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Tecnología

¿Es la hora de los robots?

la exponencial implantación de máquinas inteligentes en los puestos de trabajo aumenta las dudas sobre la futura robotización empresarial

Desde hace 14.000 años se está repitiendo una constante en la historia de la humanidad: cada vez que se produce una disrupción tecnológica o evolutiva en nuestra especie humana se sucede una gran crisis. Lo único positivo que nos va a traer esta última es que siempre van acompañadas de una revolución, y ésta, traerá nuevas oportunidades desconocidas hasta ahora de la mano de las llamadas Exponential Technologies y la robótica es una de ellas. Durante los últimos meses habrá oído hablar de la desaceleración. Para que se hagas una idea real son los mismos «brotes verdes» de 2008, pero esta vez para ser originales, los anuncian de otra forma. Con este nuevo «bachecito» muchísimos trabajadores pasarán de ser de clase media a «supervivientes». Tendrán que gestionar a partir de ahora una constante incertidumbre laboral que, por otro lado, será lo habitual. El trabajo para toda la vida se ha acabado, pero nadie lo comenta abiertamente y, menos, si se dedicas a la política o está cerca de algún sindicato porque ellos, al menos, se han asegurado una pensión. Nunca habíamos hecho cambios tan rápidos en nuestras vidas, pero jamás volveremos a ir tan despacio. O ha empezado a adaptarse y prepararse para la avalancha de transformaciones que están llegando, o la alternativa de no hacerlo a tiempo va a ser un desastre. En nuestro país están convergiendo, a mí me gustaría redefinirlas como «causalidades», una gran avalancha de cambios o circunstancias, que probablemente irán acompañadas de una transformación devastadora de muchos negocios nunca vista hasta ahora que precipitará los acontecimientos: la #crisis4.0. Ahora, hay casi más «expertos en transformación digital» que «coachs» y todos cuentan los mismo: un robot le va a quitar el trabajo. Y en el fondo tienen razón, pero no explicarle que el «bot» que no ve es el más peligroso y no relacionarlo con la evolución exponencial de la Inteligencia Artificial o cómo el 5G en muy pocos años va a cambiarlo todo por la capacidad de poder «pensar decisiones» en un centro de proceso de datos es como hablar de filosofía y pensar que Aristóteles era un personaje de Disney.

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Impuestos y efectividad

Correr en dirección contraria a la tecnología de robotización hará que ni sea competitivo ni eficiente; por ende, las empresas líderes en tecnología, computación en la nube, gestión de infraestructuras de datos, comunicaciones e Inteligencia Artificial, nos llevan demasiada ventaja como para poder alcanzarlas. Las 3D van a eliminar, transformar y crear millones de empleos. Cualquier trabajo que sea «dirty» (sucio o que no quiera hacer nadie), «dull» (aburrido) o «dangerous» (peligroso), lo hará una máquina. El problema es que, especialmente en España, debido al castigo impositivo que se le hace al directivo que gestiona una compañía, aparece con fuerza una nueva «d», la de «deseado». Es decir, un robot que no paga impuestos, que es más eficiente y que todas las compañías van a desear fervientemente utilizar, para sustituir hasta al último de sus humanos, va a implicar la robotización de puestos de trabajo a través de soluciones como los famosos RPA (Robotic Process Automation) va a estar a la orden del día. La imagen de un sabio hablando y los trabajadores tomando notas es la misma que la de los escribanos de hace 3.000 años en el antiguo Egipto: teclear es de esclavos. Un robot con Inteligencia Artificial lo hace mucho mejor que un humano. Tenemos que instruir a nuestros empleados y a nuestros jóvenes en nuevas habilidades y no en memorizar, porque cualquier trabajo repetitivo lo desempeñará mejor una máquina. Si alguno se piensa que la solución pasa porque «los robots» paguen impuestos es porque no ha pensado que un «trabajador robot» se puede poner literalmente de bajo de un colchón (eso sí, con algo de ventilación y conexión a internet), pero en alguna nube, fuera del control fiscal, en la Irlanda «brexitada», es evidente que sucederá. ¿Mi aspirador «iRoomba» deberá pagar impuestos? ¿Y la Thermomix que ha llenado las cocinas de todos los restaurantes? Es absurdo. Aunque vista la nueva normativa que obliga a que los vehículos eléctricos en Europa tengan que hacer «ruiditos», todo es posible. Es evidente que los americanos hacen los negocios del presente, los asiáticos los copian y los mejoran, mientras que en Europa seguimos perdiendo el tiempo legislando.

