¿Por qué esperan los médicos un rebrote de coronavirus en otoño?

Los expertos aseguran estar más preparados, pero piden “cautela” porque una oleada en verano como la de marzo “sería horrible”

surfistas en la playa de Barcelona
Decenas de surfistas practicando deporte esta mañana en las playas de Barcelona durante la Fase 0 de la desescalada . EFE/Enric FontcubertaEnric FontcubertaEFE

El levantamiento de las restricciones para empezar el regreso a la vida cotidiana por etapas genera miedo a un repunte de los contagios, sobre todo, a las personas golpeadas por la enfermedad de cerca y al personal sanitario que se ha deslomado para revertir la pandemia. “Aguantar una oleada como la que hemos vivido, podría ser horrible para nosotros”, admite Ana Zapatero, médico adjunta del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital del Mar. Por ahora, una de las primeras medidas de la desescalada en España, permitir a los niños salir unas horas al día, parece que no ha tenido efectos. “Si hubiera habido un efecto de transmisión producido durante los primeros días de los paseos de los niños, se hubiera empezado a observar ya y no hemos observado apenas nada”, constató esta semana Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Emergencias y Alertas Sanitarias (CCAES). Este apenas hace referencia a un repunte en los contagios entre adultos jóvenes, que podría corresponderse con los padres de los niños que han salido de casa.

Médicos epidemiólogos e intensivistas van con pies de plomo. Alertan de que si no se hacen las cosas bien, España puede vivir una situación parecida a la de Alemania, Francia, Corea del Sur o Singapur, que han tenido que enfrentarse a nuevos rebrotes de la enfermedad cuando parecía que la tenían controlada. Sin vacuna ni tratamientos efectivos, las únicas armas para luchar contra el virus del SARS-CoV-2 son las mismas que en el siglo XIX: distancia social, lavado de manos y mascarilla.

Aunque los médicos y las enfermeras han hecho un máster acelerado en el manejo del virus SARS-COV-2, que puede ayudar a gestionar un nuevo estallido, por ejemplo, saben que los antiinflamatorios potentes van mejor que un aantibiótico o un antiviral para burlar el ingreso en la UCI, los profesionales consultados por este diario piden a la población “cautela”. “El virus sigue circulando”, alerta Magda Campins, Jefa de Epidemiología y Medicina Preventiva del Hospital Vall d’Hebron.

Joan Ramon Villalbí, epidemiólogo y miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS)

“Las restricciones en la movilidad pueden ayudar a que si hay rebrotes, sean locales”

El epidemiólogo Joan Ramon Villalbí alerta de que el “riesgo de rebrote es muy alto”, aunque las restricciones en la movilidad pueden ayudar que sean más “locales” o “limitados” y evitar que se extiendan por todo el territorio. “Todavía se están notificando muchos casos de contagios diarios -además de los casos posibles sin confirmar-, por eso es prudente que no se den pasos muy deprisa ni en Barcelona ni en Madrid”, afirma.

Villalbí cree que el riesgo de que hayan rebrotes "es el mismo que antes de que estallara la epidemia” por dos motivos: la escasa población inmunizada –el estudio de seroprevalencia apunta a que solo habría un 5%- y las características del virus, que es muy “traidor”. “Es muy transmisible y hay gente que no tiene síntomas y no se da cuenta de que está contagiando”, asegura.

Esto obliga a no bajar la guardia con las medidas de prevención -distanciamiento social o elementos de protección- porque el “virus circula”, asegura, y considera imprescindible que el sistema sanitario tenga capacidad para detectar los casos de contagio que se registren. “En Singapur ahora tienen un problema considerable cuando habían tenido la epidemia controlada, incluso liquidada”, recuerda.

