«Una familia de Tokio»: Incómodo viaje a la ciudad

Dirección: Yôji Yamada. Guión: Y. Yamada y Emiko Hiramatsu. Intérpretes: Isao Hashizume, Kazuko Yoshiyuki, Etsuko Ichihara, Tomoko Nakajima. Japón, 2013. Duración: 146 minutos. Drama.

A vueltas con la obra maestra de Ozu, «Cuentos de Tokio», el veterano Yoji Yamada (82 veranos) reactiva la vigencia humanista de un clásico que admite variaciones en su ecuación sin cambiar la esencia de su mensaje. El cine de Ozu, con sus «pillow shots» y sus conflictos entre tradición y modernidad, apelaba a una sensibilidad universal que Yamada no sabe o, desde luego, no quiere trascender. El conflicto es, a grandes rasgos, el mismo –el abismo generacional que media entre padres e hijos cuando los primeros, que visitan la ciudad, se convierten en una molestia– pero el tono es ligeramente menos melancólico, y también resulta bastante menos profundo. Según lo que podemos deducir del filme, la institución familiar japonesa no ha cambiado tanto en los últimos sesenta años, que son los que median entre la cinta de Ozu y ésta: a excepción del personaje del hijo menor, todos los demás siguen el patrón establecido por «Cuentos de Tokio», como si la sociedad nipona se hubiera congelado en el tiempo, se hubiese parado. Es de agradecer que Yamada no copie el inimitable estilo de Ozu. Su humilde homenaje consiste en no intentar enmendarle la plana en lo visual. La serena modestia que caracteriza a este optimista melodrama hace muy agradable su visionado, pero nunca va más allá. Yamada ha transformado la singularidad del cine de Ozu en una discreta convencionalidad. Lo bueno, decíamos, es que no aspira a nada más que una sonrisa de aprobación.