El autómata, más rentable

Mientras tanto, nuestros socios alemanes, que ven que el agua les empieza a llegar al cuello, se aprovechan de una débil España, llena de incertidumbre, y han conseguido llevarse a Berlín la GigaFactory4 de Tesla. Los sueldos allí son muchísimo más caros que en España, pero ante la oportunidad de traer empleos y empresas aquí, grupos políticos españoles, siguen amenazando con freír a impuestos a empresarios, banqueros y autónomos Entonces, ¿cómo vamos a traer a una compañía con los robots tecnológicamente más avanzados del planeta? En Alemania saben que esta desventaja para España se convertirá en una ventaja que deben mantener para continuar siendo el motor de la industria automovilística del viejo continente. Sin embargo, el autómata más rentable de esta empresa americana no es el que montará las puertas de un Model S, sino su «robot conductor» o «selfdrive» que lo guiará por las carreteras europeas. Vamos a pasar del «me gusta conducir», al «hoy no me apetece conducir», un concepto que lo cambiará todo. Conducir será de pobres y todos queremos ser ricos y vivir como ellos. Con los vehículos autónomos podremos desplazarnos durmiendo, comiendo, trabajando, viendo una película, que el coche vaya solo a llevar a los niños al colegio… En Alemania hoy ya se venden más Teslas de gama alta que BMWs y Mercedes juntos. Ahora, los gigantes automovilísticos mundiales acaban de darse cuenta que no tenían que adaptarse al cambio, había que generarlo. Llegan tarde y lo saben. Gracias a los futuros conductores cibernéticos surge una cantidad de oportunidades brutal, porque el coche necesitará estar preparado para que podamos dormir, escuchar música, ver películas, series…. Y, por supuesto, todo este entretenimiento incluirá publicidad, que es el gran negocio que busca Google, que está desarrollando su propio software de conducción autónoma/robótica llamada Waymo. Y de nuevo, en la conducción autónoma robotizada, deberíamos controlar qué puertas dejamos abiertas a compañías extranjeras en el ámbito legislativo, mientras castigamos a las españolas con impuestos. Mientras tanto, las compañías de EEUU seguirán conquistando imparables la galaxia, al tiempo que Trump mantiene entretenidos a los chinos tocándoles las narices con su «Huawegate», los aranceles y todas las armas posibles que se le vayan ocurriendo a golpe de Twitter. Su economía seguirá creciendo, por mucho que sus enemigos, Rusia o China, se empeñen en difundir «fake news» (robots periodistas politizados) sobre una posible recesión en Estados Unidos, la importancia del conflicto catalán o potenciar el Brexit como la solución a todos los problemas de los británicos. Y claro, muy amigos de Donald Trump tampoco parece que lo seamos: «La Unión Europea es posiblemente tan mala como China, solo que es más pequeña», dice el mandatario. El futuro no va a ser fácil y a nadie nos gusta los cambios, pero el mercado laboral y económico ya está sufriendo grandes transformaciones provocadas por las tecnologías. La incapacidad de nuestros gobernantes para afrontarlas a tiempo es evidente, pero nos seguirán entreteniendo con problemas inventados (las banderas, la corrupción, la educación concertada, la igualdad de las mujeres, el cambio climático), utilizando sin reparos, la desconocida «ventana de Overton» que manejan con maestría. Detalles como quién va a pagar las pensiones del mañana, la falta de una formación actualizada a las nuevas tecnologías exponenciales o el final de la clase media en los próximos años, nos los vamos a encontrar a modo de portazo. La enorme recesión será un toque de atención a todos los gobiernos, y esta vez ocurrirá casi a la misma velocidad en la que el malo de los vengadores, Thanos, chasqueó sus dedos, eliminando la mitad de los habitantes de la galaxia. Nosotros seremos la última generación que vivió el periodo de paz y prosperidad más largo de la historia en el viejo continente. ¿Tenemos algún plan para hacer frente a esta próxima crisis del sector agrícola, transportes, turístico e incluso del sector textil?, ¿rebaja de impuestos?, ¿acuerdos estratégicos? No, pero hemos desenterrado a un hombre que llevaba 44 años muerto y organizado la cumbre del clima. Preocuparse por los robots cuando nuestros políticos y vecinos más cercanos, los europeos, están más divididos que nunca, tecnológicamente dependientes de compañías americanas de Inteligencia Artificial o las comunicaciones 5G de China, es de risa.