Ocho secretos de España que quizá no conocías (y deberías conocer)

Entre los muchos rincones de nuestro país que quedan por conocer, estas ocho maravillas merecen la pena una visita

Museo Atlántico de Lanzarote.
Museo Atlántico de Lanzarote.Sybille Reuterdreamstime

Esta noche salgo para las Lagunas de Ruidera y la verdad es que son una maravilla. No puedo esperar a darme el primer chapuzón. Pero mejor será que no me paren tres o cuatro controles de la policía por el camino para pedirme el papelito que dice que tengo excusa para ir aquí o allá. Mejor será, escuche lo que digo, mejor será saber que este fin de semana habrá miles de españoles correteando por ahí en busca de nuevos sabores y aventuras, como en los viejos tiempos, llenando un poquito los bolsillos huecos de los hosteleros y demás beneficiados del turismo, cuya incertidumbre llevo atestiguando desde hace poco más de un año. Ellos se lo merecen. Han aguantado al pie del cañón como una manada de leones.

Entonces hoy estoy de celebración y de un humor excelente. Me hace muy feliz que los hosteleros recuperen la alegría bulliciosa del turismo. Y como prueba de mi alegría, voy a tirar la casa por la ventana, ala, fuera casa, y me dispongo a desvelar ocho secretos de España que guardaba con mucho celo para mí. Diez rincones mágicos y prácticamente desconocidos que merecen la pena compartir en días tan buenos como el de hoy.

El Castillo de Samitier

Embalse de Mediano, visto desde el castillo de Samitier.
Embalse de Mediano, visto desde el castillo de Samitier.Alfonso Masoliver

Las mejores vistas del Pirineo aragonés (o, al menos, una de las mejores), se obtienen con una facilidad asombrosa. Basta con recorrer los dos kilómetros de subida que separan su colina del mundo real, sortear una o dos piedras traviesas que ruedan camino abajo, hacer una parada breve en la ermita de Waldesca para admirar su techo coloreado con azules y con estrellas, atravesar con la lentitud que requiere la ermita de San Emeterio y Celedonio y voilá. Abra los ojos, siéntase rabiosamente libre. Aquí arriba nadie podrá molestarle. Asomando la cabeza por el peñón podrá observar un grupito de ovejas melosas que pacen en el valle del río Cinca.

Mirando al horizonte lo verá manchado por el Embalse de Mediano. Más allá se aprecian decenas de montañas muy resistentes y fabricadas con roca. Pero concédase un momento para estudiar el embalse. En el agua descubrirá el campanario de una iglesia que parece resistirse a que le ahoguen. Es el campanario de la Iglesia de Mediano, un pueblo que hoy está inundado, como una especie de Atlantis en miniatura, versión aragonesa. Suba allí arriba y respire el aire más limpio que crearon Dios y sus ángeles benditos.

Bar Santos

Bar Santos, un clásico cordobés.
Bar Santos, un clásico cordobés.Alfonso Masoliver

A tiro de piedra de la Catedral de Córdoba, tan cerca que casi parece contaminado por la piedad de belleza y religión que palpita entre sus muros, el bar Santos se convierte en la parada imprescindible mientras exploramos esta ciudad. Se trata de un local simple, original, auténtico, veraz. Es perfecto en su sencillez. Incluso mejor que muchos restaurantes de lujo que yo me sé.

El método para beneficiarnos del bar Santos no tiene pérdida: entramos, saludamos con educación, pedimos un pincho de su tortilla gigantesca (cuando digo gigantesca lo digo de verdad, pasen y vean, vean y comprenderán), un vasito de salmorejo y algún refresco. Nos lo darán todo en vasos de papel desechables para que lo tomemos donde nos venga en gana. Aquí no hay normas, solo disfrute y placer, aunque yo recomiendo sentarse contra el muro de la Catedral y comer sin prisas, observando con nuestros ojillos curiosos el pasear de los viandantes cordobeses que es elegante y natural. Un pincho de tortilla, un vasito de salmorejo, esta ciudad impresionante. Vuelven cierto aquello que dice que los placeres de la vida los encontramos en los detalles más pequeños.

