Dura cornada de Ritter y oreja para De Mora en una tarde ardua

El colombiano fue herido de pronóstico grave y Eugenio cortó un trofeo al único toro con opciones de un difícil encierro en San Isidro.

Eugeni de Mora en un momento de la faena. Foto: Jesús G. Feria

El colombiano fue herido de pronóstico grave y Eugenio cortó un trofeo al único toro con opciones de un difícil encierro en San Isidro.

Apenas salió el primero nos devolvió toda la dureza del toreo de golpe, como un sopapo. La dureza que todavía nos duraba del día anterior con la cornada de Román, que todavía duele a pesar de que las noticias que llegan desde el hospital ya, por fin, comienzan a ser alentadoras. No así la tenebrosa e interminable noche. Esa cornada es de las que se quedan en la memoria, atragantadas. De enfermería era también el toro que le tocó en suerte a Eugenio de Mora. Tuvo que tirar de oficio, que lo tiene, para regatear las embestidas del toro, a la altura de la hombrera y metiéndose por dentro. Violencia máxima el de El Ventorrillo. Peligro. Un claro SOS que Mora tapó con una lidia valerosa. Y demasiado.

El destino quiso y quiso para mal. Con menos peligro que el que abrió plaza, pero sin claridad en el viaje, el cuarto se cobró un peaje antes de llegar al último tercio. Fue en el quite de Sebastián Ritter, que no renunció a su turno, que no renunció a dar un paso adelante por pequeño que fuera. Pero a la tercera chicuelina el toro le acortó los caminos, le derribó y ya en la arena le levantó del gemelo para herirle. Sangraba mucho. Raudo se lo llevaron a la enfermería. Otra vez ese mal sabor de boca que nos deja mudos. Eugenio de Mora anduvo perfecto con el toro, a pesar de que el animal ni lo ponía fácil, por sus muchas complicaciones ni era agradecido, porque no trascendía el esfuerzo. Que lo hubo.

Ya había quitado Ritter al asesino en serie que fue el primero, las gaoneras le barrieron la barriga, a esa altura viajaban los puñales de acero y no lo dejaron de hacer nunca, ya en este caso a Eugenio. Ritter se dio sin medida, sin escrúpulos ante la incierta arrancada del toro, el segundo, que cada vez iba al engaño de una manera, pero en todas queriendo acortar el viaje y sabiendo que algo o alguien quedaba detrás del laberinto. Tragó, le cogió la distancia, media, y le esperó con la muleta punto retrasada para alargar el viaje. A pesar del poco eco que tuvo su labor en el tendido, la entrada más pobre de toda la Feria de San Isidro, de los 28 días de festejos de manera ininterrumpida que llevamos, junto con la de Valdefresno, consiguió meterlo en vereda al natural. Mucho mérito. No llegó a su quinto. El toro le mandó para la enfermería antes. Y lo lidió en sexto lugar Eugenio de Mora. La suerte quiso que fuera el toro de la tarde. El único. No tuvo competidor, movilidad, entrega y transmisión, que para donde veníamos era un mundo. De Mora lo disfrutó. Ligado por el derecho y más profundo al natural, por donde se ciñó al toro con más depurada expresión. La estocada, tan de verdad y tan arriba, fue el broche de oro para el trofeo y para tomar oxígeno.

Muy resolutivo había estado Francisco José Espada con un tercero que se movió, pero de ahí a hacerlo bien hubo un mundo. Irregular, una vez a media altura y la siguiente por las nubes. Intentó Espada darle uniformidad a la faena con un caudal inagotable de voluntad. Y así con el quinto, que iba y venía, pero con sus complicaciones y desórdenes. Nunca jamás volvió la cara. No era fácil y hasta el último aliento del toro mantuvimos la tensión. El trofeo de Eugenio resultó un soplo de aire fresco, con toda su veteranía a cuestas.

Ficha del festejo

Las Ventas (Madrid). Se lidiaron toros de El Ventorrillo. 1º, violento y peligroso; 2º, de corto recorrido y muy desigual en las embestidas; 3º, movilidad sin clase; 4º, complicado; 5º, va y viene sin entrega; y 6º, de buen juego. Menos de media entrada en los tendidos.

Eugenio de Mora, de azul y oro, pinchazo, estocada, dos descabellos, dos avisos (silencio); estocada punto delantera (silencio); buena estocada (oreja).

Ritter, de azulón y oro, aviso, media estocada, tres descabellos (saludos); Herido al hacer un quite al cuarto.

Francisco José Espada, de gris claro y plata, media estocada, cuatro descabellos, dos avisos (silencio); pinchazo, media, aviso, cuatro descabellos (silencio).

Parte médico de Ritter: “Heridas por asta de toro en cara interna tercio medio pierna derecha, con una trayectoria hacia arriba y hacia cara externa de 20 cm que lesiona vena safena interna, produce destrozos en músculos gemelos y contusiona arteria y nervio tibiales posteriores”.