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Urdiales se la juega para salvar una tarde en su contra

El Juli corta una oreja en un mano a mano sin opciones al igual que el torero riojano en el esperado cartel de la Feria de Logroño

Urdiales dando un pase de pecho / Foto: EFE
Urdiales dando un pase de pecho / Foto: EFE

A la tercera verónica de Diego al de José Vázquez se desplomó. Y desde arriba se vislumbró el soberano cabreo de El Juli. Era su toro. El primero. Y aquí ninguno había venido a pasar la tarde ni era un mano a mano amigable. Rivalidad, que es lo que mantiene viva la llama del toreo. Se recuperó el toro y desarrolló calidad en las telas, en esa muleta de El Juli que quiso tenerlo pronto y en la mano. Se relajó en el toreo fundamental y fue lo que tuvo más peso de toda la faena, electrizado en los remates y aderezada enseguida con lo molinetes y circulares que nos alejaban de la esencia anterior. Un cañón fue con la espada que tuvo efecto fulminante y la oreja fue de las que caen o ensordecemos todos, hasta el presidente que andaba con lo justo de atención.

Manseó al estilo de los toritos de Lucía Etxebarría el segundo de Vázquez. Al principio y al final. Fue cómplice cuando Urdiales tomó la muleta y a ella fue como un tren el toro y como si fuera seda la tela. Esa muñeca de Urdiales que igualaba una embestida con mejores embroques que finales. Quietud y armonía en su torería, que pasaba por ahí enterita. En un solo pase la administraba, como en esa faena de menos a más, bonita, asentada y bella. A destiempo y descolocado el pinchazo que le conectó de inmediato al toro con su mansedumbre y a Diego con su torpeza a espadas. Un conflicto mal resuelto que había pasado por momentos felices.

A El Juli le faltó toro en el sentido más amplio de la palabra, porque el tercero, de Garcigrande, no hizo honor al final de la palabra ni a la entidad del compromiso y tuvo la presentación bajo mínimos. También la fiereza a la media vuelta de un par de tandas. Se desmoronó el toro como cuando uno se aburre de sí mismo. Algo así la faena y la espada, en picado.

El Zalduendo cuarto era... Fue...Cómo describirlo... Joder una mezcla entre la maldición de Pablo Iglesias y Etxebarría juntos con la puntilla de uno de los nuestros. Que las cosas no ocurren solas. De locos. Total que el toro salió sin ganas de nada. Un mulo con cuernos. Qué decir. No quedan ganas cuando el punto de partida es tan malo. Diego lo intentó, pero el toreo no era y no fue.

De Zalduendo también el quinto y con todas las miradas puestas en Julián. Apoyaba el toro como muchos pasados de copas, sin verlo claro y sin fondo para empujar después. De lo que pasaba en el ruedo al toreo hubo un abismo insalvable hasta para Julián. Un espejismo. Una irrealidad. Con culpables, digo.

Mal presentado estuvo también el Garcigrande que cerraba plaza y tuvo más hechura de novillo que de toro. Dos de dos. Y un regalo fue en la muleta, porque el animal sacó movilidad e incluso repetición, pero ni una sola vez tomó la muleta de Urdiales con entrega ni por abajo, descabalado, la cara por las nubes, en la suma de cabezazos definía su viaje. Y ahí, con esos mimbres, que ya no tenía otros, se plantó el riojano, incuestionablemente firme, jugándose los muslos y la barriga, que era por donde navegaba el toro, tragó lo decible y lo impensable y acabó por convencer a la res de que fuera más buena de lo que era. Al filo siempre, porque para Diego no es que no fuera una más, es que las tiene contadas. Se la jugó en el intento de salvar una tarde en su contra. Y en la del toreo.

Logroño. Cuarta de feria. Se lidiaron toros de José Vázquez (1º y 2º), Garcigrande (3º y 6º) y Zalduendo (4º y 5º), desiguales, algunos anovillados y mal presentados. El 1º, noble y de buen juego; el 2º, manso y repetidor; el 3º, noble y a menos; el 4º, un mulo imposible; el 5º, sin fondo, vacío; y el 6º, movilidad sin clase, a cabezazos. Tres cuartos de entrada.

El Juli, de azul marino y oro, buena estocada (oreja); tres pinchazos, estocada caída, tres descabellos (silencio); media, descabello (silencio).

Diego Urdiales, de azul pavo y oro, cinco pinchazos, estocada delantera, tres descabellos, dos avisos (silencio); pinchazo, estocada , descabello (silencio); aviso, estocada perpendicular y atravesada, descabello (oreja).