Michael Elsborg: «Probamos que actuaba al margen de la Ley»

La Razón
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El periodista danés se convirtió en una de las primeras personas en destapar el llamado «caso Morín» por medio de un reportaje realizado con cámara oculta en 2006. Ahora, Elsborg podría ser llamado nuevamente a declarar en España, pues se espera que su trabajo periodístico sea admitido como prueba en el nuevo proceso judicial.

– ¿Cómo se enteró de lo que estaba ocurriendo en España?

–Nos hablaron de una mujer danesa en estado avanzado de gestación. Para ella, debido a las normativas vigentes en Dinamarca y en Suecia, era ilegal abortar en cualquiera de los dos países, por lo que recurrió a la opción que le ofrecían desde las clínicas del doctor Morín.

–¿Por qué decidió hacer este reportaje?

–Teníamos el objetivo de comprobar si la historia de esta mujer era cierta. Queríamos saber si, realmente, era posible ir a Barcelona y conseguir abortar a pesar de tener un embarazo bastante avanzado. No lo hicimos guiados por creencias o metas religiosas de ningún tipo.

–¿Cómo fue el rodaje de la cinta?

–Nos pusimos en contacto con ella y nos proporcionó información sobre la clínica. Inmediatamente, buscamos a una señora danesa en proceso de gestación avanzado que se prestara a «hacer el paripé» y pusimos rumbo a España. Yo me hice pasar por su pareja. Con cámara oculta en mano nos plantamos en la clínica, el doctor Morín le aseguró que no había problema para abortar a pesar de encontrarse en la semana 32 de embarazo. Así, nos hicieron rellenar unos formularios sobre el estado psicológico de la que se hacía pasar por mi pareja. No eran muy largos y no nos llevó mucho tiempo rellenarlos. Tras cumplimentarlos, pasamos a charlar con el propio Carlos Morín en una de las salas del centro, donde nos explicó cómo efectuaría el aborto. Una vez que nos confirmaron que podíamos hacerlo, les dijimos que primero teníamos que ir al hotel a recoger el dinero (debíamos pagar en efectivo). Por supuesto, en ese momento nos llevamos a la mujer embarazada lo más lejos posible de Morín y volví yo a la clínica, esta vez como periodista, para preguntarle directamente por los abortos que practicaba.

Mi impresión fue que mucha gente, incluso de otros países, iba a Barcelona para abortar; lo escuché incluso de boca de amigos míos. Morín tenía una verdadera industria.

–¿Existen detalles que se perdieran en el proceso de edición y que no aparezcan en la cinta que se emitió en DR (televisión pública danesa)?

–Editamos la pieza atendiendo a las estrictas, y recalco, estrictas, regulaciones que existen en mi país, de forma que ni un ápice de ella está manipulada. Todo lo importante está en el documental, que fue elaborado de manera profesional.

–¿Acudirán a España si el juez les llama para declarar?

–Por supuesto. Si tenemos que testificar, diremos que el documental es verídico y explicaremos una vez más cómo lo hicimos. Ya viajé, junto con mi editor y con Sally Hamilton, la mujer que actuó en el reportaje, a Barcelona durante el primer proceso judicial.

– ¿Fueron presionados para no emitir el documental?

–Si bien es cierto que no recibimos presiones fuertes, sí que Morín nos lanzó una advertencia: si emitíamos el documental, nos llevaría a juicio. Pero nunca lo hizo.

–¿Cuál fue la respuesta social a los actos ilícitos que estaba cometiendo Morín tras la emisión del reportaje?

–En Dinamarca y en otros países, la gente sintió que había que poner reglas comunes en la Unión Europea. Incluso hubo un debate político para conseguir que, a partir de las 16 semanas, no hubiera posibilidad de abortar, pero no llegó a nada.