“Mira Netflix” le dijeron a Lisa para sus dolores de cabeza, que resultaron ser un tumor cerebral

La mujer, de 46 años, cuenta su caso tras cinco años de tratamiento “para ayudar a ofrecer esperanza”

Lisa con sus dos hijos y su marido
Lisa con sus dos hijos y su marido FOTO: La Razón Brain Tumoer Research

Lisa Thomas comenzó con 41 años a notar algunos dolores de cabeza mientras vivía en su casa de Alton, Hampshire con sus dos hijos, Jake, de 11 años, y Daniel, de 8, y su marido, Miles de 45. Ella misma cuenta su experiencia por si puediera servirle a otros, ya que antes de confirmarle que tenía un tumor cerebral, los médicos le recomendaron “que me fuera a casa, descansara y mirara Netflix para ayudarme a relajarme”.

“En el momento en que comenzaron mis síntomas, estaba trabajando como controlador de tráfico aéreo”, comenta Lisa contextualizando su momento vital. Llevaba 15 años en el mismo trabajo cuando en octubre de 2016, “cuando comencé a experimentar mareos, y cuando uno de ellos me hizo perder el conocimiento en el trabajo, y un colega me ayudó, reservé una cita con el médico de cabecera”. Desgraciadamente para ella esa primera visita no arrojó ningún reasultado alentador porque su médico, “no se preocupó, ya que era un Incidente aislado”.

Tras varios meses con nuevos marreos, “en enero de 2017 me desmayé nuevamente”. En esa ocasión los médicos buscaron vinculación entre los síntomas y posibles problemas cardiacos. Tras darle el alta, a los meses siguientes cesaron los mareos. “Pasé cuatro meses sin ningún síntoma, pero en mayo del mismo año, me sentía constantemente cansada y tenía dolores de cabeza insoportables. Después de varios viajes de ida y vuelta al médico de cabecera, me dieron diferentes antibióticos para probar, ya que pensaron que podría tener sinusitis”, sigue narrando Thomas.

Pero confiesa que llegó un momento en el que los dolores no paraban y ya no sabía a quién acudir. A finales de mayo llegó a un punto crítico y desvela que “me desperté sintiendo que alguien me golpeaba en la cabeza con un martillo; una agonía”. Así que llamó a una ambulancia y la trasladaron al A&E en el Royal Hampshire County Hospital en Winchester. Lisa cree que allí no la tomaron en serio y le volvieron a decir que tomara antibióticos: “Descubrí que el personal despreciaba el nivel de dolor que estaba experimentando. El médico subalterno finalmente me dijo que “no tenía por qué preocuparme” y que me fuera a casa, descansara y mirara Netflix para ayudarme a relajarme”.

Tras la decepción ella misma pagó unas pruebas privadas en el Nuffield Health Wessex Hospital en Eastleigh, porque “Quería descartar un tumor cerebral de la lista de posibles problemas de salud que pensé que podría ser y esperaba que fuera un seno bloqueado”. Al final el pero de los pronósticos se confirmó: “me dijeron que había un tumor creciendo en mi cerebro. Estaba muy asustada”.

Escáner de Lisa
Escáner de Lisa FOTO: La Razón Brain Tumoer Research

“Empecé con esteroides que ayudaron a aliviar mis dolores de cabeza casi de inmediato y me reuní con un neurocirujano en el Hospital General de Southampton, quien me explicó que el tumor era de alto grado y que necesitaría cirugía cerebral”, continúa contando Lisa, que se sintió aliviada cuando conoció la posibilidad de operarse: “Una semana y media después, el 17 de julio, los cirujanos extirparon todo el tumor y estaban satisfechos con lo bien que había ido el procedimiento.

Lisa durante las pruebas
Lisa durante las pruebas FOTO: La Razón Brain Tumoer Research

“Me dijeron que el tumor era un glioblastoma multiforme (GBM) y recuerdo que lo busqué en línea y descubrí el terrible pronóstico que conlleva: 12-18 meses. Solo el 5% de los pacientes sobrevive más de cinco años, eso fue difícil de leer”, comenta ahora Lisa, que también explica como sus padres vendieron su casa de Escocia y se mudaron a Hampshire para ayudar a la familia. “Al principio, no podía mirar a los niños sin llorar, imaginándolos creciendo sin mi presencia. Sentimos que eran demasiado pequeños para que les hablaran de mi diagnóstico y queríamos que vivieran una infancia sin preocupaciones. Saben que algo anda mal en mi cabeza, pero eso es todo”, detalla Thomas.

Pero si hay final feliz, tras seguir el tratamiento de radioterapia y quimioterapia, “tuve escaneos cada tres meses que mostraron resultados claros y después de dos años de escaneos limpios, solicité la devolución de mi licencia de conducir, lo que fue un gran paso para recuperar mi independencia. Ahora estoy teniendo escaneos semestrales”. Así consiguió Lisa Thomas superar su enfermedad, que cuenta tras cinco años con lo bueno y con lo malo, “para ayudar a ofrecer esperanza a al menos otra persona en un momento en que realmente la necesiten”.