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Perera y Fandiño alivian el fracaso de Fuente Ymbro

El extremeño corta la única oreja tras una faena de extraordinario temple y hondura en la séptima de las Corridas Generales de Bilbao

Derechazo de Miguel Ángel Perera a uno de sus astados de Fuente Ymbro de ayer
Derechazo de Miguel Ángel Perera a uno de sus astados de Fuente Ymbro de ayer

Bilbao. Séptima de las Corridas Generales. Se lidiaron toros de Fuente Ymbro y un sobrero (4º) de Alcurrucén, muy serios de presentación. El 1º, deslucido; el 2º rajado, cambiante y complicado; el 3º, deslucido y desrazado; el 4º, manso y orientado; el 5º, bueno y noble; y el 6º, repone y sin entrega. Tres cuartos de entrada.

Miguel Ángel Perera, de verde hoja y oro, estocada desprendida, descabello (silencio); pinchazo, estocada (silencio); estocada muy trasera, descabello (oreja). Iván Fandiño, de grana y oro, buena estocada, dos descabellos (saludos); estocada caída (silencio); estocada buena, aviso, tres descabellos (silencio).

Las noticias llegaban ya por la mañana de tertulia en tertulia. Qué lujo es Bilbao. Por un año que vengas toda una vida enganchado. El ganadero de Fuente Ymbro Ricardo Gallardo aludía a un problema de salud de sus toros y así salían las cuentas de la mala temporada que está cosechando el ganadero gaditano. Sin ir más lejos el órdago que echó Iván Fandiño hace poco en una encerrona de seis para él solito. Ayer la tarde era clave. Redonda. Un mano a mano de los que se presuponía mucha verdad. Un duelo entre dos toreros con muy buen concepto, ambos beben en la fuente de la pureza y eso interesa en Bilbao y en la Conchinchina al buen aficionado. Perera-Fandiño, morbo aparte de los enfrentamientos personales que han alimentado esta cita en las redes sociales durante el invierno. Ya a priori había poca fe en la corrida, a pesar de ello en los primeros quince minutos de festejo vimos un ajustado quite por gaoneras de Fandiño, la réplica de Perera y a su banderillero Juan Sierra desmonterarse. No íbamos mal. Perfecto. Pero llegó la hora de la verdad. Y ahí el toro protestó porque no tenía fuerza ni fondo para empujar. Deslucido ejemplar. Acabábamos de empezar.

La emoción como tal corrió a cargo del segundo. Un mansito de imprevisible arrancada, desigual en el ritmo, cambiante y complicado. Un torbellino de embestida. La labor de Iván Fandiño fue seria, arriesgada y vibrante cuando logró asentarse con el toro y domeñar ese huracán. Que había un reto en el ruedo era evidente, con la técnica justa, aquello era una aventura sin descifrar. Se tiró a matar, como siempre, a corazón abierto, y la espada hundió pero no fue suficiente. Así el resultado se disipó y quizá con él la tarde. Lo luchó con un sexto, que reponía sin entrega, y que evolucionó a mal. Se alargó más de lo que suele ser habitual en él. Quemaba el último cartucho de su feria de Bilbao, iba toda la pólvora en él. Ni el sobrero cuarto de Alcurrucén fue con la tarde. Más allá de la mansedumbre, bajó las revoluciones el animal y se orientó con peligro. Frenazo en seco a la faena.

El quinto dio un vuelco a la corrida. Un balón de oxígeno. Bendito el animal. Y bendito Perera. Nada tuvo que ver el fogonazo del prólogo de faena con lo que vino después. Sí logró desperezarnos y aflorar las emociones a golpe de dos arriesgados y ajustados pases cambiados por la espalda... Lo que siguió fue toreo caro. Lento hasta rabiar. Cabía una vida en un muletazo. De todo pasaba por allí. Tuvo nobleza el Fuente Ymbro y ánimo por seguir en la muleta hasta el final. Creyó en el toro Perera y no cayó en balde ni una sola arrancada. Primero por el pitón diestro, reunido, asentado, fino y templado. Aún más al natural. Costó escuchar la música, pero todo llega en la vida y llegó para acompañar el toreo al natural, belleza en los muletazos, bueno el toro, precioso el toreo. Largo, profundo y encajado. Nada sobraba allí. Se fue atrás la espada y, a pesar del descabello, paseó un trofeo. Se habían escuchado los olés en esta plaza de arena negra. No volvió a ocurrir. Los vivimos a cuentagotas. Frustrante fue el deslucido primero y más el tercero que se lastimó una mano y nada hubo que hacer. Si ya se barruntaba por la mañana y lo confirmó después el ganadero a los micrófonos del Plus, una presunta enfermedad de los toros... ¿por qué se lidiaron? Al que pasa por taquilla se le debe una integridad, al menos de antemano. ¿O pagaron menos?