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El 47,2% pagaría más para evitar deslocalizaciones

Los encuestados confían en los beneficios de la globalización, aunque buscarían formas de minimizar sus efectos negativos

La aluminera estadounidense Alcoa comunicó hace varios días su intención de cerrar dos plantas en España –700 empleos directos– para trasladar su producción al extranjero
La aluminera estadounidense Alcoa comunicó hace varios días su intención de cerrar dos plantas en España –700 empleos directos– para trasladar su producción al extranjero

Los encuestados confían en los beneficios de la globalización, aunque buscarían formas de minimizar sus efectos negativos.

Hoy el mundo se ha convertido en un todo interconectado e interdependiente en el que cada acción concreta tiene consecuencias universales. La creación de esta «aldea global» ha generado efectos enriquecedores pero también consecuencias perniciosas para las sociedades modernas. Que la tasa de empleo de una comarca gaditana dependa por completo de la ética del monarca saudí o que la industria aluminera en España esté a punto de desaparecer porque resulta más barato –y legalmente viable– trasladar la producción a otros países menos desarrollados son sólo dos de las realidades que nos resultan más cercanas e ilustran el dilema de la globalización.

A pesar de ser un fenómeno en que estamos inmersos de lleno y que empapa de forma sutil hasta el más insignificante detalle de nuestras vidas, los españoles somos incapaces de comprender su magnitud. Aún así, lo afrontamos de modo pragmático, aprovechando al máximo los beneficios que nos brinda aunque queriendo poner coto a sus disfunciones en la medida de nuestras posibilidades. Eso se extrae de la encuesta de NC Report para LA RAZÓN. Cuatro de cada diez interpelados creen que la globalización es y será positiva para su bienestar, aunque el 35% declara no conocer su impacto.

Además, el 43% de los encuestados ignoran si supone un proceso reversible o imparable. Sin embargo, una amplia mayoría –el 73,1%– apoyaría que se obligase a las empresas que acaban optando por la deslocalización a devolver las ayudas públicas que hubiesen percibido. Y casi la mitad de los encuestados reconocen que pagarían más por sus productos a cambio de que las compañías no llevasen sus fábricas al extranjero. La globalización, queramos o no, seguirá presente, pero en nuestras manos está moldearla.