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Opinión

Como si yo existiera

"La vibración poética, sencilla y reveladora de Carlos Aganzo se mueve con la humildad de quien anda en la verdad, se vacía en el enigma de existir, con sus luces y sus sombras, e indaga en la vida -siempre atractiva- con admirable tenacidad"

El poeta Carlos Aganzo Miriam ChacónIcal

Sostiene Antonio Lucas, que un poeta en una redacción "es un ser sospechoso". Y no le falta razón al polémico y original columnista.

Que se lo pregunten a Carlos Aganzo, uno de nuestros poetas y periodista más insaciables a la hora de contarlo todo; también en verso. Tan universal que, poco a poco, lo están traduciendo a los idiomas con más peso del mundo.

En estos días otoñales, acaba de aparecer la edición francesa y árabe de 'Como si yo existiera'. Un libro que dedica a Susana. ¿A quien sino? El escritor madrileño, que ha dedicado y dedica su vida a gastarse y desgastarse por Castilla y León desde la Cultura, las Letras y el Periodismo, es uno de esos escribidores que celebra la vida más allá de la propia existencia y el amor como la última frontera del vivir: "Ni siquiera respiro, no fuera que mi aliento / turbara este paisaje / y contaminara de ansia la armonía. / Solo mirar, pensar, en voz muy baja, confundirme / con la solicitud eterna del cantueso."

Su vibración poética, sencilla y reveladora, movida con la humildad de quien anda en la verdad, se vacía en el enigma de existir, con sus luces y sus sombras, e indaga en la vida -siempre atractiva- con admirable tenacidad.

Hace ya 20 años que Carlos Aganzo escribió los versos de 'Como si yo existiera', con los ojos fijos en las montañas de Ávila, y entre las dunas de Almería y el cielo azul, con su peso inimaginable, sobre las arenas de África, como gusta recordar él mismo.

El autor de decenas de poemarios, 'Arde el tiempo' entre ellos, un libro celebrado por la crítica que desentraña la otra cara del gozo y del aplauso, algo que aflora en esta edición que ahora ve la luz, traspasada al francés y al árabe, como "un faro incendiado frente al oleaje del mundo".

Pero ¿Qué es lo que incendia el corazón del poeta? Aganzo ama a Ávila con locura, por donde "galopa y se desbrava su corazón inquieto", inseparablemente unido a Santa Teresa y aquel "frailecillo de risa", llamado Juan de la Cruz.

Podría decirse que no se entiende su vida, ni su escritura, sin ese vínculo iluminador. "Me he de sentar aquí, / de frente a la muralla, / hasta que todo pase. / Todo, menos el fulgor acaso / de este conmovedor escenario en que los hombres / son títeres ajenos / a la crueldad de sus destinos. / Si. Me he de quedar aquí hasta que pase / el último vagón de la tristeza. / Hasta que le pierda el respeto a la intemperie. / Después, amiga, ya veremos."

Es el poema inicial de 'Como si yo existiera'. Palpita, en fin, en la poesía de Aganzo, una búsqueda que llega a ser desesperada en algunos de sus libros, como este que hoy nos vuelve a llenar de regocijo, 20 años después de haber sido escrito en esa hora insaciable en la que "el aire se abre a la frescura y las espigas".