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¿Por qué hay quienes siguen pensando que el COVID-19 salió de un laboratorio?

La respuesta la han dado autoridades de la OMS, Harvard y M.I.T.

Micrografía electrónica de barrido coloreada de una célula apoptótica (rosa) muy infectada con partículas del virus SARS-COV-2 (verde), aislada de una muestra de un paciente
Micrografía electrónica de barrido coloreada de una célula apoptótica (rosa) muy infectada con partículas del virus SARS-COV-2 (verde), aislada de una muestra de un pacientearchivo

Entre el 14 de enero y el 10 de febrero de este año, un equipo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) junto a 17 expertos chinos, realizó un informe de 123 páginas para determinar el origen del virus SARS-CoV-2. El mismo se publicó el 30 de marzo de este año. La conclusión principal es que era “extremadamente improbable” que el coronavirus fuera liberado accidentalmente desde un laboratorio de investigación en China. Pero la idea sigue persistiendo. ¿Por qué?

Básicamente por los responsables de la investigación. El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha dicho que “aunque el equipo ha llegado a la conclusión de que una fuga de laboratorio es la hipótesis menos probable, es necesaria una investigación más profunda, posiblemente con misiones adicionales que involucren a expertos”.

En particular, Ghebreyesus señaló que no estaba convencido de la investigación, especialmente porque era difícil acceder a los datos sin procesar, y sugirió que la hipótesis de la fuga de laboratorio merecía más atención. El problema con esta hipótesis no es que la sostenga la OMS, que ya está muy cuestionada en diferentes frentes, sino otras voces reconocidas también se han hecho eco. Una de ellas es Alina Chan, doctora en biología molecular, especializada en terapia génica e ingeniería celular del Instituto Broad del MIT y Harvard. Chan también señala que sería necesario profundizar en la investigación de esta hipótesis.

“Quiero dejar muy claro que todavía creo que el comercio de vida silvestre es un escenario plausible”, señalaba Chan en una entrevista. “Pero creo que es esencial que tengamos una investigación real, creíble y libre de influencia política, sobre si este virus podría provenir de un laboratorio o del comercio de vida silvestre”. Una de las diferencias que señala Chan entre el SARS-CoV-1 y el SARS-CoV-2 es que el primero producía muchas mutaciones para adaptarse al huésped, docenas en los primeros dos o tres meses, mientras que el responsable de la COVID-19 era mucho más estable en términos genéticos.

Ninguna conspiración

De acuerdo con Chan, el Instituto de Virología de Wuhan (VIW por sus siglas en inglés) es el sitio donde se debería investigar en profundidad. Se trata del primer laboratorio del país con la certificación de bioseguridad más alta reconocida hasta la fecha: BSL-4. En total hay unos 54 laboratorios en todo el mundo con esta capacidad. El de Wuhan cuenta con 3.000 metros cuadrados exclusivos para BSL-4, a los que suma otros 20 laboratorios de categoría BSL-2 y otros dos BSL-3.

“Allí tienen el genoma del virus más cercano al SARS-CoV-2 y se llama RaTG13″, añade Chan”. “El virus fue recolectado de materia fecal de murciélagos en una cueva en la provincia china de Yunnan, en la que los mineros habían enfermado con síntomas similares al SARS”.

La similitud de los virus está señalada por diferentes estudios y tanto Chan como fuentes del Washington Post señalan que los cuidados que se tenían en el VIW no siempre cumplían con la normativa BSL-4.

Todo esto no significa que hay una conspiración, sino que los científicos buscan una respuesta y cuando los datos no son objetivos o se inclinan a uno u otro lado por motivos políticos, hay que seguir investigando.