Basta ya de infravalorar la provincia de Zamora

Una excursión a algunos de los sitios más emblemáticos de la provincia castellanoleonesa nos muestra multitud de bellezas escondidas en sus rincones

Vista de la bellísima Puebla de Sanabria.
Vista de la bellísima Puebla de Sanabria. FOTO: Agustin Paz dreamstime

Hoy nos aproximamos a una de las provincias más infravaloradas de nuestro país. Con una superficie de 10.561 km², Zamora es la 22ª provincia española en cuanto a su tamaño, justo por delante de Navarra y por detrás de Asturias. Un tamaño tan considerable no debe infravalorarse nunca más. En el siguiente artículo me dispongo a demostrar por qué Zamora no solo es una provincia repleta de preciosos rincones, sino además una región indispensable para comprender nuestra Historia y la construcción de España en su conjunto. Participaremos en las orgiásticas bacanales romanas, derramaremos sangre portuguesa en los campos de batalla del medievo, disfrutaremos de algunos de los alojamientos más encantadores, bailaremos con lobos y, si da tiempo, deleitaremos nuestra vista con algunas de las lagunas más placenteras de nuestro país.

Centro del Lobo Ibérico Félix Rodríguez de la Fuente

Cuidador alimentando a los lobos durante la visita.
Cuidador alimentando a los lobos durante la visita. FOTO: Alfonso Masoliver

En la Sierra de la Culebra se encuentra la mayor densidad poblacional de lobos en todo Europa Occidental, hasta cien lobos patrullan por sus bosques en busca de carne fresca que degustar. Y es en el extremo occidental de esa sierra donde se encuentra el Centro de lobos de Castilla y León, llamado Félix Rodríguez de la Fuente en honor al legendario naturalista burgalés. Una visita al centro nos permite profundizar en una de las más nobles criaturas de nuestra tierra, aquí no niegan la naturaleza depredadora del lobo y su facilidad para acabar con el ganado (no espere el lector que sean una banda de libertarios poniendo a los lobos al nivel de inocencia de los chihuahuas) pero, por otro lado, también te explican la historia desde la perspectiva del lobo, lo cual es de agradecer para todos aquellos que desdeñamos las verdades a medias. En la parte exterior del edificio donde comienza la visita, dos amplias zonas valladas albergan un puñado de lobos. Puedes ir a observarlos desde el mirador. Olfatean el aire, ventean, y una pata sigue a la otra con un sigilo exquisito. Apenas se molestan en mirar a los asombrados visitantes.

Uno de los pueblos más bonitos de España

Puebla de Sanabria es uno de los municipios más emblemáticos de esta comarca zamorana, a un paso del espectacular Lago de Sanabria/Reportaje gráfico: patronato de Turismo de Zamora
Puebla de Sanabria es uno de los municipios más emblemáticos de esta comarca zamorana, a un paso del espectacular Lago de Sanabria/Reportaje gráfico: patronato de Turismo de Zamora

No mentí cuando dije que Zamora está infravalorada. A solo 10 kilómetros del Centro del lobo ibérico, encontramos brillando en piedra gris uno de los pueblos catalogados como los más bonitos de España: Puebla de Sanabria. Sus casas que parecen cortadas por el mismo patrón, siguiendo un estilo deliciosamente medieval, hacen el papel de sombras del suntuoso castillo de Puebla de Sanabria y arrastran durante el invierno intensos aromas a tradición. Pero quiero que el lector vaya de visita y dedique unos minutos a mirar los muros del castillo. Pocas fortalezas españolas han participado en tantas batallas como esta. La piedra restaurada sufrió el castigo de las luchas entre nobles leoneses, el mordisco del acero portugués, la brutalidad de las tropas napoleónicas. La piedra restaurada del castillo ha hecho más por España de lo que el lector y yo haremos jamás. Pero Puebla de Sanabria también sobresale en los tiempos de paz. Quien no lo crea, por favor, vaya aquí durante la temporada de setas y deléitese con los boletus que crecen como asomando las cabecitas en el bosque del Tejedelo, y palpe las cortezas de los fantásticos tejos que han aguantado las embestidas de mil inviernos.

