Karlos Arguiñano: «La verdad es que tengo una vida fácil»

El cocinero ha sido galardonado con el Premio Nacional de Televisión 2021

El cocinero vasco se asoma diariamente a la ventana televisiva que le ofrece el plató que el grupo Bainet tiene en Orio dónde graba «Cocina Abierta con Karlos Arguiñano» para Antena 3
El cocinero vasco se asoma diariamente a la ventana televisiva que le ofrece el plató que el grupo Bainet tiene en Orio dónde graba «Cocina Abierta con Karlos Arguiñano» para Antena 3Antena 3Atresmedia

A las 7 de la mañana de cualquier día, el cocinero vasco Karlos Arguiñano ya está en pie para comenzar la jornada que empieza con el sol dando en su casa del campo, dónde llena de animales, el gallo puede hacerle hasta de despertador. «Es un gusto», relata a LA RAZÓN el chef recientemente galardonado con el Premio Nacional de Televisión 2021. Lo primero un buen desayuno: «Normalmente algo salado, puede ser un revueltito, un huevo frito o pasado por agua, y si me han sobrado algunos espárragos de por la noche...». Con las pilas cargadas se dirige a su restaurante, «el Arguiñano» como nos indica con confianza, y allí, «me reúno con mis hijos a las ocho y cuarto o así, me tomo un cafetito y hablamos de nuestras cosas». A las nueve y cuarto, «ya me vengo a Bainet (plató en Orio), que es donde grabo el programa cada día». Cuando nos contesta al teléfono, nos avisa de que «estoy a punto de pintarme los labios para arrancar». Tras la grabación se va a su casa a comer, para luego dedicarse a algo que se nota que disfruta. «Me preocupo de visitar a los animales: la semana pasada han nacido cerdos, cabritas, tengo muchas gallinas, ocas, y tengo dos vacas y tres terneros», nos narra antes de añadir que sumando el cuidado de su huerta, «estoy entretenido. La verdad es que tengo una vida fácil». Su día termina a las 10 de la noche, con un horario casi inglés, porque reconoce que «tampoco soy el Arguiñano de hace 10 años». Con 72 años a cuestas, «ya voy para el tres», le gusta recordar una frase que leyó en una entrevista reciente: «Uno que decía que se muere una vez, pero el resto de los días no. El resto de los días hay que aprovecharlos».

Gabilondo y Serrat

La semana pasada el Ministro de Cultura y Deportes, José Manuel Rodríguez Uribe anunciaba en su Twitter la concesión del Premio Nacional de Televisión para el veterano cocinero que no oculta su satisfacción: «La verdad es que en mi larga trayectoria he recibido muchas cosas, pero creo que este ha sido el premio más gordo que me han dado, por la repercusión que ha tenido». Narra como, si antes ya contaba con la simpatía del público, ahora, «es impresionante; nunca pensé que tantísima gente me iba a felicitar por un premio». Cualquier sitio es bueno para demostrarle el afecto de tantas horas cocinando con él, y han sido cientos «las llamadas, los mensajes, los saludos por la calle, la gente en los semáforos, en el mercado, en la pescadería, en la carnicería, las caseras...». Aparte de la felicitación por mensaje del Duque de Alba, algunas las atesora con especial cariño: «Me llamó Joan Manuel Serrat, y le digo, ’'esta mañana me ha felicitado Iñaki Gabilondo’', y me dice ’'le he dado yo el teléfono’'». Le preguntamos qué ha hecho con los 30.000 euros que conlleva el premio, y nos confiesa que ni siquiera ha querido tenerlos entre las manos: «Antes de cobrarlos ya los he donado, al Banco de Alimentos de Guipúzcoa y a Zaporeak, una ONG guipuzcoana, que lleva años colaborando con la isla de Quios con los refugiados. Normalmente casi todo, por no decir todo, lo que gano con publicidad, lo voy donando desde hace ya 25 años». No hay necesidad de dinero y confiesa que tras pagar «mis pufos y cubiertas mis historias», lo que quiere es «ser feliz y ayudar en lo que pueda». El dinero lo ha ganado con los programas de cocina, su aparición estelar en películas «de forma simbólica», y produciendo cintas como «Año Mariano», «Airbag», «El rey de la granja» o «15 días contigo», y reconoce que en ese mundillo ha dado guerra: «La verdad es que sí. Luego quedó muy gracioso. El cine es un negocio raro que no controlo mucho». Le gusta demostrar que «de mí no podrán decir que voy dando tumbos. Tengo las ideas bastante claras: en esta vida lo que hay que ser es buena persona y reir con los que ríen, llorar con los que lloran y, a poder ser, ayudar siempre que puedas. Es el mensaje que les transmito a mis hijos».

Arguiñano, cuyo padre quiso que fuera arquitecto y se quedó en oficial industrial en la fábrica de la CAF en Berasain, poniendo puertas y techos de locomotoras, espera «con ansiedad» que le llegue el momento de vacunarse: «No te puedes imaginar las ganas que tengo. Es que me parece la solución». Mientras tanto, seguirá opinando sobre políticos «como ciudadano normal, porque, a veces, les han pillado llevándose no sé cuantos millones de euros, los detienen, los meten en la cárcel, y nunca devuelven la tela». Los chistes seguirán siendo inevitables, porque «toda mi vida he sido chistoso y si no me río reviento». Reconoce que la pandemia «es de los momentos más duros que hemos vivido. Está durando mucho más de lo que yo pensaba. Tengo 12 nietos y llevo trece meses sin abrazarlos; es muy duro». A pesar de todo, asegura que «con este empujón que me habéis dado entre todos yo creo que tenéis Arguiñano para rato».