El otro gran drama de la España vaciada

El alcalde de Soria lanza una llamada de socorro a la Junta y al Gobierno mientras sus UCI y las de Segovia se encuentran al límite de su capacidad

La UME vigila el tráfico en el puente del municipio soriano de San Esteban de Gormaz
La UME vigila el tráfico en el puente del municipio soriano de San Esteban de GormazIcal (nombre del dueño)

Al principio de toda esta situación, cuando el confinamiento no había hecho más que empezar, la despoblación de algunas zonas de España se veía como una ventaja para frenar el avance del coronavirus. Sin embargo, la enfermedad también llegó y los pequeños hospitales, como los de Soria y Segovia, vieron como sus plantas se llenaban de pacientes afectados y sus UCI se quedaban sin capacidad para atender a los más graves.

Ante este escenario, y con un sangrante aumento de los enfermos en estos territorio, el alcalde soriano, Carlos Martínez, lanzó una llamada de socorro, un SOS en toda regla, para que se conociera la situación de su ciudad y su provincia, “donde el ratio de ingresos y fallecimientos triplica la media”, aseguraba a LA RAZÓN.

“Los datos estadísticos evidencian que estamos en malas condiciones para hacer frente al virus, por lo que exigimos planes reales de acción, como una mayor dotación de personal y material para poder atender tanto a los hospitalizados como a aquellas personas que están en residencias”, añadía.

En este sentido, y estando de acuerdo con la propuesta de una atención de distrito único de la Junta, consideraba que se deben aplicar tres medidas de urgencia, como son la movilidad de profesionales y de recursos en función de la ubicación de los picos y, en el caso de su provincia, evitar el traslado de los pacientes ya que “con nuestras conexiones, tiene que ser algo excepcional y no la norma para descongestionar las UCI”, aseveraba.

Además, afirmaba que “no es tanto una cuestión de solidaridad como de derechos” y que en aquellos sitios con “peores dotaciones la tensión lleva a una deficiente atención sanitaria”.

Asimismo, y en cuanto a la petición de la instalación de un hospital de campaña, subrayaba que le da igual “si es una tienda de campaña o un edificio de ladrillo como el Virgen del Mirón, no hay que perderse en el vocabulario, nuestro interés es que llegue el personal y el material que necesitamos porque hay la misma gente atendiendo las diez camas de cuidados intensivos que teníamos que las 25 con las que contamos ahora”.

A este grito de ayuda se sumaba también la alcaldesa de Segovia, Clara Luquero, quien reclamaba que se valoren los recursos que existen en Castilla y León para que se tenga en cuenta a aquellos territorios con unos niveles de afectación más elevados como el suyo, donde “hay cuatro casos por cada mil habitantes, un ratio muy próximo al de la Comunidad de Madrid”.

En cuanto al Complejo Asistencial de la capital del Acueducto, se optaba ya por ir ocupando nuevos espacios dentro del propio edificio, como el salón de actos y la cafetería, para incorporar más camas ya que, a pesar de que el Ejército de Tierra levantó un hospital de campaña en las proximidades el 26 de marzo, al cierre de esta edición seguía sin estar dotado de todo lo necesario para su puesta en marcha, lo que habría frenado la posibilidad de pedir un centro análogo para Soria viendo la experiencia vivida, según apuntaba la consejera de Sanidad, Verónica Casado.

La UCI de este hospital segoviano contaba ayer, según palabras de su propio gerente, el doctor Jorge Elizaga, “con 28 puestos para respiradores entre los estructurales, los de la UCI extendida y una zona del hospital de día habilitada a tal efecto”. De ellos, según la última comunicación de la Junta en este sentido, estaban libres cinco, mientras que en el Complejo Asistencial soriano quedaban libres tres camas tras el aumento en cuatro puestos de este servicio por parte de Sacyl.

La preocupación por estos hospitales y su sobrecarga es evidente una vez se ponen los datos sobre la mesa, si bien la consejera Casado se refería a ellos como de “situación contenida” y reconocía que una posible explicación de ello se debía a la proximidad con Madrid, ya que más de 1.600 madrileños habían solicitado en estos días la tarjeta sanitaria de Castilla y León. “Esto no quiere decir, por supuesto, que todos lo que lo han pedido estén contagiados, pero sí que evidencia la movilidad de esta población a sus segundas residencias”, añadía.

Por ello, también el presidente de la Diputación de Segovia, Miguel Ángel de Vicente, reclamaba a los residentes en Madrid y otras grandes urbes que “aplacen su vuelta” a la provincia castellano y leonesa hasta que se pueda solucionar esta crisis sanitaria e incidía en que al zonificar los datos de contagios por Zonas Básicas de Salud se vio “la relación de las comarcas con más contacto y trasiego de gente, incluidos los trabajadores segovianos que se trasladaban a diario” con el aumento de los casos “sin que la provincia cuente con los recursos necesarios para hacerle frente”.

Así, lo que parecía una ventaja se ha tornado en desventaja y los grandes olvidados, la España del silencio, ha tenido que volver a alzar su voz para que se les tenga en cuenta y se les ayude en un momento en el que echar una mano al de al lado debe ser la norma.