombre de violación, valía con su simple palabra para que fuese condenado. Eso sí, la justicia exigía que su testimonio fuese verosímil, persistente en el tiempo y no contradictorio. Hoy, se mantiene esa obligación, pero además la ley requiere que existan elementos periféricos a esa declaración; es decir, otras pruebas que confirmen lo que dice. Si, al contrario, esos indicios de fuera desmienten la acusación de la víctima o la denunciante se contradice en sus manifestaciones, la justicia establece que hay que absolver a los imputados. En el caso de los cinco presuntos violadores de los Sanfermines, el juez que instruye el caso, pero que no lo juzgará, dice en un auto de octubre: «El testimonio de la denunciante, con independencia de determinados detalles, ha sido coherente, contundente y reiterado en los aspectos esenciales de los hechos, afirmando la denunciante que fue introducida por la fuerza por sus acompañantes en el portal y que contra su voluntad fue objeto de acceso carnal». LA RAZÓN ha tenido acceso a las tres declaraciones de la denunciante y a otras pruebas que pueden generar dudas sobre la culpabilidad ya establecida en la opinión pública:

¿Cómo les conoce?

En su primera declaración, María (nombre ficticio) explicó: «Conocí a los cuatro jóvenes en la Plaza del Castillo. Hemos estado bailando y, en un momento dado, les he dicho que me quería ir a casa. Ellos se han ofrecido a acompañarme». Esta manifestación la hizo sentada en un banco de la calle, a escasos 50 metros del portal donde supuestamente la agredieron, a los dos agentes que acudieron sobre las 04:00 de la madrugada a socorrerla. Sin embargo, sólo tres horas después, en su segunda declaración, dijo: «Me he sentado en un banco de la Plaza del Castillo. Cuando lo he hecho ya había un chico sentado. Hablaba con otros tres que estaban de pie. El que estaba sentado ha empezado a hablar conmigo. En un momento dado le ha dicho a los cuatro que me marchaba al coche a dormir y ellos se han ofrecido a acompañarme». Sólo 24 horas después, María se sentó frente al juez y le contó: «Estaba sentada en un banco de la verbena y uno de los chicos se sentó a mi lado. Antes de que agredieran sólo estuve con ellos 10 o 15 minutos».

El trayecto hasta el portal:

En su primera declaración explicó: «Hemos ido hasta la calle Paulino Caballero y al llegar a la altura del número 5 los jóvenes me han dicho que me sentara en el portal para tomar algo. Entonces uno de ellos, que estaba esperando a que una vecina entrara en el portal, ha cogido la puerta antes de que se cerrara» y ha dicho «abierta». Sin embargo, unas horas después afirmó: «Iba caminando con un chico y los otros tres iban delante nuestra. Los tres primeros han parado en un hotel, pero no les han dejado entrar». En teoría escucha la conversación porque asegura: «El vigilante les ha dicho que tenía una lista de clientes y que ellos no estaban en ella. A la altura del portal donde luego me agredieron vimos a una chica llamando al telefonillo para que le abrieran la puerta». En su tercera manifestación aparecen elementos nuevos: «Iba con cuatro chicos y no con cinco. Antes de que me introdujeran en el portal me besé en la boca con uno, pero sólo una vez. Para meterme en el portal dos chicos se quedaron conmigo mientras los demás se acercaron a una chica que entraba en el portal. Uno sujetó la puerta y les dijo: ‘‘vamos, vamos”».

Más allá de las contradicciones, existen tres elementos periféricos a la declaración de la joven que de forma objetiva contradicen sus afirmaciones. El primero, un informe de la Policía Foral Navarra, que, basándose en imágenes de las cámaras de seguridad, demuestra que segundos antes de entrar en el portal, la joven no va la última del grupo, sino que encabezaba la marcha junto a un chico. El segundo elemento ajeno al relato de la víctima es el testimonio del trabajador del hotel que ella describe en uno de sus relatos. El vigilante del hotel dice: «Recuerdo a un grupo de chicos, cinco. Tenían acento del sur. Se me acercaron y me preguntaron si tenía una habitación libre para unas horas o toda la noche, ya que “la querían para follar”. Con ellos estaba una chica, que se encontraba en una posición más atrasada que ellos, a unos tres metros, y con la que no hablé. En San Fermín hay ruido todas las noches, pero en aquel momento había menos porque no había nadie tocando música, aunque no sé si la chica pudo escuchar lo que los chicos me decían». El tercer elemento, que aparentemente contradice a la víctima, es el testimonio de la chica que vive en el portal en el que se produjeron los supuestos hechos. Ella afirma: «Cuando empujé la puerta, sin tenerla del todo abierta, un varón la abrió hasta el fondo pasando el brazo por encima de mí. Me extrañó. Miré y no había nadie en el exterior. Le pregunté si vivía allí y dijo que sí. No me gustó y me quedé fuera. Él sujetó la puerta sin dejarla cerrar y me preguntó si iba a entrar. Respondí que no. Entonces el varón fue a los ascensores (...) y pude ver con apretaba el botón de la segunda planta. Aproveché para coger otro y meterme en mi casa. Después no vi ni escuché nada y cuando estuve en el portal no vi a nadie alrededor».

¿Cómo la meten al portal?

En su primera manifestación afirma: «Me han introducido a la fuerza en el portal». En la segunda aporta más detalles: «El sevillano que me acompañaba y otro me han agarrado uno de cada brazo y me han metido en el portal. Me intenté zafar, pero no pude. No podía gritar porque uno de los chicos me tapaba la boca continuamente». En la tercera no habla de zafarse ni de una mano en la boca: «Dos me sujetaron y me metieron en el portal. Yo iba hablando normal y me dijeron que no gritara, que me callara».

La agresión sexual:

Según la doctrina del Supremo no puede haber contradicción en este punto si se pretende una condena. En su primera declaración, describió estos hechos: «Me han rodeado los cuatro. Uno me ha cogido por la cintura y mientras otro me decía: “Chúpamela”, un tercero me ha bajado el pantalón y me ha penetrado analmente. He comenzado a gritar. Pero me han tapado la boca y me han dicho que no gritara. Desde ese instante no recuerdo nada. Sólo que me he despertado desnuda y sola». Tres horas después el testimonio varía: «Me han rodeado los cuatro y me han tirado al suelo. Me han soltado el sujetador y mientras me sujetaban la boca para que les hiciera una felación, otro me soltaba los botones del pantalón. No me han agredido. Le he hecho una felación a cada uno y luego me han penetrado los cuatro, no sé si vaginal o analmente, (...) porque estaba bloqueada». Un día después denuncia que «me arrancaron la riñonera, el jersey y los tiraron al suelo. Me rodearon entre todos. Uno me cogió la cara y me obligó a hacerle una felación. No sé cuántos chicos había en ese momento. Otro me cogió por detrás, me bajó los leggins, el tanga y me penetró. No sé si ésta y las siguientes fueron anales o vaginales. Tampoco sé a cuántos les hice una felación, ni cuántos me penetraron». Uno de los detenidos grabó los hechos con el móvil.El juez instructor afirma que dicha grabación «permite la observación de una situación acorde con la realidad de los actos de naturaleza sexual denunciados y que se pudiera corresponder con la narrada por la denunciante». La pregunta que se hacen las defensas es: «¿Con cuál de las tres versiones coincide?».