Toros

Francisco de Manuel ha venido para quedarse

El recién alternativado corta dos trofeos al igual que Roca Rey y Morante una, en el 36 aniversario de la muerte de Yiyo en Colmenar Viejo

Toros en Colmenar, dos años después
Toros en Colmenar, dos años despuésEmilio Mendez/Circuitos Taurinos

La tarde no se pasaba por alto. Por muchos motivos. El primero es el peso de la historia de un 30 de agosto, que es una losa. La muerte de Yiyo, 36 años después. Más de los que tenía cuando un toro le partió el corazón. Y para la fecha en la plaza de Colmenar y con una pandemia de por medio, impensable entonces, se había dado cita Morante, 19 años sin pisar esta plaza, en una de las mejores temporadas de su vida. Insultante.

Y Roca Rey, el peruano que hacía dos que tampoco venía por cuestiones varias. Ambos para dar alternativa a Francisco de Manuel. Sobre el papel algo caso circunstancial.

Poco tardó en reclamar su protagonismo. Lo hizo todo perfecto al toro de su alternativa. Tan tranquilo como si no fuera ese día. Con valor suficiente para tirar de recursos que sorprendieran y con la casi inaudita costumbre en estos tiempos de querer torear de verdad y muy ajustado con el toro, disfrutando, sintiéndose torero, sin desear que aquello pasara, sino regocijándose. Se tiró derecho con la espada y el toro la escupió, el descabello se atravesó. Una injusticia. Todo lo que hizo tuvo peso. Los pases de pecho a la hombrera, además de todo, personalidad. A tener en cuenta para el futuro.

DE Manuel, en Colmenar FOTO: Emilio Mendez/Circuitos Taurinos

Difícil momento

No se lo puso fácil a Morante el sobrero de Domingo Hernández, con un ritmo muy complicado entraba de una manera en el embroque y reponía mucho al final. En la tónica de su temporada le buscó las vueltas, aunque no fuera de las faenas agradecidas.

Un trofeo paseó del cuarto. Lo bueno que tiene Morante, está claro, no son los premios, es que hay en sus faenas un deleite de bien torear, de ver cómo resuelve conflictos, a veces los suyos propios, convencido siempre de por dónde ronda el toreo y por dónde no. La faena al repetidor cuarto no fue maciza, sí sincera y con muletazos robustos. Y sorprendente.

Roca Rey se las vio con un tercero, tan terciado como noble y falto de emoción. Mala mezcla. Ni sus proximidades elevaron las pulsaciones del público.

¿Faena grande?

Tuvo el trasteo del quinto trazas de faena grande, de las de antes, en mitad del ruedo, de rodillas, emoción, tandas ligadas, con ese punto de sometimiento a un toro bueno y repetidor. Apuntaba alto, pareció... Pero no coronó a pesar del doble trofeo a la altura del torero que es. Antes de que la llama hubiera prendido de verdad en los tendidos, de que se viviera a fogonazos, a la labor le faltó contundencia y se fue diluyendo el contenido. La remató con una estocada de efecto fulminante y entonces sí, vino el doble premio, pero entre una cosa y la otra hubo lagunas y un ejemplar muy bueno.

Roca Rey, en Colmenar FOTO: Emilio Mendez/circuitos Taurinos

Cerró plaza De Manuel con un recital de todo. Verónicas de rodillas de recibo y un quite de «dejadme solo». Luego era pegajoso el toro pero defendió su tarde con los mejores argumentos que tuvo y se fue con el vestido repleto de entrega. No se le podía pedir más. Sí mucho menos. Había venido con intención de quedarse.

Ficha del festejo

COLMENAR VIEJO (MADRID). Se lidiaron toros de la ganadería de Núñez de Cuvillo. 1º, y 3º, nobles y bajos de transmisión; 2º, sobrero de Domingo Hernández, complicado; 4º, repetidor; 5º, bueno; y 6º, repetidor y pegajoso. Casi lleno.

Morante de la Puebla, de butano y azabache, tres pinchazos, dos descabellos (silencio); estocada ladeada (oreja).

Roca Rey, de malva y oro, pinchazo, estocada (saludos); estocada (dos orejas).

Francisco de Manuel, que toma la alternativa, de blanco y oro, estocada, aviso, cinco descabellos (saludos); aviso, pinchazo, estocada (dos orejas).