Descomunal Ponce ante el Cayetano más verdadero

Gran faena del valenciano y tarde de Rivera; López Simón corta una merecida oreja en festejo importante en Zaragoza

Gran faena del valenciano y tarde de Rivera; López Simón corta una merecida oreja en festejo importante en Zaragoza

Zaragoza. Cuarta de la Feria del Pilar. Se lidiaron toros de Juan Pedro Domecq. 1º, flojo y parado; imposible; 2º, de media arrancada y sin celo; 3º, va y viene sin definirse; 4º, repetidor y noble, de buen juego y premiado con la vuelta al ruedo; 5º, paradote y de poco juego; 6º, manejable. Lleno en los tendidos.

Enrique Ponce, de tabaco y oro, estocada caída, descabello (silencio); tres pinchazos, estocada, aviso (vuelta al ruedo).

Cayetano, de grosella y azabache, dos pinchazos, estocada (saludos); dos pinchazos, estocada, dos descabellos (saludos).

López Simón, de fucsia y oro, estocada (oreja); estocada tendida, aviso, media, descabello (silencio).

En esta ocasión, merecía la pena ver la imagen. No fueron las palabras de Cayetano lo que emocionaron sino la intensidad y la mirada al decirlas. Directas de dentro para fuera, en un hartazgo que nos llena a muchos en los últimos tiempos. Fue antes de que saliera el toro, el segundo. Reclamó micrófono, y se alargó. Hasta sentaba mal en el tendido. No sabíamos. Después se comprendió. Quería brindar la faena Cayetano antes de empezarla, "a todos los aficionados"y reclamando al menos la mitad de amor que los taurinos tienen al toro de los antis a las personas. Ni más ni menos. Se acordó de Adrián. Y de su cáncer. "Es un niño, pero tiene el corazón torero. Te vas a curar, valiente". Y con la valentía y los vivos ojos de Paquirri en su hijo, se fue el torero con una verdad descomunal y emotiva a la puerta de toriles. A portagayola. Serio. Abrumador. Como si toda la tauromaquia, toda la entrega de los toreros, recayera justo en ese momento sobre sus hombros. Mucha historia había detrás, de las palabras y de la convicción de la actitud. Cayetano, el torero. En ese instante era la vida, la magia, esa capacidad única e infinita parar desafiar al destino, a la muerte. Esa que llevan todos en la cara, y todos portamos sin descifrar, ni quererlo, en las palmas de la mano. "Estoy dispuesto a entregar todo por el toro", dijo. Y lo hizo. Las palabras fueron solo el preámbulo de una faena llena de emoción. Desde la portagayola, cuando toreó despacio a la verónica, a ese prólogo de muleta con las rodillas en tierra. Iba el toro y antes de darnos cuenta, en plena entrega del público se paró. Puso entonces Cayetano lo que faltaba, de uno en uno los muletazos, corto iba el Juampedro, en busca del toreo que encontró, casi ya sin esperarlo, en un cambio de mano soberbio. La plaza hervía, bullía, algo había pasado ahí abajo y éramos todos cómplices. La espada no entró... la expresión en la cara de Cayetano, a estas alturas, seguía impresionando. Daba la extraña sensación de que nunca se pareció tanto a su padre Paquirri como en la tarde de hoy.

Inédito quedó Enrique Ponce con un flojo y deslucido primero. Acabó con el cuadro en el cuarto. Descomunal faena. De principio a fin. Sin fisuras, sin margen de error. Encajado, relajado, la muleta, él, una armonía fuera de la común para hacer el toreo extraordinario. Así fue la faena del valenciano. Lo gozó. Lo gozamos. Por eso era. Por eso estar aquí. Más allá de la sangre y de la muerte; más allá de todo. Cuajó al toro, que repitió con nobleza aunque a media altura, por naturales. Intensísimos. Verdadero. Buen toro. Envidia daba verlo. Soberbio por el derecho, el tres en uno, la poncina, adornos y como eje fundamental, el toreo. Histórica faena de Enrique Ponce que se frenó con la espada. Pero el toreo había sido. Y mayúsculo.

Cayetano se jugó la vida con un quinto paradote que de vez en vez se quedó por abajo. Verdad más verdad sin espada. Buena tarde.

Una oreja cortó López Simón del tercero, que iba y venía sin definirse y no cedió terreno el torero de Barajas que cerró con una buena estocada. Serio y centrado se le vio con un sexto, manejable, con el que estuvo a la altura. La tarde tuvo momentos de apoteosis. Y mucha historia que contar a las puertas del crudo invierno. Y dicen que se acerca. Así, que venga.