Despedida con honores al maestro de Linares

Emotivo adiós a Palomo, que falleció el lunes a los 69 años tras una complicada operación de corazón en un hospital de Madrid

Los toreros Enrique Ponce (i) y Manuel Caballero se saludan a las puertas del tanatorio La Paz de Alcobendas
Los toreros Enrique Ponce (i) y Manuel Caballero se saludan a las puertas del tanatorio La Paz de Alcobendas

Emotivo adiós a Palomo, que falleció el lunes a los 69 años tras una complicada operación de corazón en un hospital de Madrid

Nadie lo esperaba. Pocos días le quedaban a Sebastián Palomo Linares para cumplir los 70. Se cuidaba, caminaba a diario, fino de hechuras todavía y al día de todo lo que ocurría en el mundo. Dedicado a su pintura y al toro, siempre al toro, su devoción, su pasión desde la niñez y por los siglos de los siglos, ese veneno que envenena para el resto de la vida. Apoderado, amante de la pintura y entusiasta de la vida. Nadie podía creer. Nadie quería creer. Y así se mantuvo el estupor ante la muerte de Sebastián Palomo Linares durante toda la jornada en el tanatorio de La Paz de Madrid. Desfilaron multitud de personalidades de todos los ámbitos. Compañeros de su época y del presente, amigos y admiradores. Muy afectada se pudo ver a su actual pareja, la juez Concha Azuara, que explicó que con la muerte del torero se le había ido «todo». «Es una pérdida muy importante. Nadie podíamos imaginar un desenlace así. Estoy destrozada. En mi conciencia queda que he estado a su lado en todo momento, no me he separado ni un minuto de él», apuntó entre lágrimas.

Dos de sus hijos, Miguel y Sebastián, fueron de los primeros en llegar al tanatorio. «Es un día triste, un día de despedida a una persona que, además de en el ámbito taurino, ha sido también muy importante en la historia de España. Le recordaremos siempre como lo que fue, un fenómeno», manifestó el mayor de los hijos, Sebastián, que además emprendió también carrera en los ruedos durante un tiempo.

Hasta el final estuvieron a su lado la familia Lozano. Clave en la carrera del torero de Linares desde sus comienzos y muy afectados ante el desenlace. Acudieron José Luis, Eduardo y Luis Manuel y fue Eduardo el encargado de recordar la figura del maestro: «Hemos estado con él hasta el último momento, acompañándole en el hospital hasta que ocurrió el triste desenlace. Le vamos a echar mucho de menos. Una pérdida irreparable para el mundo taurino y para España en general», finalizó. Tampoco quiso faltar Raphael, «éramos amigos de toda la vida. Una persona maravillosa, además de paisano mío. Nos tenemos que quedar con el coraje y lo luchador que fue hasta el final». Muy afectada llegó Ana Obregón: «lo que no pudieron hacer los Miuras lo ha conseguido su propio corazón», comentó a la entrada del tanatorio madrileño.

La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, apuntó a su llegada a la capilla ardiente que Sebastián había sido un «gran maestro de la vida y del toreo». También quisieron despedirse amigos como Rafael Corbelle, José Luis Seseña, El Madrileño, Pedro Trapote, compañeros de profesión como los matadores de toros Manuel Caballero, Jaime Ostos, Cristina Sánchez, David Galván, Cesar Rincón y su apoderado Luis Álvarez, Pedro Gutiérrez Moya, Pepín Liria, Curro Vázquez, Espartaco o Enrique Ponce, recién aterrizado de tierras mexicanas y acompañado por su suegro Victoriano Valencia. «Es una noticia tristísima, no podíamos imaginar este desenlace tan dramático. Hace pocos días estuve además con él jugando al golf, que era otra de nuestras pasiones comunes, y le vi fenomenal, de ahí que todavía no pueda creerme que ya no esté con nosotros», apuntó el maestro de Chiva.

Multitudinario fue así el último adiós al torero de Linares. La despedida a un hombre de raza y personalidad que se fue lleno de vitalidad a pesar de que el corazón no le aguantó la última batalla. Le lloró la profesión, el toreo, familiares y amigos. Sigue en pie la leyenda. Intocable ya.