Opinión

El mundo y el país en llamas

Sánchez, en el laberinto patrio, mantiene frentes abiertos por todas partes, con unos Presupuestos imposibles, el enredo de los fijos discontinuos o la reordenación accionarial de Naturgy

Pedro Sánchez y María Jesús Montero en la Ejecutiva del PSOE en Ferraz
Pedro Sánchez y María Jesús Montero en la Ejecutiva del PSOE en FerrazDavid JarLa Razón

Arthur Wellesley (1769-1852), duque de Wellington, el militar que detuvo a Napoleón (1796-1821) en Waterloo –justo donde el huido Puigdemont se refugió–, también dos veces primer ministro británico, le escribía en 1845 a su amigo John Wilson Croker (1780-1857), político y ensayista, que «todo el arte de la guerra consiste en saber por qué hacemos lo que no sabemos». Ahora, el mundo encoje el ánimo mientras espera la respuesta de Israel al ataque del Irán fanático de los ayatolás. La primera ministra de Estonia, Kaja Kallas, advierte de que «la duda es cuándo comenzará la próxima guerra». Lawrence H. Summers, exsecretario del Tesoro USA, y N.K. Singh, presidente del Instituto para el Crecimiento Económico, esbozan un paisaje sombrío: «El mundo enfrenta el peor quinquenio en tres décadas», escriben en «Project Syndicate». «Los tipos de interés más altos –añaden– han dejado a los países en desarrollo aplastados por la deuda, y la mitad de las economías más pobres todavía no han recuperado la situación que tenían antes de la pandemia. El crecimiento es débil en grandes regiones del mundo y la inflación se mantiene persistentemente alta. Y, detrás de todo esto, el termómetro no deja de subir poco a poco».

En España, Pedro Sánchez, en el laberinto patrio, mantiene abiertos frentes por todas partes. El maratón electoral –País Vasco, Cataluña y Europeas–, la coalición cada vez con más grietas con Yolanda Díaz y Sumar, en donde tampoco hay acuerdo en la necesidad de invertir en defensa y armamento. Los Presupuestos Generales del Estado para 2024 duermen el sueño de lo imposible, mientras su responsable, la vice y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, otro lapsus, casi habla de Gobierno con Bildu, en la Feria de Sevilla, en donde los errores quizá son más comprensibles. El Gobierno, además, ha dado otro paso adelante y ya tiene el 5% de Telefónica, la compañía que preside Álvarez Pallete.

Ahora está sobre la mesa la reorganización accionarial de Naturgy, con la posible entrada en el capital del grupo TAQA, gigante energético de Emiratos Árabes Unidos (EAU), todo pastoreado, en teoría, por Criteria y por Isidro Fainé. El holding inversor de CaixaBank mantendrá el control –español– de la empresa y aunque Sánchez tenga la tentación de poner otra pica en una compañía del Ibex, no hay nada que lo justifique, salvo ansias intervencionistas. Naturgy, la energética que preside Francisco Reynés, es otro ejemplo de la precariedad del capitalismo español, tantas veces ausente –acaso porque no haya recursos suficientes– de las grandes operaciondes corporativas y que no es ajeno a que Black Rock, el mayor fondo de inversión del mundo, liderado por Larry Fink, sea el primer accionista de algunas de las principales compañías del Ibex, bancos incluidos.

Alfonso Escámez, presidente del desaparecido Banco Central, absorbido como tantos otros por el Santander, ya lo advirtió en su momento: «España ha sido un país sin capitalismo».

El inqulino de la Moncloa y sus ministros presumen del éxito de la economía española, que «crece cinco veces más que la siguiente», según el titular de Economía, Carlos Cuerpo, mientras anuncia más gasto público y menos déficit, la verdadera cuadratura del círculo, salvo que se suban impuestos. Eso es, por cierto, lo que pretenden hacer los de Bildu si llegan ahora al Gobierno del País Vasco, aunque sus líderes Otxandiano y Otegi piensan que su momento estelar será en la siguiente legislatura.

La economía que «va bien» según el Gobierno –sorprende, no obstante, que no se hable mucho del asunto en las campañas electorales– tiene puntos oscuros. El profesor José María Rotellar acaba de explicar que todo se reduce a que, desde 2019, el gasto de las administraciones públicas ha subido el 12,38%, mientras que la inversión –por eso tambén hay que buscar capital para Naturgy donde lo haya– ha caído un 4,65% y el consumo de los hogares está estancado desde hace cinco años.

No es dramático todavía, ni tumbará a ningún gobierno, pero el panorama está muy lejos de ser idílico, sin olvidar la discusión, que amenaza con convertirse en bizantina, sobre el «ser o no ser» hamletiano de los fijos discontínuos. Fedea, el «think tank», «pensadero», que dirige Ángel de la Fuente, ha intentado poner luz en el asunto. Hay más de medio millón de fijos discontinuos que no trabajan, pero quizá lo más dramático es que, en la práctica, por mucho contrato indefinido que tengan, hay 1,4 millones de temporales que, además, con frecuencia, están parados, en un mundo y un país en el que se intenta saber por qué hacemos lo que no sabemos, como decía Wellington.

El largo, incierto y tortuoso camino hacia la bajada de los tipos de interés

El Banco Central Europeo (BCE), que preside Christine Lagarde, está decidido a iniciar un proceso de bajada de tipos de interés que, sin embargo, puede ser más lento y menos agresivo de lo espeado. La primera bajada se espera para junio, pero el consejero ejecutivo del banco, Philip R Lane, precisó la semana pasada en Dublín que «nuestras decisiones futuras garantizarán que nuestras tasas oficiales sigan siendo suficientemene restrictivas durante el tiempo que sea necesario», ¡Ojo!

La subida del precio del dólar no acaba de encajar con la del oro y la del petróleo

La teoría más extendida, que hasta ahora se cumplía, reza que cuando sube la rentabilidad de la renta fija, el precio del oro baja y al revés. Los mercados esperaban y esperan bajadas de los tipos de interés, sobre todo en Estados Unidos, algo que ahora no está tan claro. En esos casos y también con el precio del petróleo, por razones geoestratégicas, al alza, el oro y el dólar deberían tener comportamientos divergentes, pero ambos cotizan al alza, algo tan novedoso que quizá preludie una nueva era.