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Moisés: 5.000 millones para salvar a Venecia del agua

El macroproyecto, un sistema de compuertas para frenar las mareas, empezó a construirse en 2003 y todavía no se ha finalizado. La obra se paralizó al descubrir un desvío ilegal de fondos de 250 millones.

El macroproyecto, un sistema de compuertas para frenar las mareas, empezó a construirse en 2003 y todavía no se ha finalizado. La obra se paralizó al descubrir un desvío ilegal de fondos de 250 millones.

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En el 140 de la Plaza de San Marcos se han acostumbrado ya a un juego perverso. O, mejor dicho, a un nuevo horario. Desde hace casi una semana, el «acqua alta» entra en la tienda, obliga a proteger las figuritas hechas con cristal de Murano y a cerrar, esperando que la crecida del mar no vaya a más. «¿Y qué podemos hacer? No hay alternativa, solo tratar de recuperar lo que no se ha echado a perder», lamenta su propietario. Calcula que sus pérdidas ascienden a unos 20.000 euros. Por la tarde, cuando baja la marea, vuelven a abrir, esperando también que los turistas no adopten también un modelo oscilante y permanezcan en la ciudad.

Ayer la subida de las aguas obligó de nuevo a cerrar la plaza. Se registró una crecida de 1,55 metros, lo que en la práctica supone que el agua alcanza el nivel de la cintura, debido a la poca altura de San Marcos. Lo peor ocurrió la madrugada del pasado miércoles, cuando se produjeron las peores inundaciones en medio siglo, con nocturnidad y alevosía. Pero no se puede hablar de un hecho aislado, pues desde que comenzaron las mediciones, hace un siglo y medio, nunca se habían superado los 140 centímetros dos veces en un año. Desde el pasado miércoles, ya vamos por cuatro.

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Alvise Papa es el coordinador del Centro de Prevención de Mareas del Ayuntamiento de Venecia, el órgano al que permanecen enganchados los venecianos para conocer hasta dónde deben extremar las precauciones. Recuerda que el «acqua alta» es un episodio que se repite en Venecia todos los años –normalmente unas dos o tres veces–, pero «lo que ha ocurrido esta vez es una auténtica anormalidad desde el punto de vista meteorológico».

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Es decir, que los vientos y las lunas que han empujado a la marea a una ciudad vulnerable como Venecia han existido siempre, pero la mano del hombre ha acelerado que lo hagan con esta violencia. «Desde 1870 el nivel del mar ha subido 35 centímetros», asegura el responsable del organismo público. Y esto se atribuye al calentamiento global, que provoca el deshielo de los glaciares, elevando el volumen de agua de los océanos. Si a este proceso se añade el descenso en la altura del suelo de la ciudad, construida en una zona particularmente frágil, se obtiene una combinación letal. Basta con que sople el siroco que se genera entre las islas que se ubican delante de Venecia para que el Adriático se adentre en las calles. «Los científicos de la ONU pronostican que el nivel del mar subirá otros 35 centímetros hasta 2050, lo que sería trágico para Venecia. Significaría que la plaza de San Marcos se inundaría unos 300 días al año, a veces hasta dos veces a la jornada», señala Alvise Papa.

Sentencia de muerte

La predicción invita a pensar que la ciudad de los canales tiene firmada una sentencia de muerte. Habría que repensarla y afrontar unas obras ingentes para salvarla. De nuevo la naturaleza ha activado las alarmas, que literalmente suenan en la ciudad de los canales cada vez que se prevé el «acqua alta». Pero esto ya ocurrió hace décadas y de momento ha cambiado poco. Cuando se produjeron aquellas inundaciones del 1966 que todavía tienen el negro honor de ser las más graves, se empezó a idear un sistema para proteger la ciudad. Se dio con el proyecto definitivo a principios de los ochenta y no empezó a construirse hasta 2003. Se trataba de un monumental sistema de compuertas ubicado en tres puntos distintos. Uno por cada abertura de las estrechas islas que sirven de parapeto a Venecia. Los diques, 78 en total, se elevarían cada vez que la marea superara el metro de altura, amenazando la ciudad. Y de esta forma, actuarían como una barrera, que volvería a bajar una vez pasada la alarma. Al majestuoso proyecto se le dio el nombre de Mose (como acrónimo de Módulo Experimental Electromecánico), que en italiano, además, significa Moisés.

El Moisés que debía frenar los mares se proyectó en liras, pero al cambio debería haber costado unos 3.400 millones de euros. Sin embargo, ya van gastados 5.500 y todavía está al 94%, lo que impide que se haya activado estos días. En 2014, cuando las obras ya deberían haber concluido, hubo que pararlo todo al descubrir que el patrón del consorcio público se había repartido con ingenieros y constructores 250 millones de euros. Estos días, debajo del puente de Rialto cuelga un cartel en el que se lee: «No a la mafia, Venecia es sagrada». Sin embargo, los venecianos repiten que el Mose nació ya obsoleto y si el proyecto se planteó antes de que el cambio climático lo trastornara todo, se teme que ni Moisés sería capaz de frenar el apocalipsis.

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Pérdidas de 1.000 millones

El gobernador de la región del Véneto, Luca Zaia, pedía desde la plaza de San Marcos que «se finalice de una vez, porque es la única forma que existe ahora mismo para poner freno a este fenómeno fatal». A la petición se han sumado todos los poderes públicos, que exigen premura al Gobierno. También el Ejecutivo debería ocuparse de los cerca de 1.000 millones que el alcalde de Venecia calcula que se han perdido. Las autoridades venecianas ya están empezando a gestionar el paquete de 20 millones de euros que el Gobierno de Giuseppe Conte ha aprobado al firmar el decreto de estado de emergencia, con ayudas de 20.000 euros para los comerciantes afectados y 5.000 para los residentes. Pero no es suficiente. El alcalde ya explicó que deberán pedir ayuda al fondo de solidaridad de la UE.

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