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Protestas

Jerez busca el equilibrio con sus zambombas

Vecinos del centro recuerdan que «el descanso es un derecho» y piden al Consistorio que haga cumplir las normas

Las zambombas de Jerez se han convertido en un reclamo en Navidad EPEP

La inauguración del alumbrado navideño el pasado 21 de noviembre marcó el inicio de las tradicionales zambombas en el corazón de Jerez. Sin embargo, lo que debería ser un tiempo de celebración para vecinos y visitantes se ha convertido, para los residentes del centro histórico, en una fuente de quejas por el ruido, la suciedad, el hedor y los atascos que saturan las calles. Tamara Jiménez, presidenta de la Asociación de Vecinos del Centro Histórico, analiza la situación con claridad: «Las preocupaciones de los vecinos se agrupan principalmente en cuatro cuestiones: movilidad, seguridad, limpieza y descanso». En cuanto a movilidad, destaca las saturaciones vividas durante el fin de semana en calles donde muchos vecinos no pudieron entrar ni salir de sus hogares.

Este año, señala Jiménez, existe un compromiso por parte del Ayuntamiento de Jerez para señalizar adecuadamente los puntos conflictivos y restringir el acceso de vehículos no residentes a calles sin conexión con aparcamientos públicos. Una medida que, según la presidenta vecinal, aliviaría el tráfico en el interior del centro y protegería tanto a vecinos como a visitantes.

La seguridad, subraya, también se ha visto comprometida por la proliferación de botellones, denominados por algunos «zam-botellones». «Bajo el paraguas de la celebración de las zambombas, no podemos permitir la proliferación de botellonas en nuestras calles y plazas. Esto intensifica las aglomeraciones, el ruido y, por supuesto, genera descontrol de orines, vomiteras y otros residuos», explica. El Ayuntamiento ha anunciado un refuerzo de las patrullas policiales en las zonas más conflictivas y cortes de tránsito en los puntos donde se prevén comportamientos incívicos.

El descanso de los vecinos, continúa Jiménez, es un derecho fundamental que se ve alterado durante todo el periodo de fiestas, un suplicio que se repite cada fin de semana y en cada macroevento del centro histórico. La asociación lanzó hace un mes la campaña «El descanso es un derecho. Ayuntamiento haga cumplir la normativa», denunciando la tolerancia institucional hacia abusos de hostelería y turismo que comprometen la calidad de vida de los residentes.

Para Jiménez, las zambombas han perdido su esencia tradicional. «Antes olían a anís y pestiños, ahora huelen a ron y montaditos. Se han convertido en la máxima expresión de la explotación hostelera. El centro histórico se ha transformado en una enorme caseta de feria, con la ayuda y beneplácito de un Ayuntamiento que siempre ha mirado hacia otro lado». La presidenta vecinal recalca que estas fiestas, declaradas Bien de Interés Cultural, deberían ser un espacio de convivencia vecinal y disfrute familiar, no un evento comercial masivo.

Vecinos y algunos comerciantes coinciden en que la saturación limita incluso el disfrute del alumbrado navideño y merma la actividad comercial. La proliferación de botellones en las calles, denuncian, es un fenómeno que debería ser sancionado con mayor severidad. Jiménez aboga por campañas cívicas dirigidas a visitantes, vecinos y hosteleros, y por un cumplimiento estricto de la normativa sobre horarios y limpieza.

Desde el Ayuntamiento, la alcaldesa, María José García-Pelayo, defiende la celebración de las zambombas como un motor cultural y económico, aunque deja claro que debe conciliar con el respeto a los vecinos. «La zambomba es música, arte, empleo y patrimonio. Pero también hay que garantizar que el vecino pueda vivir. Debemos mejorar la seguridad, la limpieza y el mantenimiento urbano, y asegurarnos de que la ciudad recupere su estado tras cada evento», afirma. La regidora recalca que la Navidad, al igual que la Semana Santa, genera empleo y oportunidades para muchas familias, por lo que «hay que actuar con responsabilidad, pero conscientes de los beneficios culturales y económicos que aportan nuestras tradiciones».

A pesar de las medidas anunciadas, la tensión entre tradición y masificación sigue latente en el centro histórico. Muchos vecinos, aunque enamorados de su barrio, advierten que podrían verse obligados a abandonar sus viviendas si la situación persiste. Jiménez concluye: «No podemos permitir que el centro histórico se convierta en un clúster comercial. Sin vecinos no hay vida en el centro».

Para este año, el Ayuntamiento jerezano anunció que una de las principales novedades la instalación de un sistema de cámaras de videovigilancia por toda la zona centro, con un total de 13 unidades, cuyo objetivo es mejorar el control en tiempo real de cada zambomba.