La última Puerta del Príncipe

El decano de los toreros, por la Puerta del Príncipe y a hombros de decenas de compañeros

Los toreros dan una vuelta al ruedo en La Maestranza con los restos mortales de Pepe Luis Vázquez
Los toreros dan una vuelta al ruedo en La Maestranza con los restos mortales de Pepe Luis Vázquez

En los hombros de sus propios compañeros y familiares. Pepe Luis Vázquez cruzó ayer su última Puerta del Príncipe. Despedida con honores en un multitudinario adiós en el que el decano de los toreros, figura mayúscula de la tauromaquia y pionero de la escuela sevillana pudo dar otra vuelta al ruedo más en su plaza: La Maestranza.

No fue una más. Curro Romero, Ortega Cano, Rafael de Paula, Morante de la Puebla, Enrique Ponce, Dávila Miura, Manolo Cortés, Curro Díaz, Pepe Teruel, Tomás Campuzano, Pepe Luis Vargas, Curro Durán, Antonio Nazaré, entre los toreros. Banderilleros como Finito de Triana, José María Susoni, Rafael Torres, Curro Molina o Manolo Lque, torero de plata y posterior asesor artístico en el palco maestrante. Tampoco faltaron ganaderos como Eduardo Miura, Álvaro Domecq, Macandro, Rocío de la Cámara y Álvaro Martínez Conradi. Un sin fin de amigos y profesionales que lo escoltaron y portaron el féretro.

«Como maestro fue único; como persona, encantador, daba gusto estar a su vera», afirmó Curro Romero, visiblemente «afectado» junto a su esposa Carmen Tello y Alfonso Díez, marido de la Duquesa de Alba, aún convaleciente. «Sabíamos de su edad y problemas; ha descansado», comentó Morante antes de definirlo como un torero «de muchísima pureza, el estilo que representaba a Sevilla». «Todos bebimos y seguimos bebiendo aún de él», concluyó.

El funeral oficiado en una abarrotadísima Iglesia de San Bernardo fue la primera parada. Lleno de «No hay billetes». La homilia, repleta de guiños taurinos, fue oficiada por el padre Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp. Luego, minutos más tarde, en el coso del Baratillo. Allí le esperaban decenas de aficionados. Se abrió el quicio de la mágica Puerta y el maestro Pepe Luis, tras una vuelta al ruedo, llegó hasta los medios. Igual que Diego Puerta, último en recibir tales honores, en el invierno de 2011. El breve responso encontró final con una calurosa ovación entre el silencio. Máximo respeto. Las emociones, a flor de piel. De ahí, se reemprendió el camino. Directo a esa gloria que paladeó tantas y tantas tardes de competencia, sangre y triunfo. Al llegar al pórtico resonaron de nuevo las palmas entre gritos sueltos, desgarrados, de «¡torero!». Entre estos vitores fue introducido en el coche fúnebre que lo condujo hasta el Cementerio de San Fernando de Sevilla, donde minutos más tarde recibió sepultura. Allí, descansarán los restos mortales del creador de la escuela sevillana. Referente. De sus manos salió el «cartucho de pescado» y el «quite del perdón», pero sobre todo, esa imaginería estética de preciosos lances. Sevilla llora un mito. Una leyenda. Descanse en paz.