«Te enseñan a no ir sola por sitios oscuros, en vez de enseñar a los monstruos a no serlo»

Bernardo Montoya fue detenido ayer por la muerte de la profesora de Huelva. Había salido de la cárcel hace apenas dos meses tras cumplir condena por otro asesinato. «Se ha puesto nervioso en cuanto se ha visto cercado».

Efectivos de la UCO Guardia Civil custodian la casa número 1 de la calle Córdoba de El Campillo (Huelva). EFE/ Julián Pérez
Efectivos de la UCO Guardia Civil custodian la casa número 1 de la calle Córdoba de El Campillo (Huelva). EFE/ Julián Pérez

Bernardo Montoya fue detenido ayer por la muerte de la profesora de Huelva. Había salido de la cárcel hace apenas dos meses tras cumplir condena por otro asesinato. «Se ha puesto nervioso en cuanto se ha visto cercado».

Hará un par de meses que Manuel Montoya había vuelto a El Campillo para acondicionar una casita baja ante la inminente salida de prisión de uno de sus problemáticos hijos. Hace muchos años, el patriarca de esta familia gitana originaria de Barcelona y que recaló en Huelva hace unos 25 años, compró en la parte vieja de este pequeño pueblo onubense un par de terrenos donde se construyeron dos casas bajas. Eran el número 1 y el 13 de la calle Córdoba, pero están situadas una frente a la otra. Hace unos tres años, la del número 13 la acabó vendiendo a una profesora de instituto. Es la compañera de Laura Luelmo en el IES Vázquez Díaz de Nerva, quien le dejó la vivienda a su nueva compañera zamorana. Se da así la paradoja de que la casa donde vivió Laura en su corta estancia en El Campillo pertenecía en origen al padre de su presunto asesino. Puede ser que Bernardo Montoya, detenido ayer como presunto autor de la muerte de la chica, conociera bien al vivienda donde se alojaba su presa. Para él eran esos preparativos de acondicionar la casita del número 1 hace un par de meses. Según los vecinos de al lado, entre el padre y unos sobrinos del autor del crimen, sacaron hasta un sofá a la calle para limpiarlo con la manguera.

Todo estaba a punto para la llegada de Bernardo, que acababa de cumplir condena por un robo con violencia, aunque no era la primera vez que estaba en prisión. En 1995 fue condenado a 17 años por el asesinato de una anciana en Cortegana, base de esta familia gitana y de donde estaban repudiados tanto él como su hermano gemelo Luciano. Tal era el parecido que muchos en El Campillo creyeron que quien había vuelto al pueblo era Luciano.

El presunto agresor de Laura ya había intentado violar a una chica del pueblo en 2008 durante un permiso penitenciario. Era Sonia, una peluquera del pueblo y se salvó porque iba con su pastor alemán, pero Bernardo lo acabó apuñalando con su arma blanca. También se atribuye a este clan y a los Aguilera (el clan más famoso de Cortegana) y con quienes se casaron estos hermanos Montoya cuando llegaron desde Barcelona, el asesinato el pasado mes de enero de un chico con discapacidad psíquica. «Se lió mucho, les tiraron piedras a las casas y de todo, el chico apareció ahorcado con su propio cinturón en una explanada del pueblo», asegura un vecino.

Recién salido de prisión, Bernardo no tenía nada en lo que emplear el tiempo y, según explicó la víctima a su novio, se sentaba en la puerta y se pasaba la tarde mirando. Desgraciadamente, ella estaba en el punto de mira aunque nunca pensó que para algo así. Por el momento, no ha trascendido el lugar donde Bernardo pudo acabar con la vida de Laura. Se cree incluso con que pudiera hacerlo en alguna de las dos viviendas de la que Laura salía o regresaba de su paseo. O que fuera a buscarla por el campo cuando salió. Lo que parece extraño es que la joven llegara hasta la antena que le dio cobertura a eso de las 21:00 horas del miércoles. Puede que su captor se llevara el teléfono de la víctima y pasara por allí a esa hora antes de deshacerse de él (y ella ya estuviera muerta a esa hora).

