«Desahuciados» por fobia canina

La Audiencia Provincial de La Coruña decreta que perros y gatos deben abandonar un edificio tras denunciar un vecino su miedo a los animales.

Después de varios años de lucha, los vecinos de una urbanización de Sada, en La Coruña, han perdido la batalla por sus mascotas. Uno de los vecinos presentó una demanda en la que solicitaba que los animales, dos perras, abandonasen sus hogares pues sufre, según dicta la sentencia, «una fobia canina grave debidamente diagnosticada». Esta aversión por los canes se conoce como cinofobia y, según explica Luis Antón, psicólogo del centro IPSA Psicología de Madrid, «suele darse por un problema surgido durante la exposición directa a estos animales, como una mala experiencia, o por motivos de educación, como cuando los padres dicen a los niños de manera reiterada que los perros son peligrosos».

Pero éste no es el caso de los vecinos de Sada. De hecho, uno de ellos, padre de familia con hijos pequeños, declaró que jamás ha escuchado un solo ruido ni ha habido malos olores en la comunidad provocados por estos dos animales. Por desgracia, una de las perritas, enferma de cáncer, falleció durante el proceso. La otra, Noah, ha encontrado su nuevo hogar en casa de una allegada de su dueña, Irene Ventura. Sin embargo, Noah se encuentra en un estado muy delicado. «Voy a verla todos los días, pero no se adapta, no está en su casa, y le cuesta mucho comer, tengo que darle yo la comida» cuenta su dueña, emocionada.

Si bien la primera sentencia, por parte del juzgado, desechaba la demanda por considerar que el vecino actuaba «por intereses personales», el pasado mes de febrero la Audiencia Provincial de La Coruña le daba la razón, escudándose en el hecho de que los estatutos de la comunidad de vecinos prohíben los animales. «La perrita llegó a mi casa en 2006, el mismo año en el que llegaron David y Pilar con la suya, y ya había otros animales en el edificio» explica Irene.

Según la joven, la norma de que no hubiera animales «se limita solamente a las zonas comunes, y la comunidad, cuando llegó este vecino, nos explicó que le daban mucho miedo los perros y que tuviéramos cuidado e intentáramos no molestarle». De hecho, Irene enseñó a Noah a hacer sus necesidades en un arenero para limitar las veces que salía de casa con ella porque su vecino le daba auténtico miedo. Irene sospecha de que la denuncia de este vecino no ha sido nada más que un acto de venganza. De hecho, según Luis Antón, estas fobias son, completamente tratables y curables. «En primer lugar, la persona debe ponerse ante estos animales, primero a distancia, como en una tienda de mascotas o en un parque, para ir acercándose paulatinamente» expone Antón,y añade que «cuando los casos son muy graves también se puede trabajar con otros métodos, como la hipnosis y otras terapias centradas en modificar la memoria emocional para poder trabajar con casos de estrés postraumático». Contando con estas terapias y con el hecho de que los perros son, de por sí, animales comúnmente sociables y a los que cualquier persona puede estar expuesta de forma cotidiana, «la cinofobia se cura con un porcentaje de éxito prácticamente total», sentencia el psicólogo. A pesar de que, aparentemente, este caso va mucho más allá de la fobia de este vecino, el caso es que Noah sigue fuera de su casa. Irene, sin embargo, no se rinde. «Mi perrita ha sido mi gran apoyo durante mucho tiempo» cuenta. Asociaciones como Gatocan le han ofrecido hacer una colecta para que puedan presentar un recurso, o llevar a cabo recogidas de firmas para protestar y concienciar sobre este caso en el que la principal víctima es Noah, la más inocente.