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Revolución científica: ¿Por qué estamos a un paso de la eterna juventud?

Logran obtener roedores con telómeros más largos un 13% más longevos y sin manipulación genética.

  • Revolución científica: ¿Por qué estamos a un paso de la eterna juventud?

Tiempo de lectura 4 min.

18 de octubre de 2019. 02:32h

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Jorge Alcalde 18/10/2019

La palabra telómero se está convirtiendo en uno de los fetiches de la ciencia contemporánea como otrora fueran las palabras gen, bit o agujero negro. Son de esas que aparecen una y otra vez en los medios, que causan admiración y que, en el fondo, no entendemos. En este caso, los telómeros vienen cargados de longevidad, de promesas en el tratamiento de algunas enfermedades como el cáncer. Una palabra llena de futuro.Y de presente, porque ayer un trabajo publicado en «Nature Communications» por el español Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) volvió a situar el término en el ojo del huracán de la actualidad.Tras un hallazgo fortuito de hace unos años, se ha demostrado que los ratones de laboratorio que contienen en todas sus células telómeros de mayor longitud que la normal viven como media un 13% más y tienen una vida con mejor salud, menos propensa a la obesidad y al cáncer.

Llamamos telómeros a los extremos de los cromosomas, esos ovillos en los que se empaqueta el ADN cuando cada una de nuestras células se dividen. La información genética se organiza en cromosomas como paquetes que necesitan un lazo, o como cordones que necesitan herretes o capuchones de metal o plástico para que no se deshilachen. Cada herrete es un telómero.

En un proceso de división celular, los telómeros se acortan un poco. Es el signo del paso del tiempo. De ese modo podemos intuir la edad de una célula y, por lo tanto, del tejido que la sustenta y del individuo que lleva en su cuerpo ese tejido, por la longitud de sus telómeros. Cuando estas estructuras protectoras son ya demasiado cortas se inicia el irreversible proceso del envejecimiento. De manera que la ciencia lleva tiempo buscando el modo de detener el acortamiento telomérico o, quizás, más interesante, provocar su alargamiento. Primero porque sería aparentemente una estrategia eficaz para alargar la vida. Pero también porque se ha demostrado que la longitud de los telómeros está relacionada con la propensión a padecer procesos inflamatorios, cáncer y obesidad.

Más años y mejor salud

El hallazgo presentado ayer por el CNIO es un paso fundamental en ese sueño. Efectivamente, se ha logrado demostrar que es posible generar animales de laboratorio con todos sus telómeros largos y que estos animales viven más años y con mejor salud. No es la primera vez que la ciencia y, en concreto, el CNIO juega con el alargamiento telomérico. Así, hace unos años, este mismo centro fue capaz de generar con técnicas de terapia génica ratones que vivían un 24% más sin desarrollar cánceres. En ese caso se provocó una modificación en los genes del animal para que desarrollaran más cantidad de telomerasa, que es una enzima encargada de dar tamaño a los telómeros. Pero aquellos ratones superlongevos eran ratones quiméricos: solo un porcentaje de sus células tenían telómeros modificados, el resto procedía de materiales genéticos de otros individuos. No había constancia de que los efectos beneficiosos procedieran de los telómeros extralargos o de la combinación de otros factores.

Ahora, el CNIO presenta ratones en los que todas las células cuentan con telómeros alargados. Y lo hace después de una gloriosa casualidad. En 2009 los investigadores trabajaban con IPS. Son células del organismo adulto que se han devuelto a su estado embrionario, como si se hubiera echado hacia atrás en el tiempo el reloj de su evolución y volvieran a tener el vigor y la capacidad de especialización de cuando formaban parte del embrión. Vuelven a ser pluripotentes. Los científicos saben que las células embrionarias tienen la capacidad de generar cualquier función y de componer cualquier tejido. Son una tabla en blanco sin especializar. Una vez se han especializado, ya ocupan su función de por vida. Pero se puede devolver a algunas células para que recuperen su pluripotencialidad inicial. De se modo, quizás, se puedan usar para educarlas en nuevas tareas, como generar insulina para un diabético o reparar el corazón de un infartado.

Trabajando con estas IPS, en el CNIO descubrieron que dichas células, una vez superado cierto número de divisiones, adquirían telómeros el doble de largos de lo normal. Y que lo mismo ocurre con las células embrionarias normales. Pero no estaba claro que estas células pudieran dar origen a un individuo vivo. Ahora sí. Los ratones ahora presentados nacieron vivos, vivieron sanos y tuvieron el 100 por 100 de sus células con telómeros alargados. Como resultado, estos animales viven un 13% más que sus congéneres. Pero no solo eso. Además, se ha demostrado que acumulan menos grasa, muestran menor envejecimiento metabólico, tienen menos colesterol malo y toleran mejor la insulina y la glucosa. Están sanísimos.

De manera que se ha constatado definitivamente que alargar los telómeros tiene efectos beneficiosos para la salud sin efectos secundarios. Pero lo más importante es que el alargamiento se ha producido sin modificar los genes del organismo. Las alteración de las células no es un cambio en el material genético sino en la información epigenética. Es decir, los mismos genes actúan de manera diferente si se les da las instrucciones químicas correctas. Eso quiere decir que se han sentado las bases de una nueva generación de estrategias clínicas para combatir los efectos del paso del tiempo y la aparición de ciertas enfermedades sin acudir a la manipulación de los genes. Se abre una vía para retrasar el envejecimiento de manera segura.

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