Los políticos que merecemos

Ya estrenada en TNT, la nueva serie protagonizada por Javier Cámara es un mordaz retrato de las miserias de la clase política y de cómo funciona el aparato de los partidos.

Ya estrenada en TNT, la nueva serie protagonizada por Javier Cámara es un mordaz retrato de las miserias de la clase política y de cómo funciona el aparato de los partidos.

La búsqueda del poder hace aflorar la fealdad humana, y por eso quienes pueblan la escena política son individuos débiles, mezquinos, estúpidos, sedientos de poder, incompetentes, inmorales o todas esas cosas a la vez. Así lo han demostrado ya con mucho humor negro títulos como las teleseries «The Thick of it» y «Veep» o el largometraje «In The Loop» (2009), todos ellos creados por el gran Armando Ianucci.

En España, en 2014 se emitió en ETB2 el piloto de «Aupa Josu», comedia sobre un consejero de Gobierno Vasco del todo patético pero aun así muy ambicioso, convencido de ser capaz de lograr el fin de ETA. No llegaron a producirse más episodios; pero ahora dos de sus guionistas, Diego San José y Juan Cavestany, han tenido la oportunidad de desarrollar una variación de esa premisa. «Vota Juan» es el retrato de Juan Carrasco (Javier Cámara), ministro español de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Marginado por su partido, se entera de que el presidente del Gobierno no se va a presentar a la reelección y comienza a urdir un plan para ocupar su puesto.

Sátira y comedia negra

San José ya demostró su buena mano haciendo sátira política en «Vaya semanita» y «Fe de etarras» (2017), y el talento de Cavestany para extraer comedia negra de las miserias humanas ya quedó claro tanto en películas como «Gente de mala calidad» (2008) y «Gente en sitios» (2013) como en la serie con la que «Vota Juan» guarda más estrecho parentesco: «Vergüenza». Los protagonistas de ambas son hombres mentirosos, egoístas, envidiosos, bocazas y fanfarrones, y muy cutres. Los dos ignoran la pésima imagen que causan en los demás y quizá por eso tienen la tendencia de decir lo más inapropiado en el peor momento posible y meter la pata aún más cuando intentan arreglarlo. Son el tipo de persona que de ningún modo debería dirigir un país, por su bajeza moral y su falta de inteligencia.

«Vota Juan» se recrea en la ignorancia de Carrasco –pese a ser ministro de Agricultura, el tipo no sabe qué aspecto tiene un puerro– y en sus manías, en especial la de dibujar comillas en el aire cada vez que habla. En este proceso logra que nos sintamos incómodos por el mero hecho de reírnos. También, de paso, funciona como una ácida crítica al sistema político sin necesidad de hablar de másteres en la Rey Juan Carlos ni hurtos de cremas; el día a día político de nuestro país ha llegado a ser tan delirante que cualquier intento de hacer chistes con él resultaría redundante.

La acción avanza a través de diálogos y situaciones que en su transcurso se hacen o bien más tensos o bien más ridículos y que vehiculan agresiones explícitas y pullas que los personajes usan para dejar en evidencia al de al lado. Cada escena conduce a un momento de humillación o a una victoria pírrica, de forma a veces sutil y a ratos muy gruesa pero casi siempre eficaz. Y pese a que ninguna de ellas pone en duda que Carrasco es un sujeto de pésima calaña, San José y Cavestany –y, por supuesto, también Cámara– resultan muy persuasivos mientras nos invitan a empatizar con él aunque nos pese. Quien decida no hacerlo, eso sí, que no se preocupe: se lo pasará igual de bien al ver cómo se pone en evidencia.