Marinete da Silva: «A mi hija la mataron por defender los derechos humanos»

Hoy se cumplen 70 años de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En muchos países aún no están garantizados. Es más, las vidas de quienes luchan por ellos corren peligro. LA RAZÓN entrevista a dos importantes figuras de su defensa.

Marinete da Silva /Abogada, activista y madre de Marielle Franco / Foto: Cristina Bejarano

Hoy se cumplen 70 años de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En muchos países aún no están garantizados. Es más, las vidas de quienes luchan por ellos corren peligro. LA RAZÓN entrevista a dos importantes figuras de su defensa.

El 14 de marzo la vida de Marinete da Silva se truncó. Su hija, Marielle Franco, activista por los Derechos Humanos y concejal por Río de Janeiro fue asesinada a tiros junto a su conductor en pleno centro de la ciudad. Su crimen, que conmocionó a Brasil, aún no se ha resuelto a pesar de la presión internacional, local y de organizaciones como Amnistía Internacional (AI). Cuatro balazos apagaron la vida de Franco, de 38 años, pero como insiste Da Silva “su legado va a perdurar. Por toda la grandeza que dejó como activista, defensora y concejal”.

-Hoy se celebra el 70º aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos. ¿Cómo observa a Brasil en este contexto?

-Muy complicada. Es impresionante llegar a esta fecha tan importante y observar que las personas en Brasil aún no saben lo que son los derechos humanos. Brasil es uno de los países donde más defensores de los derechos fundamentales se asesinan. Eso es un reflejo de la falta de respeto hacia estos activistas, pero también de una falta de compresión de qué son los derechos humanos. Los derechos humanos son para todas las personas, para todos los humanos. No necesito ir lejos, mira lo que hicieron con mi hija. La mataron porque ella defendía los derechos humanos.

-Hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a instado a Brasil a investigar con más urgencia los asesinatos a activistas, citando el crimen de su hija, ¿qué le dicen las autoridades de por qué están tardando tanto?

-Las autoridades nos dicen que tienen confianza en que llegarán a un resultado. Siempre nos aseguran que es un trabajo difícil, porque el caso es complejo y por algunas dificultades específicas como, por ejemplo que no había cámaras de seguridad cubriendo el lugar exacto o que los coches de los criminales que la asesinaron llevaban matrículas falsas... Dicen siempre que el crimen estuvo muy bien planificado. Quién cometió el asesinato lo planeó muy bien y eso dificulta las investigaciones. No saben aún quién lo hizo, pero sí que es muy sofisticado.

-¿Su hija temía por su vida?

-No. Mi hija nunca me comentó ni a mí ni a su hermana Anielle, de ninguna amenaza. Marielle estaba siempre muy segura de lo que hacía, de su trabajo y, en general, estaba muy bien en su vida. Creo que si hubiera habido alguna amenaza real, Marielle me lo hubiera dicho a mí, nos lo hubiera contado a la familia.

-Una de las pocas noticias positivas en medio de todo el dolor por el que están pasando es el aluvión de personas, medios y organismos que apoyan a Marielle... ¿Siente ese respaldo? ¿Cómo viven esa repercusión?

-Con todo lo que pasó y la repercusión que tuvo, pude ver que es un reflejo de cómo de serio era el trabajo que Marielle hacía. Es una prueba también de que todo el trabajo de mi hija no será en vano. Es su legado. En estas movilizaciones he visto todo lo que ella representaba como activista y como defensora de los derechos humanos. La repercusión ha sido mucho más elevada de lo que nos imaginábamos en la familia. Marielle hacía cosas que no sabíamos y tras el asesinato, aprendimos un montón de logros y acciones que ella hacía. Toda esta repercusión y movilización nos fortalece mucho, incluso para que nosotros también estemos movilizados y podamos pedir cuentas al Estado y a los órganos estatales a que actúen e investiguen. Por eso estamos muy agradecidos por la visibilidad del caso, a los que protestan, a organizaciones como Amnistía Internacional que nos acompaña desde hace meses. El mundo claramente está movilizado y esto es muy importante.

-Una de las pocas noticias positivas en medio de todo el trauma por el que están pasando es el aluvión la repercusión que ha tenido su caso en Brasil pero también en todo el mundo. Gente que apoya a Marielle, las manifestaciones, las noticias en todos los medios... ¿Siente ese apoyo? ¿cómo viven esa repercusión?

-Con todo lo que pasó y la repercusión que tuvo, pude ver que es un reflejo de cómo de serio era el trabajo que Marielle hacía. Es una prueba también de que todo el trabajo de mi hija no será en vano. Es su legado. En estas movilizaciones he visto todo lo que ella representaba como activista y como defensora de los derechos humanos. La repercusión ha sido mucho más elevada de lo que nos imaginábamos en la familia imaginaba. Marielle hacía cosas que no sabíamos y tras el asesinato, aprendimos un montón de logros y acciones que ella hacía. Toda esta repercusión y movilización nos fortalece mucho, incluso para que nosotros también estemos movilizados y podamos pedir cuentas al Estado y a los órganos estatales a que actúen e investiguen. Por eso estamos muy agradecidos por la visibilidad del caso, a los que protestan, a organizaciones como AI que nos acompaña desde hace meses. El mundo claramente está movilizado y esto es muy importante.

-Su hija luchaba por los derechos de las personas negras, dentro de las favelas, las cifras de la violencia policial, de los asesinatos por parte de las fuerzas del orden a personas de color son muchísimo más elevadas, ¿hay una especie de racismo de Estado?

-Sí, el Estado es racista y genocida. Las estadísticas muestran claramente que las principales víctimas de homicidios están los negros y los adolescentes y jóvenes. Los que son más asesinados son los negros, los pobres de las favelas, los jóvenes y los LGTBI. Es decir, las minorías. Estos grupos son los que Marielle siempre defendía, mucho antes de llegar al Parlamento municipal. La violencia tiene un objetivo específico que son estos grupos y la Policía en Brasil es la que más mata en el mundo. Es muy difícil, con estos datos, no afirmar directamente el genocidio perpetrado por el Estado.

-Con los altos datos de violencia policial y homicidios, el presidente electo aboga por armar a la población. ¿Qué le parecen estas medidas de Jair Bolsonaro?

-Sí, es algo que él promueve. Pero una vez que sea presidente tiene la opción de tomar una alternativa. No queremos que la población se arme, que los brasileños tengan más armas. Imaginar que armar en masa a la población de Brasil va a resolver el problema de inseguridad es inimaginable. Así que esperamos, específicamente, que como presidente tenga otra actitud que no sea la de implementar lo que promovía.

El perfil: «No tenía miedo de nada»

El cruel asesinato contra Marielle Franco conmocionó a los brasileños y al resto de activistas del mundo. Las manifestaciones en busca de justicia no han dejado de sucederse desde entonces. Según su madre, la socióloga de 38 años que venía de la periferia de Río de Janeiro “era muy determinada. Tenía mucho coraje y mucha fuerza. Tenía mucha convicción en todo lo que hacía. No tenía miedo de hacer lo que hacía. Era una mujer “de raza”, de mucha valentía”. Marinete recuerda que su hija “no tenía miedo de sus creencias y valores. Su vida fue construida con mucha responsabilidad y también asumió muchas responsabilidades. Cuando fue legítimamente electa, eso le dio aún más fuerza y fue como un huracán. Ya no tenía miedo de nada”. Y es que Marinete da Silva concluye que «lo que tengo claro es que con más o menos visibilidad, siempre trabajó por las minorías, para dar voz a las minorías contra las injusticias, la discriminación, la desigualdad y eso era una característica muy propia de ella».