Ni El Juli eclipsa la torería de Juan Ortega, el tercero en discordia

Más allá de los premios, el sevillano aprovechó la oportunidad de acartelarse con las figuras

Juan Ortega da un pase a su primer toro en el décimo festejo de la Feria de San Isidro, en el Palacio de Vistalegre, con toros de la ganadería de Garcigrande. EFE/Zipi
Juan Ortega da un pase a su primer toro en el décimo festejo de la Feria de San Isidro, en el Palacio de Vistalegre, con toros de la ganadería de Garcigrande. EFE/Zipi FOTO: Zipi EFE

El público, aunque menos numeroso que el día anterior, estaba muy impaciente. Ya pitaron a Morante y al picador del tercero volvieron a abroncarle. Los tendidos manifestaron que por muy sábado que sea, Roca Rey sigue siendo el diestro con más tirón del escalafón. Un cartel extrañamente rematado con Juan Ortega, que acompañaba a Morante y El Juli, era el penúltimo festejo de este San Isidro exprés y el último cartel de figuras.

Tras dos turnos insulsos de los que estaban llamados a ser los protagonistas de San Isidro, un imán parecía tener Ortega en su muleta templando hasta rozar la perfección. Vertical, simplificó las tandas con ligeros movimientos de cintura, casi sin inmutarse se pasaba el toro con una facilidad pasmosa. Torería mostró Ortega en una faena breve e intensa. No dudó en irse a por la espada. Tenía triunfo importante. Dos pinchazos le privaron de disfrutarlo.

Solo algunos detalles de gusto pudo dejar Morante con el primero. El sevillano venía de otra tarde de luces y sombras en Vistalegre, en la que lo bordó con el capote en el primero y no quiso ni ver a su segundo. Esta vez con el primero lo intentó pero no colaboró en ningún momento, mostrando nulas condiciones para la muleta. La espada alargaría todo aún más. Aplaudidas fueron las dos ocasiones en las que colocó al cuarto toro en el caballo. Después en la muleta poco pudo hacer el sevillano, que no se entendió con ninguno de los dos garcigrandes. Mucho mejor juego dio este hierro en el mano a mano de distintas ganaderías del miércoles que en el encierro que lidió ayer.

El Juli se tendría que fajar con el primero, no era toro para lucimiento, tuvo que buscárselas para sacar pase a pase, metiéndose entre los pitones. Pero ni por esas. El quinto fue sin lugar a dudas el toro de la tarde. Aunque en el capote ni en el caballo mostró grandes virtudes, en la muleta tenía recorrido y fijeza, condiciones que aprovechó el diestro madrileño para dar naturales muy largos y templados. Por el izquierdo iba solo. Sin embargo al toro le faltó casta, codicia y en definitiva, transmisión, para ser de triunfo redondo. Pero tras estocada entera, algo trasera, el público aclamó las dos orejas. El palco, aunque se haría de rogar, acabaría cediendo ante la presión de los tendidos y sacó el segundo pañuelo.

Fue una tarde en la que se pudo diferenciar el oficio de la inspiración, el oficio y el poder de El Juli, como máquina de interpretar embestidas y la inspiración de Juan Ortega. Incluso recibiendo alguna mirada criminal del último Garcigrande Ortega no se apabulló. Aunque tuviese menos movilidad que el primero, su arrancada era más franca y decidida, lo que le permitió torear al natural por el izquierdo. Incluso cuando el toro quiso dejar de embestir Ortega se empeñó en sacarle muletazos sueltos. No lo puso nada fácil el animal para entregar su vida, levantaba la cabeza cuando Ortega se disponía a ejecutar la suerte. En el segundo intento le metió la mano con habilidad. Se volvió a hacer de rogar el presidente, pero le acabó concediendo una oreja de libro. Aunque no sea lo más riguroso, ortodoxo o reglamentario, la tarde en su conjunto no podía quedar sin premio. A pesar de la espada, fue el torero que estuvo más por encima de sus dos oponentes. Complicado lote. De esta forma, más allá de los trofeos, el sevillano, fue el diestro más inspirado de una tarde en la que iba de tapado. Siempre ha sido torero de plazas importantes por su pellizco y clasicismo, teniendo gran capacidad para adornar los muletazos, dotando a sus faenas de mayor cantidad de matices. Las Ventas ya le tiene entre sus deseados para el próximo año.

Vistalegre . Décima de San Isidro. Toros de Garcigrande, desiguales de presentación. El 1º, le faltó movilidad; el 2º, complicado; el 3º, sin empuje; el 4º, noble,; el 5º, con fondo; el 6º, de franca embestida.

Morante de la Puebla, de sangre de toro y azabache, entera (silencio); entera (silencio).

El Juli, de ciruela y oro, entera (silecio); estocada punto trasera (dos orejas).

Juan Ortega, de verde botella y oro, dos pinchazos (vuelta al ruedo), estocada entera con destreza (oreja).