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Diego Urdiales: «En la época de Joselito ya se hablaba de los antitaurinos»

Llega el domingo a la Feria de Otoño de Madrid después de triunfar en Bilbao.

Llega el domingo a la Feria de Otoño de Madrid después de triunfar en Bilbao.

Son contados sus paseíllos, fieles sus seguidores. Defensor de la dignidad del torero por encima de todo. El camino recto en una vida fácil de atajos. Diego Urdiales llega el domingo a Las Ventas, a la feria de Otoño, después de triunfar en Bilbao. Cada tarde, una prueba de fuego. Es el peso de la independencia. Una manera de ser y estar, aunque el precio, en ocasiones, sea elevado.

–¿Cuesta más o menos con el paso del tiempo mantener el camino de la independencia?

–Cuesta menos, porque ya lo tengo asimilado y estoy tan convencido de ello que durante esta temporada he estado tranquilo, incluso mi entorno se ha sorprendido.

–¿Cuáles son las decisiones que le hacen diferente?

–Creo que hay que respetar al hombre, al vestido de torear y a la profesión y para eso hay que tomar decisiones. Cada uno es libre de saber dónde está la raya, y yo también.

–¿Se siente reconocido por los profesionales?

–Muchísimo. Ya desde hace tiempo y lo agradezco. Que grandiosos toreros que han dejado una huella tan importante sientan algo especial por mi manera de torear es algo que uno sueña de niño.

–¿Cómo es Curro Romero en la distancia corta?

–Si ha sido tan grandioso, un mito del toreo, una leyenda viva... Pues como persona está a la altura.

–¿Cómo es posible que haya ese choque tan brutal entre el reconocimiento profesional y la no contratación de las empresas?

–Todos lo sabemos... Hay muchos intereses creados y es un daño importante a la Fiesta, sobre todo cuando se maltrata la esencia, que es lo que engancha al aficionado y lo que emociona a la gente.

–¿Cómo ha vivido la experiencia del sorteo de Madrid, el «bombo» de Otoño?

–Es una novedad que le da cierto atractivo a una feria especial, como norma no lo veo. En mi caso la empresa lo ha reconsiderado, rectificar es de sabios, y la negociación ha sido como entendía que debía ser.

–¿Esto hace que le vayamos a ver en San Isidro 2019?

–Claro. He firmado dos tardes.

–Entre ganaderías duras y menos duras, ¿hay tanta diferencia?

–No creo en las duras ni en las maduras. He tenido la oportunidad de torear todos los encastes, tienen sus matices y uno tiene la obligación de conocerlos y de ser capaz de imponer ese toreo que quiere hacer.

–¿Ve futuro?

–Sí, en la época de Joselito ya se hablaba de antitaurinos y ha habido épocas extraordinarias y se daban menos festejos. Ahora hablamos mucho de que hay que enganchar a los jóvenes y creo que nosotros mismos no somos capaces de decir la realidad. Los jóvenes no han ido nunca a los toros. Tú ves fotos y vídeos antiguos y la media de edad es alta, porque como en espectáculos como la ópera, cuando eres joven tienes otras inquietudes.

–¿Cuál es su mayor temor?

–A mí mismo. No haber sido capaz de poner todo lo que quiero en una tarde. Lo demás es secundario.

–¿Y las heridas?

–Uno tiene miedo a que un toro le pueda quitar la vida, pero para eso está la preparación previa. Hay heridas que duelen más físicamente e igual te pilla en un estado bueno y cuando te recuperas estás pleno. Otras te cogen a destiempo y te dejan tambaleando y cuesta mucho recuperarse. Lo que más.

–¿Qué papel juega el dinero en su carrera?

–Un papel importante. Todos necesitamos dinero para vivir, qué duda cabe. Yo creo que el objetivo del ser humano es ser capaz de echar tu vida adelante a través de lo que más te apasiona.

–Pero no vale todo.

–Y lo he demostrado. A veces he dejado de ganar dinero en el camino, pero igual era para ganar más toreando menos a la larga. Son decisiones difíciles y supone estar dispuesto a tener que dedicarte a otra cosa.

–¿Y lo estaría?

–Imagínate. En San Isidro me quedé fuera cuando lo que me ofrecían era un dinero que no se gana en cualquier sitio, pero por encima de eso está la persona y la dignidad como torero.

–¿Le cuesta más jugarse la vida siendo padre?

–Antes de serlo sí que lo pensaba, pero ser padre solo me ha traído cosas buenas. Me doy cuenta al ver a mi hija que todas esas preocupaciones son tonterías.