Doctor Felipe García, responsable de la sala de enfermedades infecciosas del Hospital Clínic de Barcelona

“Sabemos mucho más y se podrá tratar mejor a los pacientes”

Al otro lado del teléfono, el doctor e investigador Felipe García, que ha combinado la atención en primera línea a los infectados en el Hospital Clínic de Barcelona con el desarrollo de una vacuna, escucha la pregunta: “En caso de rebrote, ¿el sistema sanitario está más preparado para atender a los pacientes?”. Ha estado pensando en el tema y responde rápido. “Sabemos mucho más y probablemente se podrá tratar mejor a los pacientes”, asegura. “Soy bastante optimista y espero que con la información que sale cada día podamos tratar mejor a los pacientes”, dice ahora. Aunque han evitado el colapso, no esconde que el sistema sanitario catalán ha estado al límite de su capacidad. Por eso pide que, de ahora en adelante, se trabaje para “fortalecer” los sistemas sanitarios.

El doctor García prevé que que las próximas semanas serán claves porque empezarán a salir los primeros resultados definitivos de ensayos clínicos. “Veremos avances en los tratamientos, aunque puede que a partir de ahora se ralentice el proceso porque hay menos ingresos y menor margen para probar medicamentos”, dice. También ha mejorado el conocimiento sobre los marcadores, los parámetros clínicos que permiten prever cómo pueden evolucionar los contagiados y en qué medida pueden empeorar los pacientes. “Lo que no tenemos a día de hoy es un protocolo definitivo a aplicar a todo el mundo para que hagamos todos los médicos lo mismo: es decir, saber qué tipo de medicamentos se puede aplicar a qué tipo de paciente en cada fase de la enfermad. Ahora, depende de las decisiones de los equipos médicos, puede haber que algunas personas vayan mejor y otras peor”, reconoce.

Los avances en tratamientos y marcadores se revelan fundamentales mientras llega una vacuna: el doctor García, que lidera un proyecto y espera iniciar las pruebas en humanos a finales de año, se muestra bastante escéptico sobre la posibilidad de que haya alguna en el mundo en un corto plazo de tiempo. Precisamente porque la epidemia remite y eso dificulta más saber si las vacunas son eficaces y protegen frente al virus. “Creo que para finales de año sabremos si hay alguna vacuna inmunogénica, que sea capaz de generar defensas en las personas”, asegura.

También alerta de que todavía hay muchas e importantes incógnitas en torno al virus por resolver. Como, por ejemplo, determinar por qué es tan transmisible –la principal hipótesis es que afecta a las vías respiratorias superiores (nariz o boca)- o identificar por qué hay personas que pueden enfermar de gravedad –hay bastantes estudios en marcha-.

Ana Zapatero, médico adjunta del Servicio de Medicina Interna del Hospital del Mar

“Necesitamos más tiempo para aliviar las UCIS, tenemos enfermos que llevan casi 40 días ingresados”

Desde las vistas privilegiadas del Hospital de Mar, que se erigió frente a las playas de Barcelona hace 105 años, precisamente, como hospital de infecciosos en una época en la que ciudad tenía problemas de salubridad con el agua, la doctora Ana Zapatero, médico adjunto del Servicio de Medicina Intensiva, ha sido testigo de cómo la vida ha vuelto al frente marítimo. “No soy epidemióloga”, dice, “pero los intensivistas tenemos miedo a que haya un repunte con la vuelta a la vida cotidiana”. Aunque, como se ha visto en Alemania o en Corea del Sur, si hay un rebrote de los contagios, no parece que se vaya a repetir el caos de marzo y abril. Básicamente, porque antes de que el coronavirus aterrizara en la Península, “no había restricciones, la gente iba a los partidos de fútbol, a conciertos y se veía en las discotecas”, reflexiona la doctora Zapatero. “Ahora, en cambio, hay restricciones y aunque haya gente que se salte algunas normas, hay cosas, como celebrar un cumpleaños multitudinario, que ya no se hacen”, dice.

De todos modos, cuando sale del hospital y ve el movimiento que hay en la playa a primera hora de la mañana, admite que siente miedo a un repunte porque los profesionales sanitarios no tienen el cuerpo ni la mente preparada para aguantar una oleada de ingresos como la que vivieron durante el pico de la pandemia.