Unos vecinos, que alternaban la noche del miércoles (día de la desaparición de Laura) en una sociedad de cazadores que linda con la casa de Laura, se sobresaltaron con unos ruidos que se escucharon provenir de la casa de la chica. «No veas que porrazos están dando ahí, ¿no?», comentaron.

También recuerdan los parroquianos de este lugar el episodio del viernes por la noche entre Bernardo y la Guardia Civil. Una patrulla estaba apostada entre su puerta y la de Laura y él, que regresaba a su casa por el callejón de atrás, donde está esta sociedad, dio la vuelta en cuanto los vio. Primero, andando, y en cuanto terminó el callejón, echó a correr hasta salir con el coche a toda velocidad. Puede que los investigadores no le hayan perdido la pista desde entonces, pero no fue hasta ayer por la mañana cuando se produjo la detención. «Se ha puesto nervioso en cuanto se ha sentido cercado», explicaron fuentes del caso.

Así, su arresto se llevó a cabo a unos 40 kilómetros del pueblo, cerca de Cortegana, donde estaba su «base», y provocó una persecución policial en coche. Se desconoce si viajaba a bordo de su famoso Alfa Romeo negro. Puede que la Guardia Civil también tenga algo de su vehículo relacionado con el crimen, porque parece seguro que no fue asesinada en el lugar donde encontraron su cuerpo. De momento, ayer solicitaron los vídeos de las cámaras de seguridad de un hotel de Cortegana con el objetivo de ubicar el vehículo por si hubiese pasado por allí.

Los investigadores no descartan incluso que hayan participado más personas en el crimen. De hecho, un vecino de El Campillo alertó de que la tarde del miércoles, cerca de su huerta, había un coche y una chica y dos chicos donde nunca hay nadie, pero no puede decir si se trataba de Laura. Esa misma tarde también andaban por el pueblo dos sobrinos de Bernardo; uno de ellos cojo, el mismo que ayudó aquel día a limpiar la casa. Parece raro que su tío estuviera cometiendo un crimen y ellos, sin ser del pueblo, no sepan nada.

Ayer también se practicó el registro a la vivienda del detenido durante tres horas y media, y «se tiró algún tabique o se levantó el suelo» en busca de evidencias científicas que ayuden a esclarecer el suceso. Al cierre de esta edición, el equipo de Inspecciones Oculares seguía trabajando con drones y midiendo el ancho del camino.

Tras la detención, Manuel Montoya, padre de Bernanrdo, se solidarizó con la familia de la joven: «Si mi hijo lo ha hecho, que lo pague, porque eso no se puede hacer».

Un amplio historial delictivo

1995. Asesinato de una anciana. El 13 de diciembre de 1995, Bernardo, provisto de un machete penetró en el domicilio de una mujer de 82 años con el objetivo de que no declarara en su contra. Y es que se iba a celebrar un juicio contra él por delitos de allanamiento de morada y lesiones causadas a la fallecida. Fue condenado a 17 años de prisión y se le prohibió volver a Cortegana en cinco años.

2008. Intento de violación. Bernardo intento agredir, durante un permiso, a una joven de 27 años que paseaba con su perro por un parque de El Campillo. Sin embargo, la joven consiguió que no se consumara la agresión, principalmente gracias a su perro, un pastor alemán, que recibió una puñalada de 15 centímetros del ahora detenido. Fue condenado a un año y seis meses.

Quebrantamiento de condena y robos. Entre diciembre de 2009 y octubre de 2010, quebrantó otro permiso cumpliendo la condena por el asesinato de la anciana. Fue él quien volvió voluntariamente a prisión. Tras salir de la cárcel definitivamente en marzo de 2015, volvió a cometer otros dos robos con violencia. Fue condenado a dos años y diez meses.