El Hachazo

Las dianas de El Hachazo
Las dianas de El HachazoEl Hachazo

Nadie negará que estos últimos meses han sido de todo menos tranquilos. Urge desfogarnos de alguna manera. Urge volver a sentir el gusanillo de la violencia animal que nos caracteriza y hace siglos que empezamos a adormecer. Y tampoco es plan que construyamos un langskib y nos dediquemos a asolar las costas de Galicia durante los días de primavera pero sentirnos un poco vikingos, así, por el puro placer de sentirlo, tampoco viene del todo mal. Entonces podemos ir a cualquiera de los tres locales del Hachazo (dos en Madrid y uno en Valencia) para practicar nuestras habilidades de vikingo (o de valkiria) a lo largo de la tarde.

El plan es demasiado bueno. Cerveza en mano y patatitas fritas a mano recibiremos un repertorio de armas de todo tipo: hachas cortas, minúsculas, de leñador, tomahawk, estrellas ninja, cualquier cosa que corte y se pueda lanzar la encontramos aquí. Tras una breve clase impartida por uno de sus expertos, tenemos vía libre para entrenar nuestra puntería hasta que se nos duerman los brazos. Y es muy divertido. Sentir el tacto suave del mango deslizarse de nuestra mano, ver el hacha volar en una recta perfecta y escuchar el golpe seco que retumba al acertar en la diana, son sensaciones muy satisfactorias e ideales para aquellos que busquen desfogarse. Es algo así como jugar a los dardos, al estilo bárbaro. Un plan 100% recomendable.

Museo Atlántico Lanzarote

Museo Atlántico de Lanzarote.
Museo Atlántico de Lanzarote.Sybille Reuterdreamstime

Conozco un puñado de museos originales pero este se lleva la palma. Pongo al lector en escena: ahora imagine que está en Lanzarote y le gustan el arte y el submarinismo y lee este artículo y se entera de que tiene a pocos kilómetros un museo submarino. Si no tiene ni pajolera idea de submarinismo tampoco pasa nada porque allí le explicarán cómo funciona la vaina. Entonces se calza la bombona y el equipo completo. Salta al agua patos. Y se encuentra con un mundo cargado de surrealismo y belleza sombría, al bucear entre las estatuas ancladas en el fondo del mar.

Hace años estaban limpias pero hoy, el océano se ha complementado con la maestría de los escultores, y viste las obras con telas de alga y sal, en una compenetración exquisita. Pocos museos de nuestro país ostentan el honor de ser tan mágicos y completos. Donde el esfuerzo físico se complementa con el deleite de los ojos, y nos guardamos en el bolsillo una experiencia inolvidable que seguro que desearemos repetir.

Mota del Marqués

Mota de Marqués vista desde lejos.
Mota de Marqués vista desde lejos.Dolores Giraldez Alonsodreamstime

En realidad podemos contar a decenas las maravillas que guarda la provincia de Valladolid para sus visitantes, aunque el espectáculo visual que supone Mota del Marqués se sitúa en el top 10. Resulta que la belleza de esta localidad es escalonada. Vista desde lejos nos da la sensación de ser un pueblo traído de otro mundo, un mundo paralelo a medio derruir por la brusquedad de su viaje al nuestro. En el centro urbano vemos la Iglesia de San Martin. Un centenar de metros más allá, a media subida en la colina adyacente a la localidad, se descubren las ruinas de la Iglesia del Salvador.

Y situado en la cima de la misma colina, en una línea recta con respecto a las dos iglesias anteriores, las ruinas del Castillo de Mota del Marqués dominan con un abandono insinuante el valle a sus pies. Este es un pedacito de magia visual e histórica de la tierra castellana, una parada indispensable para quienes anden explorando la zona. Que remata un plato guisado y buenísimo de los que se pueden comer en el Restaurante Botafumeiro.