Sangre y vino en Toro

Ruta del Vino de Toro
Ruta del Vino de Toro FOTO: Jcyl

La que quizá sea una de las localidades más emblemáticas de Zamora no puede entenderse sin comprender antes los significados de la sangre y del vino, y de los lazos que unen ambos líquidos desde los años del antiguo Egipto. Zamora no puede visitarse sin conocer antes el sabor de la sangre y del vino porque sería una visita insulsa e incompleta. Refrescante, bañada de forma permanente por el río Duero, esta zona fue utilizada durante el medievo para elaborar uno de los mejores vinos de Castilla, conocido como el vino oscuro de Toro (y todavía hoy produce un vino excelente), pero además se utilizó como campo de batalla en algunas de las contiendas más importantes de nuestra Historia, tal y como la batalla de Toro que llevó a Fernando el Católico a triunfar sobre los partidarios de Juana la Beltraneja, un triunfo que procuró definitivamente la coronación de su católica esposa como reina indiscutible de Castilla. Sangre y vino, no lo olvides cuando visites Toro: tendrás que derramar unas gotas de lo primero por cada sorbo delicioso de lo segundo.

Reserva natural de Lagunas de Villafáfila

Multitud de aves en las Lagunas de Villafáfila
Multitud de aves en las Lagunas de Villafáfila FOTO: Ical

Hay quien se queja de que las lagunas suelen estar secas durante los meses de verano. Pero no deberíamos hacer caso a las quejas. Al final, los cambios que se producen en la naturaleza zamorana, las transmutaciones del terreno al compás de las estaciones, todo esto no son más que bellos ejemplos de la versatilidad de la provincia. En otoño, invierno y primavera encontraríamos las lagunas a rebosar del líquido de la vida. El agua turbia y como ensuciada por el barro hace de vivienda para multitud de aves que vienen aquí a disfrutar con nosotros. En cualquier época del año podemos observar alcaravanes, avutardas, ortegas o sisones; en el periodo estival se dejan ver aguiluchos y cernícalos en busca de algún animalejo desgraciado que llevarse al buche. El agua gélida en invierno que contrasta con la aridez del verano, las garras indestructibles de las rapaces, los chillidos de los polluelos hambrientos en sus nidos, en definitiva el escenario natural expuesto en Villafáfila, ofrece al visitante una aproximación sin paliativos a los extremos posibles de la naturaleza de Zamora.

Modernismo en la ciudad de Zamora

El castillo de Zamora es otro de los edificios de visita obligada en la capital de provincia.
El castillo de Zamora es otro de los edificios de visita obligada en la capital de provincia. FOTO: Miro9966 dreamstime

No hace falta aproximarse al litoral mediterráneo para ser testigos de algunos de los edificios modernistas más bellos de nuestro país. La ciudad de Zamora ostenta el honor de ser una de las pocas ciudades de interior con un amplio catálogo de edificios modernistas enmarcando sus aceras. Diversos edificios del mítico arquitecto Francisco Ferriol patrullan la ciudad (casa de Gregorio Prada, casa de Crisanto Aguiar, casa de Mariano López, casa de Juan Gato...), al igual que otras creaciones del genial Gregorio Pérez Arribas (casa de Valentín Guerra, casa de Félix Galarza, casa de Francisco Antón...), entre otros. Por supuesto que ninguna ciudad española llega al nivel de Barcelona en los enseres del modernismo, pero si buscamos una ciudad en el interior de nuestro país donde matar el regustillo por esta época de esplendor creativo de principios del siglo pasado, esta ciudad sería sin duda la preciosa Zamora. Su mezcla de edificios modernistas con construcciones de corte medieval, tales y como la Iglesia de Santa María la Nueva o las murallas de la ciudad, hacen de Zamora un sueño arquitectónico con placenteras proporciones.

Alojamiento de lujo en Benavente

Mi recomendación pasa por buscar una base adecuada desde donde investigar esta provincia de delicias. El alojamiento que debe de cumplir una serie de requisitos básicos: comodidad, buena gastronomía, una arquitectura acorde con el airecillo medieval que se respira en Zamora, una correcta relación entre calidad y precio... en fin, necesitamos un alojamiento donde podamos sentirnos completamente a gusto entre una incursión y otra. Así salta sin hesitación el Parador de Benavente. Las habitaciones aterrazadas nos conceden unas vistas preciosas de la localidad. Durante la temporada de setas, ofrecen en su restaurante un menú de degustación micológico sencillamente exquisito. Y rematamos la faena al conocer que este Parador está construido sobre las ruinas del viejo Castillo de la Mota de Benavente. Somos reyes, somos duques, somos burgueses acomodados alojados en uno de los hoteles más acogedores de nuestro país.