Educación

Discapacidad y bullying o la importancia de las Redes Sociales para su prevención

El caso de Quaden Bayles, el menor con enanismo, ha despertado al mismo tiempo una ola de indignación y solidaridad en todo el mundo

Docentes, padres y alumnos encontrarán en la web Dialogando herramientas para combatir el acoso escolar
Docentes, padres y alumnos encontrarán en la web Dialogando herramientas para combatir el acoso escolar

En el ámbito anglosajón bullying se aplica a cualquier esfera del maltrato y acoso, pero en España y Europa se utiliza circunscrito al maltrato y acoso entre escolares. A este respecto, en estos días hemos conocido un nuevo caso de vídeo viral y noticia relacionada con el problema del bullying. Se trata del niño australiano de 9 años Quaden Bayles, que padece un tipo de enanismo y que rompió a llorar y hablar de ideas suicidas cuando su madre lo recogió del colegio debido al acoso que estaba recibiendo por parte de sus compañeros. En ese momento se produce el lanzamiento del vídeo por parte de la madre en las redes sociales, viralizándose y alcanzando a múltiples personalidades que se posicionaron a favor del niño y le dieron ánimos.

Este caso nos sirve para señalar dos cuestiones: por un lado, la relación entre la discapacidad y la mayor propensión a ser víctima de bullying, y, por otro, la importancia de las redes sociales para una prevención eficaz y positiva del problema.

En la primera parte, la relación entre discapacidad y mayor propensión para ser víctima de bullying o cyberbullying está avalada empíricamente por varios estudios. El primero de ellos es el de Faye Misha de 2003, denominado “Learning disabilities and bullying: double jeopardy”, indica que, a pesar de que hay poca investigación sobre la discapacidad de aprendizaje y el aumento del riesgo de ser víctima, esta relación existe y que el aumento de la conciencia comunitaria y el cambio de mentalidades es una de las piezas clave para su prevención.

Otro estudio, el de Didden y colaboradores (2009), titulado “Cyberbullying among students with intellectual and developmental disability in special educations settings”, pone de manifiesto que del 4 al 9% de la muestra con la que trabajan ha sido víctima en la última semana y encuentran una asociación significativa en las variables de coeficiente intelectual, frecuencia en el uso del ordenador, autoestima y síntomas depresivos; con lo que se concluye que el cyberbullying sí existe en este ámbito de la educación especial. Y, por último, el estudio de Zeedyck y colaboradores (2014), “Bullying of youth with autism spectrum disorder, intellectual disability, or typical development: victim a parents perspectives”, en el que encuentran que los chicos y chicas con trastornos del espectro autista son victimizados en mayor medida que el resto y lo más interesante, la internalización de los problemas y los conflictos con los iguales son predictores potentes de esta victimización.

Como hemos podido comprobar existe investigación que pone el acento en la victimización que sufren niños y niñas que son diferentes. Entre esas diferencias también se encuentran las relacionadas con algún tipo de discapacidad. Es por este motivo por el que hay que prestar especial atención a estos casos.

Por otro lado, al igual que en el caso de Amanda Todd en Canadá, donde se empezó a mover la legislación y el apoyo institucional en ese país gracias a la viralización de un vídeo difundido por la madre de la víctima; en el de Quaden, la difusión del vídeo ha hecho que se movilice la conciencia social respecto al problema. Esperemos que en este caso haya servido para evitar un trágico final como el que le sucedió a Amanda.

Y para finalizar, tampoco hay que olvidar que las consecuencias de ser víctima de bullying en las etapas escolares se mantienen a lo largo de toda la vida, y esto lo sabemos a través de uno de los mejores estudios disponibles como es el de Ttofi, Farrington, Lössel y Loeber (2015), consistente la revisión sistemática de 28 estudios longitudinales, que concluye que las víctimas de bullying tienen 1,99% más de probabilidades que el resto de personas de desarrollar una depresión 36 años después de sufrir la victimización.

Abel González es profesor y miembro de la Academia de P@pel, grupo de pensamiento y de análisis sobre comunicación de la Universidad UDIMA