Fariña, la esencia de Toro

Los vinos de fariña son muy apreciados en los mercados internacionales más exigentes.

A pesar de su tradición centenaria, los vinos de Toro estuvieron a punto de desaparecer en los años 70 del siglo pasado; los tiempos habían cambiado –como ya venía anunciando Bob Dylan desde mediados de los 60–, pero por allí no tenían noticia de ello y apenas dos bodegas luchaban por mantener viva la llama de esos vinos históricos. Fariña, fundada en 1942, era una de ellas. Se tardó casi una década en poner en pie la Denominación de Origen Toro –un instrumento imprescindible para competir en los mercados del vino de calidad que no vio la luz hasta 1987– y al frente de ella pusieron a Manuel Fariña, que se había ganado a pulso esa presidencia por la ingente tarea que había llevado a cabo desde que se hizo cargo de la bodega familiar en la década de los 70 –una vez completados sus estudios de enología– y que a lo largo de esos años había revolucionado las técnicas con las que se elaboraban tradicionalmente los vinos de Toro.

Fue una transformación que se iniciaba en las propias viñas, adelantando las vendimias tres semanas para evitar una maduración excesiva que hacía que los vinos alcanzaran frecuentemente los 17 grados en lugar de los 13 o 14 grados que corresponderían a vinos del siglo XX. La segunda tarea fue la construcción en Toro de una nueva bodega, dotada ya con todos los medios que la tecnología del momento ofrecía para controlar debidamente las fermentaciones, conservando tanto la frutosidad como la limpieza aromática.

Todo este trabajo era la coronación de una larga lucha impulsada por la confianza en una materia prima de altísima calidad: la uva Tinta de Toro, genéticamente emparentada con la omnipresente Tempranillo pero modificada y adaptada a los suelos y el clima de la comarca desde hace siglos.

Hecho todo esto había que abordar lo que, a la postre, resulta ser siempre lo más difícil: vender el vino. Para ello fue necesario luchar con la incomprensión dominante entre los aficionados españoles –poco informados en aquellos tiempos– ante los nuevos vinos que iban apareciendo en el mercado, intentando romper el monopolio de Rioja en el terreno de los vinos de calidad.

Y ante la resistencia del mercado nacional, Manuel Fariña decidió mirar al exterior. Pero enseguida se dio cuenta de que el camino elegido no era nada fácil: en aquellos tiempos en que las comunicaciones eran muy deficientes, abrir camino en otros países se presentaba como una tarea titánica. Pero a grandes males, grandes remedios. Se inició entonces una época de acción directa: cada año, Fariña y su amigo José Antonio Mijares, que era su apoyo comercial en estos viajes y que además hablaba un francés perfecto, cargaban el coche de cajas para entregar como muestras y recorrían Europa –Francia, Suiza, Bélgica, Holanda, Alemania y hasta algún país báltico– comunicando al mundo el nacimiento de los nuevos vinos.

Tintos con historia

Gracias a esas «excursiones», Fariña tuvo en el otoño de 1994 una oportunidad única que no dejó pasar y que define perfectamente su carácter. Su distribuidor en Holanda le informó de que en el país se estaba produciendo un boicot al «beaujolais nouveau» con motivo de las experiencias nucleares de Francia en el atolón de Mururoa y le preguntó si él sería capaz de hacer un Toro al estilo del «beaujolais nouveau» a tiempo para poderse vender el tercer jueves de noviembre, como manda la tradición. Dicho y hecho. Así nació el vino Primero –que cada año ilustra su etiqueta con una obra pictórica original– y se revivió también en España el interés por los deliciosos tintos jóvenes de maceración carbónica.

Sirva todo lo dicho para situar a esta bodega y a este personaje en el lugar que se merecen. Como fruto de ese trabajo incesante de cuatro décadas, hoy disfruta de un merecido prestigio y, mano a mano, con su hijo Manu pone cada día el máximo empeño en obtener el mejor fruto de las más de 300 Ha de viñas que posee la bodega y en criar sus vinos con todo mimo en sus 1.800 barricas de roble francés y americano.