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Uri es capaz de regenerar las células del intestino dañadas por la radiación

Niveles elevados de esta proteína ha permitido que ratones con síndrome gastrointestinal regeneren la parte dañada y sobrevivan en un 100% de casos

  • En rojo, las células altamente proliferativas del intestino, que se consideran sensibles a la radiación y mueren durante la terapia. En verde, células madre durmientes con altos niveles de proteína URI, que se vuelven proliferativas tras la radiación para regenerar el intestino dañado
    En rojo, las células altamente proliferativas del intestino, que se consideran sensibles a la radiación y mueren durante la terapia. En verde, células madre durmientes con altos niveles de proteína URI, que se vuelven proliferativas tras la radiación para regenerar el intestino dañado /

    CNIO

Tiempo de lectura 4 min.

30 de mayo de 2019. 18:39h

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Belén V. Conquero 30/5/2019

Una de las terapias más efectivas para luchar contra el cáncer es la radioterapia. Es la técnica más eficaz por detrás de la cirugía. Es más, alrededor de un 50 por ciento de los pacientes con tumores en páncreas, colon, próstata e hígado se tratan con esta técnica, ya que cuenta con tasas de supervivencia y de curación elevadas. Sin embargo, existe cierto estigma en su uso por los efectos secundarios que puede producir. Y en éstos es en los que ha estado trabajando el Grupo de Factores del Crecimiento, Nutrientes y Cáncer del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) liderado por Nabil Djouder, responsable de la unidad. Este investigador lleva cerca de una década intentando entender el funcionamiento de una proteína llamada URI y hoy publica en “Science” un importante descubrimiento: protege frente a la radioterapia.

“Es una proteína que se ha descubierto hace unos 15 años y de la que aún desconocemos muchas cosas. Sabemos que es clave en la regulación del ciclo celular”, explica el investigador a LA RAZÓN. Desde su llegada al CNIO en 2009, Djouder ha creado los únicos ratones que existen en el mundo que no cuentan con esta proteína o que la tienen sobreexpuesta. “Sabemos que protege las células intestinales, pero también nos dimos cuenta de que protegía frente a ciertos factores ambientales como la radiación”, expone. Un dato muy importante: “Sabemos que sin URI, el ratón sufre un fallo gastrointestinal y fallece en ocho días”. Pero también es relevante conocer que la existencia abundante de esta proteína en otros órganos puede ser clave para desarrollar un tumor.

En este trabajo lo que han determinado es que unos niveles altos de la proteína URI protegen a los ratones de los daños intestinales producidos por la radiación, mientras que niveles bajos o su supresión llevan al desarrollo del síndrome gastrointestinal y a su fallecimiento.

Después de ser sometidos a radiación, los ratones diseñados para expresar altos niveles de URI sobrevivieron al síndrome gastrointestinal en un 100% de los casos, cuando, en condiciones normales, fallece hasta un 70% de ellos. En cambio, los ratones sin el gen fallecieron en su totalidad por el síndrome. La investigadora predoctoral Almudena Chaves-Pérez explica estos resultados: “Lo que diferencia a esta población específica de células madre de otras es que en estado normal (cuando fabrican URI) son quiescentes, es decir, no proliferan. Esto hace que no se vean sometidas a los daños causados por la radiación, que solo afectan a las células que proliferan. Por otro lado, cuando estas células madre no fabrican URI, se sobreactiva la expresión de c-MYC, un conocido oncogén (gen que por su gran capacidad de mutación es proclive a producir cáncer), lo que hace que proliferen y mueran debido a los daños causados por la radiación. Esto impide que el intestino se regenere, lo que hace que deje de ser funcional y el ratón fallezca”.

Aunque necesita ser confirmado en próximos estudios, Djouder considera que los inhibidores de c-MYC podrían ser de utilidad para paliar el síndrome gastrointestinal inducido por la radiación en pacientes. “Este estudio propone nuevos tratamientos mediante inhibición o eliminación de c-MYC, que podrían disminuir los efectos secundarios letales de la radioterapia y permitirían aumentar las dosis de radiación para combatir de manera más eficaz los tumores gastrointestinales”, explica Djouder.

“Los viajes espaciales podrían ser viables”

Y no sólo eso. ¿Qué ocurriría si pudiéramos utilizar URI para protegernos frente a las radiaciones producidas por un accidente nuclear? O, en un futuro no tan lejano, podría tener su utilidad en viajes espaciales donde los rayos cósmicos son uno de los principales escollos para los astronautas. “Es una visión futurista, pero que segura que tendrá su uso. “Los viajes espaciales de larga duración podrían ser viables”, sostiene el investigador.

La radioterapia cura más que la quimio

“En este momento es una de las terapias que más cura, en más del 40 por ciento de los casos, sólo la supera la cirugía, que lo hace en el 50 por ciento”, insiste Jorge Contreras, presidente electo de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR). Sobre todo se utiliza para tumores de próstata, laringe, pulmón localizado, vejiga o mama conservadora. Contreras insiste en que “la toxicidad suele ser baja, sobre todo con la nueva tecnología que se ha ido incorporando, pero los ciudadanos aún identifican la radioterapia con Fukushima o Chernóbil. Además, en una primera época, cuando se descubrió, se utilizó demasiado y produjeron muchos efectos secundarios”. Por ello, este experto insiste en que la radio es “una buena alternativa para los tumores que no tienen buena cirugía, mata las células que crecen rápidamente”.

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