Los niños no ganan la batalla de los roles

La serie documental de cinco capítulos se estrena el lunes en el canal #0 de Movistar +

  • Los protagonistas de la producción
    Los protagonistas de la producción

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10 de septiembre de 2019. 23:08h

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Cecilia García 11/9/2019

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La genética no condiciona las capacidades y aptitudes de los hombres y de las mujeres. Es la manera de educar, tanto en los colegios como en los hogares, la que marca el futuro de los pequeños. Un ejemplo: la madre de un niño que aparece en el documental «Ni superhéroes ni princesas» –que se estrena el lunes en #0 de Movistar+– comenta frente a la cámara: «Por supuesto que quiero que mi hijo sepa cocinar dentro de unos años... por si se divorcia». Ilustrativo. Los propios estudiantes, entre los siete y ocho años, del centro Ponce de León se definen como lo harían sus abuelos. Ellos dicen de sí mismos que son «valientes, agresivos e inquietos», al tiempo que las niñas se describen como «tranquilas y románticas».

El sociólogo y sexólogo Erick Pescador, encargado de interactuar con los chavales, comenta que «las féminas creen menos en sus capacidades y están convencidas que todo se fundamenta en su imagen y los varones sobrevaloran el poder y la fortaleza».

Los varones, a por el dinero

Esta afirmación se cimenta en testimonios como el de la progenitora de una cría que comenta, «siempre le he dicho que puede tener tanta fuerza que un hombre pero no termina de creérselo». Lo dice una mujer que se lamenta que por su género y los hábitos sociales, «tuve que pedir reducción de jornada, algo que en ningún momento se planteó mi esposo». La distribución de los roles no está exenta de perjuicios laborales porque, como dice Pescador, «las chicas se inclinan por profesiones que consisten en cuidar a los demás –como enfermeras y profesoras– y los pequeños centran sus preferencias en las nuevas tecnológicas e internet, además de vincular su modelo de éxito al dinero y a los coches de alta gama».

Ciertos esterotipos permanecen en el tiempo como si los alumnos vivieran a finales del siglo XX. En uno de los juegos, Pescador pone sobre la mesa un casco de piloto, unas zapatillas de ballet y un equipo de maquillaje, entre otros. Rápidamente creyeron que el casco era de un hombre y las zapatillas y el maquillaje de dos mujeres. Error, era al contrario. Al descubrirlo y oír a los adultos que ejercían esas labores, nada cambió en sus creencias: solo un chiquillo valoró la posibilidad de ser bailarín de clásica, ninguno se veía dentro de unos años adecentando el aspecto físico de nadie y la mayoría miraban con admiración a la que se ganaba la vida volando. «La igualdad es un proceso y un estado que tenemos que llegar por el bien de la sociedad», afirma la productora ejecutiva, Amparo Castellano.

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