
Radiografía
El sinhogarismo se duplica en Córdoba en una década
Un total de 447 personas se encuentran en esta situación frente a las 245 de hace diez años, lo que agrava el reto social

El sinhogarismo en Córdoba se ha multiplicado prácticamente por dos en la última década. La fotografía que ofrece el recuento elaborado por el Aula de Sinhogarismo de la Universidad de Córdoba (UCO), con la colaboración estrecha de la red Cohabita, confirma que la ciudad afronta un fenómeno que ya no puede considerarse puntual ni marginal. Con 447 personas registradas en alguno de los niveles reconocidos por los estándares europeos –la cifra más alta desde que existen estadísticas locales–, la capital cordobesa asume un reto social de fondo, marcado por dificultades crecientes en el acceso a la vivienda y por un deterioro residencial que afecta a capas cada vez más amplias de la población.
El ascenso es constante. En 2024 se registraron 371 personas, mientras que en 2015, año del primer recuento sistematizado, fueron 245. El crecimiento se alinea con la tendencia nacional, aunque presenta particularidades locales que preocupan a las entidades sociales. Se trata de un fenómeno diverso: no solo incluye a quienes duermen literalmente en la calle, sino también a quienes habitan en casas de acogida, alojamientos temporales, trasteros habilitados o viviendas sin contrato y en riesgo de desalojo. Carmen Cruz, colaboradora de Sinhogarismo Córdoba dentro de la red Cohabita, insiste en la importancia de comprender que el sinhogarismo no debe confundirse con la indigencia. Para Cruz, «lo esencial es poner el acento en la situación, no en la etiqueta», porque detrás de cada caso hay historias de rupturas vitales, de precariedad acumulada o de dificultades laborales que, sumadas, empujan a la calle o a espacios que no reúnen los requisitos mínimos de habitabilidad.
El recuento revela que 197 personas (44%) se encuentran sin techo, viviendo directamente en la calle o recurriendo a dispositivos nocturnos de emergencia. Esta cifra consolida al sector más visible del sinhogarismo. Otras 161 personas (36%) permanecen en situaciones de «sin vivienda», lo que incluye casas de acogida y otros recursos temporales que actúan como contención social, pero que no garantizan estabilidad. Finalmente, 89 personas (20%) viven en infraviviendas: trasteros, habitaciones sin ventilación o espacios que, aun ofreciendo un techo, no cumplen los estándares mínimos. Las entidades reconocen que este último grupo está claramente infrarrepresentado, pues solo se contabiliza a quienes han acudido a los servicios de la red Cohabita.
La realidad demográfica también aporta claves relevantes. Existe una sobre representación masculina muy marcada: un 82,6% de las personas en situación de sinhogarismo son hombres. Las mujeres, como advierten las entidades, viven un sinhogarismo más oculto, que suele estar determinado por la evitación de la calle, lo que a su vez las expone a situaciones de violencia o a convivencias precarias que no siempre afloran en los recuentos. En cuanto a la edad, destaca la presencia de población joven: uno de cada cuatro afectados tiene menos de 30 años. Aun así, el tramo más numeroso continúa siendo el de entre 45 y 65 años, que representa más del 42% del total, un grupo especialmente castigado por la dificultad de reincorporarse al mercado laboral.
El nivel educativo refuerza la lectura estructural del fenómeno. El 73,8% de las personas (tres de cada cuatro) no han completado los estudios obligatorios. Este dato, lejos de señalar culpabilidades, funciona como un indicador de desigualdades previas que dificultan el acceso a oportunidades laborales estables y, por extensión, a una vivienda en condiciones. La composición por nacionalidad muestra también un cambio significativo: por primera vez, las personas extranjeras superan ligeramente a las españolas, representando un 53,2% frente al 46,8%. Este aumento no responde a oleadas migratorias repentinas, sino a desigualdades estructurales en el acceso a la vivienda y la documentación. Aunque muchas de estas personas llevan poco tiempo en Córdoba, la inmensa mayoría (más del 81%) acumula más de un año de residencia en la ciudad. Además, un 18% lleva más de diez años en España, lo que demuestra que no se trata de una realidad pasajera, sino de trayectorias prolongadas marcadas por empleos temporales, sueldos bajos y una integración residencial frágil. Algo más de la mitad de quienes se encuentran en esta situación están empadronados en Córdoba, lo que evidencia una vinculación formal con la ciudad.
El estudio añade otros matices que completan la radiografía. El 60% de las personas en situación de sinhogarismo acumula más de un año en esa condición, y el 19% supera los cinco años, lo que confirma una preocupante tendencia a la cronificación.
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