Heredad Beragu Hotel

Vista de una de las habitaciones del Heredad Beragu Hotel.
Vista de una de las habitaciones del Heredad Beragu Hotel.Heredad Beragu Hotel

Quizá cambie de opinión algún día pero este es mi hotel favorito en España. Está ahí ahí con el Hotel Rural la vida de antes (Consuegra). Y no temo decirlo. En la localidad navarra de Gallipienzo Antiguo, coronando la fina colina que la conforma, este hotel solo para adultos se trata del lugar ideal para escapar con tu pareja y descansar del ruido de los niños (que son muy buenos pero todas las bestias necesitamos descansar al menos una vez al año, aunque sea para volver a cazar al año siguiente) por unos días. Las vistas son excepcionales, las habitaciones encantadoras, las comidas deliciosas, la decoración relajada y acogedora, el servicio muy amable y cercano. Nadie me ha pagado por decirlo pero sí estaría dispuesto a pagar por volver.

Lo digo de verdad cuando digo que no he probado unas manitas de cerdo mejores que las de aquí, ni he disfrutado de dos días explorando la zona con mi mujer tanto como la vez que Heredad Beragu Hotel nos sirvió de base. Y eso que mi mujer y yo nos hemos pateado su centenar de sitios juntos. Si quieres unos días de paz y romanticismo y buena comida, no lo dudes. Vuela a Gallipienzo Antiguo, busca un hotelito que tiene forma de castillo en miniatura. No te arrepentirás.

El Paseo de las Raíces

Robledal en los alrededores de La Alberca.
Robledal en los alrededores de La Alberca.Alfonso Masoliver

En realidad es solo una excusa para que el lector vaya a visitar los pueblos de La Alberca y Mogarraz, dos localidades próximas a este recorrido fantástico. Pero el Paseo de las Raíces también merece la pena, una vez llegamos aquí. Resulta que a un tipo de genio se le ocurrió salpimentar el bosque charro con esculturas fascinantes y creadas para resistir a los embistes de las estaciones, y cualquiera puede venir aquí para dar un paseo que oscila entre las dos y tres horas. En los meses fríos el bosque aparece indeciso, mitad desnudo, mitad vestido. Durante los meses de verano y primavera lo colorean tantos tonos de verde que podríamos marearnos al contarlos.

Corren riachuelos de agua fresca desde las montañas. Los pajaritos cantan coplas de amor sincero a la naturaleza. Las hojas susurran una serie de historias y leyendas solo comprensibles para el oído atento. Y entre todo este batiburrillo de naturaleza impoluta se encuentran las esculturas que creó el hombre, aquí sí, aquí se complementan hombre y naturaleza en un ejemplo visual y reconfortante.

Crómlech de Totanés

Crómlech de Totanés.
Crómlech de Totanés.Alfonso Masoliver

Este lo descubrí la semana pasada. Todos conocemos el impresionante monumento megalítico de Stonehenge y los dólmenes de Antequera pero, ¿qué diría el lector si le confiase que puede encontrar otra muestra de estas estructuras misteriosas en el corazón de Castilla-La Mancha, en la provincia de Toledo? Ahora voy a reconocer que tampoco se trata de una estructura colosal como su homónima británica pero, una aclaración, la magia de esta clase de lugares la encontramos precisamente en aquello que nuestros ojos no son capaces de mirar. En el más allá, digamos. En el cúmulo de misterios e incógnitas que pululan entre las rocas y que nos llevan a soñar.

Nos colocamos las gafas de la imaginación y donde hoy aparecen un puñado de piedras colocadas en círculo, nos convertimos en testigos de los oficios misteriosos de los druidas, y sentimos el fuego de sus hogueras barnizándonos la piel, y escuchamos oraciones incomprensibles que se dirigen a dioses que no conocemos. En el mundo real es de día, a pocos metros corre una carretera. En la ilusión que nos hemos creado ruge una noche fría, no hay civilización ni caminos a la vista. Cosas así. ¡Magia, misterio, ignorancia! Son tres facetas de los viajes que los vuelven tan atractivos.