Los fascinantes confines de una mente enferma

«Undone» se sirve de la animación rotoscopia para retratar a una joven cuya conciencia es capaz de viajar en el tiempo... o eso cree

Rosa Salazar, tras la protagonista animada Alma, en «Undone»
Rosa Salazar, tras la protagonista animada Alma, en «Undone»

«Undone» se sirve de la animación rotoscopia para retratar a una joven cuya conciencia es capaz de viajar en el tiempo... o eso cree.

Alma está pasando por una mala racha. Se siente aburrida de su vida, y de lo repetitiva que resulta; de su trabajo en una guardería, de su simpático pero convencional novio y de que su madre siempre le pregunte cuándo se va a casar con él. Luego descubre que su hermana menor ha decidido casarse con un tipo rico y, sí, increíblemente aburrido, y no lo encaja bien porque desearía que la gente se dejara llevar por sus pasiones en lugar de ir siempre a lo seguro. Está claro que la joven necesita que a su existencia le pase algo. Y entonces sufre un terrible accidente de coche, y mientras convalece descubre que su conciencia es capaz de desplazarse libremente por el continuo espaciotemporal. Se le aparece el fantasma de su padre -cuya muerte dos décadas atrás la ha atormentado todo este tiempo-, y el espectro le revela que su deceso tuvo que ver con una serie de experimentos relacionados con los viajes en el tiempo, y que ahora depende de ella resolver el misterio. O tal vez no. Es complicado.

Durante más de la mitad de su metraje -ocho episodios de 23 minutos de duración media-, «Undone» evita deliberadamente abordar si la habilidad de Alma es real o si lo que sucede es que está siendo víctima del tipo de enfermedad mental que históricamente ha azotado a su familia. Y, gracias a ello, mientras avanza funciona a la vez como un examen íntimo de los traumas personales de su protagonista, como un drama de intrépida ciencia-ficción, como el retrato de una familia desgarrada por la tragedia y el dolor y como un tránsito animado entre lo real y lo onírico en el que uno nunca puede confiar en la apariencia del camino. En otras palabras, es una serie única. Intermitentemente se parece a «BoJack Horseman» -también cocreada por Raphael Bob-Waksberg y Kate Purdy- por su voluntad de explorar la enfermedad mental de forma poco ortodoxa, pero en casi todos los demás aspectos ambas ficciones son completamente distintas. La única forma real de entender qué es «Undone» es experimentándola de primera mano.

Sin duda, buena parte de esa personalidad intransferible proviene de la técnica de animación que utiliza, rara vez usada antes en televisión. La rotoscopia es un proceso mediante el que primero se filman las escenas con actores y, tras ser calcados por los animadores, los fotogramas son reemplazados por dibujos. Así se crea un mundo que no es del todo real pero tampoco del todo imaginario, que refleja a la perfección la peculiar relación que Alma establece con su entorno. Las imágenes son impresionantes pero, eso sí, siempre están al servicio de los personajes. De hecho, los mejores momentos de la serie son los más mundanos.

En última instancia, «Undone» es un relato desgarrador sobre los universos insondables que nuestras mentes son capaces de inventar cuando la esquizofrenia y el delirio se acomodan en ellas, y sobre lo vívidos y opresivos que esos universos pueden llegar a ser tanto para quien pierde progresivamente la cordura como para sus familiares y amigos. Cierto que sus primeros episodios permiten albergar sospechas sobre el afán con el que sus creadores parecen querer equiparar la enfermedad mental con los poderes sobrenaturales, pero incluso ese recelo funciona menos como como un obstáculo que como un estímulo para seguir mirando.