«Dopesick»: la pastilla que enganchó a Estados Unidos

Disney + estrena la miniserie protagonizada por Michael Keaton sobre el Oxycontin, el analgésico que desató la crisis de los opioides

Michael Keaton borda el papel de un médico rural que se ve dividido por el dolor de sus pacientes
Michael Keaton borda el papel de un médico rural que se ve dividido por el dolor de sus pacientes FOTO: Antony Platt HULU

«Ha llegado el momento de redefinir la naturaleza del dolor». Así de contundente es el planteamiento con el que comienza «Dopesick», la serie que ha estrenado Disney + y que pone el foco en la crisis de opioides que asola a Estados Unidos desde 1999. El dolor es uno de los miedos más antiguos del ser humano y esconde la mayor parte de las conductas irracionales e inhumanas.

La serie, creada por Danny Strong («Empire»), adapta en parte el libro de Beth Macy, «Dopesick: Dealers, Doctors and the Drug Company That Addicted America», en ocho episodios en los que se radiografía el lanzamiento del medicamento para el dolor OxyContin de la empresa Purdue Pharma, que prometía una adicción en menos del 1% de los pacientes. La miniserie es un relato ficticio de la epidemia, que mezcla figuras de la vida real con personajes que son un compendio de aquellos cuyas vidas se vieron afectadas y, a veces, destruidas, por opioides. La ficción presenta distintas ópticas del problema: desde la familia dueña de la compañía que lanza el analgésico, personificada en el pétreo Richard Sackler, interpretado con maestría por Michael Stuhlbarg; el médico rural Samuel Finnix (Michael Keaton) que receta de buena fe el Oxycontin a pacientes como la joven minera del carbón Betsy Mallum (Kaitlyn Dever); los fiscales que pretenden armar un caso contra los responsables, incluida la FDA por prestarse al etiquetado falso; el vendedor del medicamento sin escrúpulos, Bill Cutler (Will Poulter) y la DEA, con la agente Bridget Meyer (Rosario Dawson), intentando incriminar a la farmacéutica.

La historia, dirigida por el ganador del Oscar Barry Levinson («Rain Man») abarca varios periodos históricos, desde que en 1986, Richard Sackler habló de la «epidemia de sufrimiento» que había que paliar, hasta prácticamente la actualidad enseñando cómo los efectos secundarios de la peor epidemia de drogas en la historia de los Estados Unidos. Para que se hagan una idea, la aparición de Oxycontin provocó que aumentasen de manera desorbitada los casos de abandono infantil, que se saturaran las cárceles por delitos menores y el aumento de la prostitución. El saldo final es que, hasta la fecha, la crisis de opioides ha provocado casi medio millón de muertos y más de dos millones de adictos. Veremos con vergüenza que los vendedores eran instruidos para engañar y mentir sobre la adicción que causaba el medicamento y a utilizar cualquier regalo o truco para conseguir atraer a los médicos a su recetado.

Las actuaciones son estelares, comenzando por un Keaton que no pisaba la televisión desde que en 2007 interpretó a un agente de la CIA en «The Company», y que en esta ocasión borda su papel de médico rural que cuenta con la confianza de todo el pueblo al que está volviendo adicto, con una especie de angustia reprimida. Quizá lo menos exitoso es la concepción del guión con sus saltos temporales, que, en ocasiones, confunde más de lo que aclara. La intención tanto del creador, como del director y los actores, según han confesado en varias entrevistas, es poner el foco en este problema que sigue de actualidad y que se puede considerar un problema nacional. Pero también da la dimensión del caos que no permite legalmente responsabilizar a nadie, persona o grupo de personas, de la crisis de los opioides. Y más cuando la familia Sackler sigue negando haber cometido ningún delito.

De los años 80 a la actualidad
►La historia continúa fuera de las pantallas, ya que este año la familia Sackler acordó pagar 4,3 mil millones de dólares para mitigar el uso indebido de Oxycontin y declaró la compañía en bancarrota. Lo curioso es que con ello consiguió inmunidad frente a demandas por responsabilidad después de ganar más de 10 mil millones vendiendo el medicamento. Ningún miembro de la familia Sackler ha sido condenado por ningún proceso penal y acabarán , tras pagar las indemnizaciones, más ricos que ahora.