España sigue sin plan frente al mercurio

Representantes de 140 países se han puesto de acuerdo para preparar el primer tratado mundial vinculante frente a este metal. En España no son pocos los estudios que alertan sobre el elevado nivel de mercurio y metilmercurio en la población e incluso en las placentas.

Vivimos rodeados de mercurio y sus compuestos, considerado uno de lo diez grupos de sustancias tóxicas con mayores repercusiones en la salud. Este metal y el metilmercurio (es la transformación que sufre el mercurio al entrar en contacto con el medio acuático) está presente en el pescado que ingerimos, en forma de empastes, bombillas de ahorro energético, e incluso en los órganos de las iglesias o en aquel reloj de péndulo del abuelo que muchos conservan con cariño en casa. Con el fin de frenar esta elevada exposición, 140 países se han puesto de acuerdo para llevar a cabo el primer tratado mundial vinculante para reducir la contaminación por mercurio a través de una lista negra de artículos para el hogar y nuevos controles a las plantas de electricidad (térmicas) y minería existentes con el fin de disminuir dichas emisiones.

Todo un hito, puesto que desde hace tiempo se viene alertando a la población (en algunos países más que en otros), de sus efectos para la salud, sobre todo en el caso de madres embarazadas y niños, así como en mujeres que quieran quedarse en estado.

Aunque aún es pronto para echar las campanas al vuelo, lo cierto es que es un paso en el buen camino, que quizá evite el sinsentido de algunas normativas, como que en los países miembros de la Unión Europea por un lado se haya prohibido la venta de termómetros de mercurio, pero por otro se permita el vapor de este metal en las bombillas de ahorro energético.

Pero no es el único ejemplo. Tampoco tiene mucha lógica que mientras algunos contaminantes estén restringidos, en el caso del mercurio no sea así. Y como afirma el propio título del informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), «Mercurio: Tiempo de actuar», ya no es el tiempo de las palabras, sino de la acción por los elevados niveles presentes en el medio natural y en el hombre. Como muestra, el elevado nivel de exposición que hay en España, hasta diez veces superior al que presentan los alemanes o los estadounidenses, sobre todo por el consumo tan elevado de pescado, según el informe que elaboró el Instituto de Salud Carlos III. De hecho, los niveles son tan elevados (6,3 miligramos por litro en sangre y 1,75 microgramos por gramos en pelo) que suponen un riesgo para la salud de las mujeres embarazadas y sus hijos. La población de las zonas costeras es la que presenta mayores concentraciones debido a la mayor ingesta de pescado.

Asignatura pendiente

«El estudio corrobora los altos niveles de mercurio detectados en la población infantil en el proyecto Infancia y Medio Ambiente (INMA)», recuerda Dolores Romano, coordinadora del Área de Riesgo Químico del Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (Istas).

A pesar de los escalofriantes datos, sobre todo si uno se para a pensar durante un instante en las consecuencias neurotóxicas de los niños por la ingesta de metilmercurio, España sigue sin contar con el Plan Nacional de Salud y Medio Ambiente, cuyo documento de base fue encargado de forma conjunta por el Ministerio de Sanidad y Agricultura al Instituto de Salud Carlos III, y que concluyó en 2008. La siguiente fase que era la de la realización del Plan, pero no se llegó a ejecutar, según los datos facilitados por el Ministerio de Sanidad. La fecha de elaboración del plan sigue siendo hoy una incógnita.

En dónde está

Como también es una incógnita para muchas mujeres que están embarazadas, para las que están buscando quedarse encinta y para los niños en España las recomendaciones que se dan en otros países como Estados Unidos o Canadá para evitar que consuman las especies más afectadas por el mercurio, como son la caballa gigante, el tiburón, el pez espada y el atún, entre otros. De hecho, la propia «Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) fija el tope de ingesta del metilmercurio en 0,1 microgramo por kilo de peso corporal al día, mientras que la Organización Mundial de la Salud llegó a poner el límite en 0,4 y ahora lo ha bajado a 0,2», explica el experto en Toxicología Eduardo Rodríguez Farré, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones (CSIC).

