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Una estudiante ceutí pierde el alquiler por sus apellidos

Lamia Ahmed quiso entrar en un piso en Málaga pero la casera se lo negó por sus apellidos y su lugar de nacimiento

Lamia Ahmed llegó a Málaga hace dos años para empezar la carrera de Criminología y a través de una amiga consiguió las señas de un piso para quedarse de alquiler junto a otras chicas que buscaban compañera. Pero cuál fue su sorpresa cuando al empezar con los trámites con la casera, una de las chicas «me escribe para decirme que la casera al ver mi apellido, que es Ahmed Ahmed, se quedó chocada». La situación se agravó, al parecer cuando entre los datos de Lamia la casera pudo ver su lugar de nacimiento: el Barrio del Príncipe Alfonso en Ceuta. «Me he criado y he crecido en el barrio», cuenta Lamia a LA RAZÓN y explica que «mi abuela y gran parte de mi familia son de allí. Mis padres son nacidos en España pero mis abuelos no; son del Rif, de ahí vienen mis apellidos». Lamia se muestra orgullosa de sus orígenes: «Es un barrio completamente normal, cada familia es un mundo y hay gente buena y mala como en todos lados. Criaría a mis hijos allí, a mi barrio le debo mucho, si fuese tan malo no le tendría tanto cariño. Que haya más delincuencia o no, es algo ajeno a mí, al igual que yo hay muchas personas que quieren vivir legalmente y formarse».

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Todo esto tuvo lugar este martes y «de ahí que quisiera desahogarme y lo publicase en Twitter por la impotencia y lo mal que me sentía». Resulta que la casera argumenta que conoce el lugar «porque ha trabajado como fiscal ahí y que era un barrio con mucha delincuencia» y bueno, «que no podía, por consiguiente, vivir ahí». Lamia se queja de que no le han dado tiempo ni opción «de hablar con ella. No me coge el teléfono, no me ha conocido, nunca jamás he podido entablar conversación con ella». Esta estudiante de 19 años cree que no es justo que la hayan juzgado por nacer «en un barrio donde hay mucha delincuencia, cuando llevo toda mi vida estudiando para salir de ahí y no seguir ese camino de “delincuencia”». Si pudiese hablar con ella, Lamia asegura que «le explicaría mi situación, le diría que en mi casa le abriría las puertas y le presentaría a la maravillosa familia que tengo y a los maravillosos vecinos que no se dedican a nada ilegal. Gente honrada, humilde y que salen adelante con lo poco que tienen». Dice entender el «miedo irracional» que a veces nos ciega, pero aboga por aprender de lo diferente y de otras culturas y, sobre todo, «me enseñaron siempre a respetar a los demás por encima de todo».

Ahora las redes sociales se han volcado con ella, en una situación que consideran injusta a todas luces. Ella, para demostrar su buena fe ha aclarado que «es su piso y puede alquilarlo a quien quiera, obviamente, a mi lo que me duele es que sigan existiendo tales prejuicios y que no me hubiese conocido siquiera, que me hagan sentir peor que las demás por venir de un sitio del que ME SIENTO MUY ORGULLOSA».

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