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En busca de una oportunidad, por el ruedo de Las Ventas

Carlos Enrique Carmona, novillero sin picadores, saltaba ayer de espontáneo a un novillo devuelto en la Plaza de Toros de Las Ventas, muleta en mano

  • Carlos Enrique Carmona saltando al callejón de Las Ventas / Alfonso Ibarra
    Carlos Enrique Carmona saltando al callejón de Las Ventas / Alfonso Ibarra
Madrid.

Tiempo de lectura 2 min.

11 de agosto de 2018. 20:19h

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Natalia Rivas.  Madrid. 11/8/2018

Una oportunidad. Eso es lo único que pedía –y pide– Carlos Enrique Carmona. Anoche, en la primera novillada nocturna de agosto, un chico nos trasladaba a un Festival celebrado en esta misma plaza, años ha. Una tarde en la que El Cordobés se tiraba de espontáneo, muleta en mano, a un toro de su padre. Y así lo hizo Carlos. «Es algo que me salió de dentro. Soy novillero sin caballos y me siento torero. Ante la falta de oportunidad para debutar con caballos, a la desesperada, quería pegar tres o cuatro muletazos», cuenta él mismo. «Sólo quiero poder demostrar mis facultades», añade.

Era el primer novillo de la noche. Tras asomar el pañuelo verde en el palco, el joven novillero sacaba su muleta de una mochila y se disponía a pisar el ruedo de Las Ventas, saltando desde el Tendido 6. Un hecho que también nos recordaba el respeto que existe dentro del mundo del toro: «En el caso de que no hubiese sido devuelto ninguno, no lo hubiese hecho», asegura.

A cámara lenta, y todos sabedores de que estábamos fuera de las normas, veíamos a Carlos Enrique Carmona dando ya unos muletazos a ese novillo de El Sierro. Y él, en sus propias palabras, intentó llegar al ruedo como pudo. Un hecho que en redes sociales ha sido muy respaldado y que, a algunos, nos devolvió al romanticismo del toreo. «Uno de los banderilleros que me sujetó junto con los areneros me conocía y me dijo: Carlos, no puedes hacer esto, te pueden quitar el carnet. Pero yo le supliqué que me dejase, que solo quería pegarle dos o tres muletazos», cuenta, añadiendo siempre a sus palabras que todo lo hizo con el corazón. Y no hay duda de ello.

Esa personalidad, ese distintivo que nos haga ver novilleros únicos y no copias de una misma escuela. Ganas. Muchas ganas. Y hambre de ser torero. De entregar una vida al toro. Y de que sigan creciendo niños con ese espíritu de torero. Pero que también haya creadores de oportunidades.

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