Moros en la costa

“En Marruecos manda mucho el rey, sí, pero el soberano se guarda de ignorar el soplido de los vientos sociales”

Aziz Akhannouch, la tribuna. EFE/EPA/Jalal Morchidi
Aziz Akhannouch, la tribuna. EFE/EPA/Jalal MorchidiJalal MorchidiEFE

El triunfo arrollador de Aziz Akhanuch en las recientes elecciones legislativas marroquíes es la mejor noticia que la política le ha deparado a Andalucía desde el desmoronamiento del régimen socialista. (Y ni hablemos de las plazas norteafricanas de soberanía española, el huevo de Ceuta y el cojón de Melilla por los cuales el vecino alauita tiene permanentemente agarrados a todos nuestros ministros de Asuntos Exteriores.) El próximo primer ministro de Mohamed VI, Akhannouch o Akhenouch según diversas transcripciones, es un empresario bereber y liberal que ha barrido del mapa electoral a los islamistas del Partido de la Justicia y el Desarrollo, en el gobierno durante el último y agitado quinquenio. Porque en Marruecos manda mucho el rey, sí, pero el soberano se guarda de ignorar el soplido de los vientos sociales: no puede permitirse el lujo, en una nación compleja y multiétnica, de granjearse el desapego de sus súbditos, ésos que han pateado el trasero de los barbudos para encomendarse a un centrista que viste camisa desabotonada. Se rebajará la presión migratoria y, como por ensalmo, descenderán los decibelios de la berrea autonómica, una bendición ahora que ya se olisquea el perfume de las elecciones que desean Génova y Vox contra el criterio de Ciudadanos y San Telmo. Con la frontera meridional calmada por el previsible giro prooccidental que impulsará Akhanuch, proclive también a acuerdos comerciales (¡aire para la pesca y la agricultura!) con la Unión Europea, el argumentario de mondadientes y escupitajo por el colmillo tendrá más complicaciones para anidar en el intelecto reblandecido del votante emocional. Se pueden quedar tranquilos los cruzados de las redes sociales, los émulos de Don Pelayo y los temerosos del distinto: habrá menos moros en la costa.