El mito curativo del cordón umbilical

Su eficacia es escasa para uso propio porque suelen estar «contaminados» genéticamente. En España, sólo se ha hecho un trasplante de banco privado frente a 1.900 del público

Una marca en el suelo señala el lugar a partir de cual es necesario pertrecharse del mismo modo que para acceder a un quirófano. No en vano, lo que aquí se guarda es, en cierto modo, «vida», aunque encapsulada y congelada. Sumergidas en nitrógeno líquido a 196 grados bajo cero se encuentran las bolsas de sangre de cordón umbilical que algunos padres han decidido conservar, quién sabe si de por vida. Esperan así que, en un hipotético futuro, pueda servir para curar a un hijo de una posible leucemia o un linfoma mediante un trasplante de células madre.

Cada unidad está clasificada con un código de barras que permite que pueda ser localizada inequívocamente en el caso de que alguien la solicitase, ya sea el «dueño» de la sangre o el Registro de Donantes de Médula Ósea (Redmo). Por este motivo, en el almacén criogénico de Ivida en Madrid –un banco privado de sangre de cordón del Grupo IVI–, la mayor parte de las unidades que contienen las células madre están «en tránsito», como explica Alfonso Sánchez, su director gerente. De los 5.000 cordones umbilicales que custodian, sólo seis se guardan en España. El resto están todos en las instalaciones que la empresa tiene en Portugal. Evitan así que la Sanidad pública española reclame la sangre por la que cada uno de sus clientes paga 1.695 euros para mantenerla congelada durante los próximos 20 años. «Es un altruismo obligado, un destierro celular», se queja Sánchez.

Pero ¿realmente es útil conservar la sangre del cordón umbilical para uso propio? Lo cierto es que, a día de hoy, su utilidad clínica es muy baja, como recuerda Rafael Matesanz, director de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). «Guardar el cordón para uno mismo tiene una utilidad cercana a cero, ya que la mayoría de las enfermedades que se pueden curar con células madre tienen un componente genético, por lo que es casi seguro que la enfermedad esté presente en las células trasplantadas», explica el nefrólogo. No obstante, Matesanz no cierra las puertas a los bancos privados, si bien incide en que, a día de hoy, es más útil acudir al banco público. «La gente lo puede guardar si quiere en busca de una utilidad futura que aún no se conoce», insiste. La realidad de las cifras parece dar la razón a la ONT. Desde que en los años 90 del siglo pasado se descubriera que la sangre de cordón umbilical era muy rica en células madre, el banco público ha aportado más de 1.900 cordones para trasplantes en España de los 56.000 con los que cuenta. Por el contrario, sólo se ha realizado un único autotrasplante con las 50.000 unidades que almacén los siete bancos privados que hay en España. Además, sólo 68 unidades están dentro de nuestras fronteras. «Es como contratar un seguro: lo tienes ahí, pero si no lo usas, mejor», afirma Sánchez, de Ivida.

Con todo, la probabilidad de que un niño necesite un cordón para tratar una enfermedad de la sangre «es inferior a 1 entre 20.000», según apunta la Fundación Josep Carreras contra la leucemia. Otra de las ventajas del banco público reside en la coordinación entre el Redmo y el resto de bancos públicos de cordón del mundo, lo que amplía el número de unidades disponibles a más de 450.000. A pesar de todos estos datos, algunos padres optan por guardar la sangre para uso propio, en previsión de futuros avances científicos que conviertan la muestra congelada en un salvavidas para su hijo. «La ONT dice que la probabilidad de uso es muy baja pero, aunque sea baja, ¿por qué no lo voy a guardar?», argumentan desde Ivida. Es más, la mayoría de empresas que ofertan la conservación del cordón umbilical o de la sangre que se extrae de éste informan sobre una multitud de ensayos clínicos avanzados en los que se están utilizando las células troncales: la esclerosis múltiple o el cáncer de mama son dos de ellos.

«Me parece bien que se quiera evitar que se comercie con esto, pero nuestra actividad es complementaria a la del banco público. No somos competencia y los padres tienen derecho a elegir», sostiene el director de Ivida.

El problema es que, como las probabilidades de uso futuro son escasas, algunos han intentado hacer negocio a costa de la buena fe de quienes han elegido un banco privado para guardar las células madre de su hijo, como ha sucedido en nuestro país con una estafa desarticulada por la Guardia Civil el año pasado. Los autores de la trama, que fueron detenidos, hacían creer falsamente que conservaban las unidades de sangre umbilical en laboratorios fuera de España, con la esperanza de que los padres nunca las reclamarían. «Juegan con la ley de probabilidades, ya que es casi seguro que no se va a utilizar», dice Matesanz. No obstante, el director de la ONT resta importancia al fraude, que califica de local. «Los bancos privados españoles tienen control y la gente que contrata sus servicios puede tener claro que guardan las unidades de cordón, aunque sea poco útil», concluye. Sólo el futuro dirá si conservar el cordón umbilical para uso propio llega algún día a ser más «rentable» de lo que lo es hoy en día.