La doctora Zapatero comparte con su compañero del Hospital Clínic que en dos meses, los profesionales “hemos aprendido a manejar a los pacientes con covid”. Ahora, evitan que haya más ingresos en la UCI y lo han hecho aprendiendo que hay medicamentos que funcionan mejor que otros. Por ejemplo, en vez de utilizar antivíricos y antibióticos y otros medicamentos con efectos secundarios que no funcionaban, utilizan antiinflamatorios potentes para evitar que los pacientes empeoren y acaben en la UCI.

Sin embargo, una vez que ingresan en la Unidad de Cuidados Intensivos, admite que “la verdad es que son pacientes muy graves en los que no varía mucho su manejo”. Pese a que se han aprendido cosas de la enfermedad, la doctora insiste en que “eso no significa que esté todo tranquilo y que si alguien se infecta no va a pasar nada”. “Porque el porcentaje de personas que se infecta y que tiene problemas no es despreciable y si se infecta mucha gente, volveremos a tener muchos pacientes graves”, alerta.

Aunque hace días que en la UCI del Hospital del Mar no ingresa ningún paciente covid, la capacidad de los cuidados intensivos sigue estando por encima de lo normal. “Necesitamos más tiempo para aliviar las UCIS para poder atender a pacientes en caso de repunte”, admite. Por eso, ve con buenos ojos la decisión del departamento de Salud de que Barcelona, aún no pase a la fase 1.

La doctora Zapatero cuenta que todavía tienen a pacientes que ingresaron al principio de la pandemia. Enfermos que llevan casi 40 días ingresados en la UCI y que tienen un riesgo elevado de mortalidad porqie son pacientes que tienen una evolución complicada. Eso explica el repunte de fallecidos en las curvas epidemiológicas.

Magda Campins, Jefa de Epidemiología y Medicina Preventiva del Hospital Vall d’Hebron

“El confinamiento ha tenido un impacto en la reducción de los contagios, pero el virus sigue circulando”

Con los datos que tiene en la mano, la Jefa de Epidemiología y Medicina Preventiva del Hospital Vall d’Hebron, Magda Campins, se atreve a decir que el confinamiento ha tenido un impacto importante en la reducción de los contagios y en los ingresos por covid en las Unidades de Cuidados Intensivos. En el Hospital Vall d’Hebron, el más grande de Cataluña, esta semana han ingresado dos o tres pacientes por covid al día y ninguno grave. En la UCI, siguen ingresados 38 enfermos con coronavirus y en las plantas de hospitalización, unos 80. “La situación no tiene nada que ver con la que vivimos durante el pico de la pandemia, cuando tuvimos hasta 180 pacientes en la UCI y más de 400 enfermos en planta”, comenta Campins. “Llegamos a tener un hospital con un 90% de los casos con covid y ahora tenemos un 20% de pacientes con covid y un 80% con otras patologías”, añade.

Pero pese a que las tornas se han girado, el virus sigue circulando y la ciudadanía tiene que ser prudente y tomarse las medidas de seguridad en serio: la distancia social, la higiene de manos y el uso de mascarillas. Porque ya hemos visto rebrotes en otros países como Alemania o Singapur cuando tenían ya la epidemia controlada.

Igual que sus colegas, Campins da por hecho que en habrá otra oleada de contagios, aunque espera que sea en otoño. En caso de ser antes, comparte que “estamos más preparados que al inicio de la pandemia”. Para empezar, tenemos más capacidad de hacer tests diagnósticos a nivel de atención primaria para detectar casos de manera más precoz y proceder a aislar los contactos. Esto ayudará a que no haya una diseminación de la enfermedad como en marzo.

Con estas nuevas herramientas, tendremos que ser cuidadosos a la hora de analizar los datos, porque hasta ahora teníamos cifras por sospecha clínica y no por confirmación de PCR.

La doctora comparte la prudencia con la que actúa el departamento de Salud. Entiende que Barcelona se quede en fase 0 porque es una área densa, viven 1,6 millones de personas; 1,9 en el área metropolitana Norte y 1,9 millones en el área metropolitana Sur.