Y no es que se trate de un tema baladí. Porque, aunque durante muchos años se pensó que la placenta protegía a los fetos frente a este tipo de agente tóxico, la realidad es bien diferente.

A través de la placenta

«Gran parte de las placentas analizadas en España –prosigue Farré– supera el tope de cinco nanogramos de metilmercurio. En concreto, el 70 por ciento de los casos sometidos a estudio supera este limite».

Pero no es que estando en estado no se pueda comer pescado, sino que en vez de elegir en la compra especies de gran tamaño, mejor optar por anchoas, almejas, rodaballos, merluzas, salmones, lenguados, sardinas o calamares, por ejemplo, por su bajo nivel de azogue. Otra información importante es saber su procedencia, puesto que no todos los mares están igual de contaminados por mercurio. El Mediterráneo, por cierto, sí lo está.

Unas recomendaciones que, en general, no suelen ser habituales en las consultas médicas ni en restaurantes. Sí, en cambio, en otros países. «Cuando fui a Canadá me quedé sorprendido al ver que en un restaurante, al lado de un cartel de prohibido fumar, habían puesto uno que decía no consuma pez espada, ni atún, ni tiburón si está embarazada», recuerda Farré.

En este sentido, «las autoridades sanitarias no están haciendo su trabajo. Deberían hacer campañas de concienciación y prevención frene al mercurio. No se hacen hoy ni se han hecho nunca», denuncia Romano. «Y no será –prosigue– porque no las hayamos pedido, tanto nosotros como desde diversas ONG. Es algo que llevamos pidiendo desde el año 2007».

«Todos los médicos, sobre todo ginecólogos y pediatras, deberían facilitar esta información a las familias con el fin de reducir los elevados niveles de exposición a tóxicos, entre ellos al mercurio», añade Romano.

Para Farré, la ingesta de pescado con altos niveles de metilmercurio y las bombillas de ahorro energético son los principales focos de mercurio y vapor de mercurio, respectivamente, que hay en el hogar. Para el experto en toxicología, las luminarias de bajo consumo, a pesar de sus múltiples ventajas (como su mayor ahorro y durabilidad), tienen una contrapartida: albergan unos cinco miligramos de vapor de mercurio. El problema real es si estas bombillas no se reciclan bien o si se rompen, ya que hay un elevado riesgo de inhalación. De ahí que desde la EPA recomienden que antes de ponerse a recoger los residuos se ventile la habitación y se salga del hogar. Una vez haya transcurrido un tiempo prudencial, retire los restos de la bombilla con guantes de látex, goma o nitrilo. «No tiene lógica que prohibieran el termómetro de mercurio e introdujeran bombillas con vapor de mercurio. Cuando ingieres este metal se absorbe poco, el problema son las inhalaciones o que se traspase por la piel», afirma Farré.

Otro de los productos que contienen este metal son las amalgamas dentales. Los empastes de antes (los de color plateado) que hoy se siguen poniendo, a pesar de existir alternativas, pueden liberar cantidades de vapor de mercurio cuando el dentista las pone o se retiran. De hecho, incluso durante la masticación se pueden absorber estos vapores, según informa la EPA. Y la lista continúa. En ella, por cierto, no están las vacunas multidosis con tiomersal, puesto que «desde hace unos diez años no se utilizan en España viales multidosis, que llevaban este derivado de mercurio, con la excepción en 2009 de la vial contra la gripe H1N1», precisa David Moreno, coordinador del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría. «En otros países –prosigue–, sí se usa, pero la cantidad de mercurio que recibe el paciente es menor que la que absorbe con el pescado. Y, según la OMS, este derivado no tiene efectos tóxicos».

Dejando a un lado las vacunas, vivimos rodeados de tóxicos. Sin embargo, hoy al menos se puede decir que hay intenciones de frenar el empleo de mercurio.