Nicaragua, paraíso por descubrir

Lagos que se confunden con el mar, enormes volcanes, ciudades coloniales y playas bañadas por Caribe y Pacífico son sólo algunos de los grandes atractivos de este destino centroamericano

  • Tejados de Granada con la catedral y el lago Nicaragua al fondo
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Tiempo de lectura 8 min.

22 de junio de 2018. 11:37h

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Julio Castro .  22/6/2018

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A pesar de su actual inestabilidad política y de un pasado más o menos reciente marcado por una cruenta guerra civil (todavía se recuerda, pese haber finalizado en 1990) existe una realidad incuestionable que se empeña en demostrarnos que Nicaragua es uno de los destinos más seguros de su entorno. Una realidad que se convierte en auténtica paradoja cuando se añade que, dentro de ese mismo entorno, Nicaragua es uno de los países que ostentan mayores niveles de pobreza. Algo que, hasta la fecha, nadie ha sabido explicar. Los turistas que vienen por primera vez a Nicaragua se encuentran con un lugar mágico, con entornos naturales prácticamente intactos y gente amable que conserva ese carácter cándido propio del que todavía no ha sido contaminado por los demoledores efectos de la masificación turística.

Joyas coloniales

Santiago de los Caballeros de León (para abreviar, aquí todos la llaman León) fue fundada el domingo de la Santísima Trinidad de 1524 por Francisco Hernández de Córdoba (la moneda nacional se llama córdoba en su honor), aunque no exactamente en el enclave actual, sino 30 kilómetros más al sur. De la primera urbe, León Viejo, tan sólo se conservan unas ruinas. En 1610, después de una virulenta erupción del cercano volcán Momotombo, el cabildo abierto de la ciudad decidió abandonarla y trasladarse al actual emplazamiento. Posteriores erupciones la sepultaron definitivamente bajo un manto de ceniza y piedra volcánica. Durante tres siglos fue «la ciudad perdida», origen de mitos y leyendas a la altura de la Atlántida. Todos daban fe de su existencia pero nadie pudo encontrarla hasta que Carlos Tünnerman diera con ella en 1967. El abrupto abandono de la ciudad convirtió a León Viejo en la única ciudad colonial española que no sufrió alteración urbanística alguna; sus ruinas son un catálogo excepcional de la estructura social del imperio español del siglo XVI, motivo por el que, en el año 2000, la Unesco le otorgó el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

León dejó de ser capital de Nicaragua en 1858, pero conserva el carácter de ciudad noble y culta, orgullosa de haber sido el lugar donde creció Rubén Darío, criado por sus tíos, en lo que hoy es su Casa Museo. Una tumba de mármol blanco, custodiada por una estatua de un león de triste mirada, guardan los restos del «Príncipe de las Letras Castellanas» en el interior de la Basílica Catedral de la Asunción. Merece mucho la pena recorrer el tejado catedralicio (hay que hacerlo descalzos, para no estropear la reciente restauración), con las mejores vistas del centro histórico de León y la cordillera volcánica.

Una de las excursiones más divertidas y emocionantes que se puede hacer desde León es la que nos propone el volcán Cerro Negro, famoso por su arena oscura, perfecta para la práctica del sandboard, o lo que es lo mismo, subir hasta la cima del volcán para luego deslizarse sobre sus laderas sentados (los más osados lo hacen de pie) sobre un tablón de madera. La ascensión dura una hora; la bajada tan sólo unos minutos, pero la descarga de adrenalina recompensa el esfuerzo. Las vistas desde su cima, que descubren la cadena volcánica que discurre paralela al Pacífico, es un valor añadido para vivir esta aventura.

Por mucho que le pese a León, su gran rival, Granada, es la ciudad más bella de Nicaragua; no en vano está considerada como una de las ciudades coloniales mas bonitas de toda America. Fundada también por Hernández de Córdoba (en 1524, pero unos meses antes que León), pronto se consolidó como ciudad rica, lo que atrajo continuos ataques de piratas y filibusteros. La ciudad estuvo a punto de desaparecer en el terrible incendio de 1856. Por fortuna, el desastre no fue total y, con el paso del tiempo, Granada se ha convertido en la auténtica meca del turismo nicaragüense. Su centro histórico conserva el primigenio trazado en cuadrícula hispano, con calles empedradas flanqueadas por casas de colores y magníficas mansiones españolas con tejados rojos, construidas entre los siglos XVIII y XIX.

Se trata de una ciudad cómoda para recorrerla a pie, nada queda lejos. Otra posibilidad, sobre todo si el calor aprieta, es hacer el recorrido en una calesa tirada por caballos. Que nadie piense que es una «turistada» más; aquí los locales también las utilizan para sus desplazamientos.

La calle principal, La Calzada, se sitúa a un costado de la Catedral; en ella se alinean, a ambos lados, una interminable colección de coloridas casas coloniales, alguna de ellas transformada en lujosos hoteles. El final de La Calzada desemboca a orillas del Lago Nicaragua, al que los conquistadores llamaron «mar dulce» porque parecía no tener fin. Es el único lago del mundo donde una especie de tiburón, el Carcharhinus nicaragüensis, ha logrado adaptarse al agua dulce. En el interior del lago hay más de 360 pequeñas islas (las Isletas de Granada) formadas después de una erupción del Mombacho. Se pueden visitar en canoa o barco, y alguna de ellas están preparadas para ofrecer alojamiento. Una bella forma de disfrutar del silencio y las noches con cielos cuajados de estrellas.

Muy cerca de Granada, a tan sólo 17 kilómetros, se emplaza Masaya, una pequeña población dominada por la imponente figura del volcán que le da nombre, uno de los siete volcanes activos en la actualidad en Nicaragua. Cuando llegaron los españoles y vieron las lenguas de fuego no les quedó ninguna duda: aquello era la misma “Boca del Infierno”. Para conjurar su diabólico poder, colocaron la famosa Cruz de Bobadilla. Hoy, la cruz sigue en el mismo sitio, pero se trata de una réplica. Merece la pena visitarlo, sobre todo al caer la noche, cuando el color de la intensidad de la lava incandescente se magnifica.

Paraíso caribeño

Las Islas del Maíz (Corn Island y Little Corn Island) son uno de esos «paraísos de postal» de aguas turquesas y palmeras con los que todos hemos soñado alguna vez, uno de los destinos menos conocidos y bellos del Caribe. Se encuentran separadas unos 70 kilómetros de la costa (la ciudad más cercana es Bluefields) perfectamente conectadas con varios vuelos diarios desde Managua. Little (la más pequeña, claro), tiene tan sólo tres kilómetros cuadrados de tierra firme, no hay carreteras, ni coches ni ruidos, y es uno de los «puntos calientes» para los amantes del buceo en Centroamérica, con más de 20 zonas de inmersión rodeadas de un arrecife de coral lleno de vida, donde es fácil cruzarse con tiburones martillo, barracudas, mantas raya y tortugas. Más información en: www.intur.gob.ni.

Datos prácticos

-Llegar: Iberia volará a Managua en octubre, con frecuencias de tres vuelos semanales.

-Dormir: Elements Hotel, en el centro de Managua; Hotel El Convento, a cinco minutos a pie de la catedral de León; Hotel La Gran Francia, en Granada; Arenas Beach Hotel, en una de las mejores playas de Corn Island, y Yemaya Island, en Little Corn.

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