Literatura

Ana Merino: «Leer sosegadamente es fundamental, nos ayuda a desarrollar la empatía»

Su primera novela, “El mapa de los afectos”, se ha alzado con el Premio Nadal 2020

La escritora Ana Merino
La escritora Ana MerinoKe-Imagen (nombre del dueño)

Ana Merino (Madrid, 1971) escribió su primera novela, «El mapa de los afectos», y se alzó con el Premio Nadal 2020, pero solo se estrena en el formato porque su trayectoria literaria ha paseado por la poesía (Premio Adonais 1994), el teatro infantil, la literatura juvenil o el cómic, su principal materia de estudio como catedrática en la Universidad de Iowa (Estados Unidos).

¿Cómo se dibujan esos mapas?

Creo que desde la emoción que articula la literatura y que trata de condensar a un grupo de personajes que avanza hacia la vida enfrentando dificultades, pero con un poso de bondad que los hace salir adelante.

¿La bondad es necesaria aunque no siempre nos lo encontremos en la realidad?

En la trama vemos variantes de conflictos, de situaciones trágicas, pero me interesaba mucho ahondar en el protagonismo del bien en personajes que sufren y se tienen que enfrentar a la vida y construir su propia realidad desde ese sufrimiento. La bondad es una materia prima muy interesante en la profundidad narrativa y había que ahondar en personajes que tienen sus pliegues pero creen en la comunidad y dialogan con los demás.

La veo muy optimista. ¿De verdad nos ayudamos unos a otros? Creo que cada vez estamos más aislados.

Hay que hablar más de eso y es una propuesta literaria la que nos hace reflexionar sobre cómo nos construimos y cómo en el fondo somos la parte de un todo. Eso me interesa mucho: la humanidad como un espacio cohesionado. También hay una búsqueda de estilo, me preocupo por el ritmo de las palabras, por que la lectura sea un lugar grato de precisión a la vez que de mucha reflexión.

Viene de la poesía, eso influye muchísimo a la hora de escribir, para bien y para mal. ¿Cómo lo ha encajado?

Lo he depurado mucho, me he quedado con la palabra precisa, que le da un ritmo ágil a la novela, y la condensación también da mucha fuerza, por eso es tan original. Hace que la lectura sea hermosa y haya espacio para la relectura.

¿Cuánto tiempo ha estado la historia en su cabeza antes de poder finalizarla?

Ha estado macerando mucho tiempo porque estaba dirigiendo y montando el programa de escritura de Iowa. Tenía muchas ideas, pero hasta que no me senté y me puse a ordenar todo lo que estaba habitando en mí... En un año y medio la saqué adelante en el momento en que encontré la pulsión. No podía seguir haciendo bocetos, tenía que construir esta novela que veía tan clara, esa América que he interiorizado y esos personajes que me estaban hablando.

¿Cómo se forma a los escritores del futuro?

La oportunidad lectora es clave. Yo reivindico mucho el activismo lector, la oportunidad de impregnarnos de la literatura desde la niñez. Ahí saco por ejemplo a Valeria, una maestra preescolar que enseña arte y saca lo mejor de los niños. Y lo mismo en el espacio académico. En el momento en que puedes reglar la escritura creativa estás dando herramientas a personas con mucho talento para que encuentren el reposo del escritor. Y en vez de eclosionar en cinco o seis años que puedan eclosionar en dos. El taller (de escritura) es como la tertulia, los escritores siempre han buscado en la tertulia literaria interlocutores con los que compartir sus reflexiones sobre cómo se construye un texto, cómo avanza, las claves... Y si hay un espacio reglado en el que uno puede disfrutar de ese tiempo, es el paraíso.

¿Qué es ese «activismo lector» que reivindica?

El activismo lector es el profesional de la literatura que lleva esa pasión a todos los espacios sociales y hace que nazcan lectores. Eso es un trabajo que se tiene que hacer desde la Primaria.

Desde antes incluso, es importante que se les lea a los niños en casa.

Exacto, que las familias pasen un tiempo con sus hijos leyéndoles cuentos, que aprendan a leer a su lado. Buscar ese hueco es fundamental, es una responsabilidad de todos. Hoy en día vivimos muy intensamente por las tecnologías, nos ayudan y son una herramienta de trabajo muy interesante, pero leer sosegadamente para el cerebro es fundamental. No se puede perder, es clave porque nos ayuda al desarrollo de la imaginación o la empatía.

Junto con su Manuel Vilas forma una de las parejas literarias que triunfan en España. ¿Esto cómo se lleva?

Pues se lleva con mucha alegría (risas). Es una alegría poder compartir con alguien que tiene los mismos intereses y que entiende la literatura y disfruta también escribiendo. Manuel tiene un mundo propio tan peculiar... él habla desde un espacio muy personal, yo hablo desde una ficción. Se disfruta muchísimo. Que la vida nos haya hecho coincidir y conocernos hace más de cinco años y de pronto enamorarnos es una fortuna.